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«Brazadas de Libertad», un cuento de Juana Carranza Marin

Las historias de libertad en el Perú están pobladas de actos tan heroicos como increíbles, una de ellas es la de José Olaya, héroe del mar.

Una historia de Juana Carranza Marin

En el Perú, en 1823, los ejércitos realistas volvieron a ocupar Lima cercando a las tropas patriotas en el Real Felipe, mientras que en la capital los ciudadanos comprometidos con la Emancipación perdieron la comunicación. Para hacer las coordinaciones por la causa, se reunían en residencias y fincas en forma clandestina, preocupados por encontrar la forma de entregar las cartas con la información del desplazamiento, armamentos y debilidades del enemigo.

Don José Apolinario Olaya y su esposa Melchora Balandra, pescadores artesanales, vivían en la villa de San Pedro de Chorrillos con sus 11 hijos, todos identificados con la causa patriótica y con una elevada vocación de servicio.

José Olaya, con sus 32 años, de porte atlético y experto nadador, luego de la faena en el mar, se encargaba de la venta de la pesca del día en los mercados de Lima. En las residencias de familias acaudaladas, entregaba las especies marinas más finas de la pesca. Solo la señora doña Juana Cortés Manrique de Luna le contestaba el saludo y le agradecía. A José, esa actitud le generó confianza para atreverse a decirle: “Señora, para traerle este lenguado nado 22 km de Chorrillos a La Punta. Con mi familia, estamos muy preocupado por el regreso de los realistas. Yo quiero ayudar a mi patria”.

La señora Cortés, gratamente sorprendida, le responde: “Por el cerco que vienen haciendo los realistas a los patriotas de Lima, no nos es posible hacerles llegar las cartas. Con lo que me acabas de decir, tú serás nuestra esperanza al ser el nexo entre Lima y el Real Felipe. Tú llevarás las cartas para las acciones y decisiones que contribuirán a erradicar a los invasores”.

Desde este momento, José Olaya está al servicio como correo entre los patriotas. Empieza el 17 de junio. Su labor afecta al ejército realista, quien sospecha que se habían restablecido las comunicaciones; redoblaron los puntos de vigilancia en las entradas y salidas de Lima y el Callao.

El día 28 de junio de 1823, José Olaya llevaba la carta más importante del general Antonio José de Sucre para el hacendado, político y activista Narciso de la Colina, quien era enlace con Simón Bolívar. En esta le informaba del tipo de armas y municiones, sobre suministro de alimentos y otros pertrechos, así como la cantidad de soldados patriotas que estaban sitiados en el Real Felipe con escaso armamento para hacer frente al potenciado ejército realista.

En el Real Felipe, Olaya recibió la carta para Bolívar y otras misivas para los patriotas. Ya en Lima, escondió las cartas en su cesta de la pesca del día. Caminando por la calle Revolución (hoy Arequipa) y en una transversal de la calle Acequia Alta, se percató de que lo seguía un grupo de realistas. Buscó la carta de Sucre a Bolívar, la rompió, masticó y se la tragó. Acelerando el paso, escuchó que le dieron la voz de “¡ALTO! ¡ALTO!” y corriendo rompió las otras cartas arrojándolas al canal. Fueron inútiles los esfuerzos de los soldados para recuperarlas y los trozos de estas se perdieron al caerse por las alcantarillas. Entre cuatro realistas armados, lo controlaron. Es apresado y conducido a la carceleta del Palacio de Gobierno.

El gobernador de Lima, Ramón Rodil, dispuso que se obtenga la información de quienes son los remitentes y destinatarios de las cartas, y al negarse fue castigado con 200 latigazos en diversas partes del cuerpo, lo que le ocasionó un sangrando por la nariz, los oídos, la espalda y los brazos. Luego de dos horas, volvieron a preguntarle sin obtener respuestas. Se reinició la tortura y le sacaron las uñas de manos y pies colgándolo de los meñiques. Para presionarlo, trajeron a su dolorida madre, quien abrazó a su hijo débil y ensangrentado. Se deslizaron unas lágrimas por sus mejillas, lo recostó en su regazo y luego, en su pecho y acercándose a su oído le dijo: “Hijo, hoy tú eres el pueblo, representas a todos los indígenas oprimidos y todos los pescadores con hambre de libertad”. Él levanta la cabeza y mirando fijamente al comandante le dice: “Por tener una patria libre estoy dispuesto a entregar hasta la última gota de mi sangre”. Baja la mirada y con voz alta dice: “Madre, prepare usted mi mortaja, que sea blanca, y colóqueme una escarapela en el lado izquierdo del pecho y entiérreme cerca a la tumba de mi padre”.

El general Rodil, al ser informado, montó en cólera y dio un grito diciendo: “No habla y nos reta, córtenle la lengua”. Olaya con esfuerzo se yergue colocándose la mano derecha en el corazón y con voz de arenga dice: “Si mil vidas tuviera, gustoso las daría por mi patria”. Luego se escuchó el sonido del metal de unas pesadas tijeras que cumplían la orden. Ensangrentado fue arrastrado a la calle Petateros (hoy pasaje Olaya) después de la misa de la catedral para que los feligreses sean testigos de este escarmiento. Como respuesta, unos hacían vivas al rey y muerte al traidor. El pelotón fusila a José Olaya y la multitud grita: “¡Viva la patria! ¡Nace un héroe! ¡Viva el Perú!”. Lo arrastran hasta el centro de la plaza y con un hacha le cortan la cabeza.

El padre Jesús Ayala, párroco de la iglesia de San Lázaro (lugar donde fue bautizado), rogó a Rodil para que el cuerpo cercenado sea devuelto a su familia para una cristiana sepultura. Los restos son entregados a la familia Olaya Balandra. La cabeza fue unida al tronco con el hilo de pescar que usaban para sus redes. Su madre dio la primera puntada y en orden cronológico siguieron los hermanos. Mientras colocaban la mortaja con la escarapela, un intenso olor a mar se sintió en la casa. Cuando el féretro fue transportado por sus familiares, unas gaviotas volaron en círculos alrededor del ataúd.

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Juana Carranza Marin, Licenciada en Enfermería. Fue enfermera de cuidados intensivos y docente por más de cuatro décadas. Su afición por la lectura la llevó a integrar el Taller de Literatura del Centro del Adulto Mayor del Colegio Médico del Perú, dirigido por el profesor Juan Carlos Ríos Moreno. Sus primeras publicaciones han aparecido en los cuadernillos literarios que recogen las creaciones de los miembros del taller.

Jose Olaya Libertad
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