Cuento | «Un cuento forense», de Charlie Becerra

Un detective privado informa a un par de abogados sobre los crímenes ocurridos al interior de la discoteca "El búnker". Una radiografía negra del divertido absurdo policial, en una historia del escritor peruano Charlie Becerra.

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Oct 18, 2021

Trujillo, 10 de noviembre de 2014

El presente informe se origina a raíz de la petición, llamémosle indirecta, para mayor precisión, hecha por los abogados don Alcides Calderón Llovera y don Mariano Bel Peschiera, quienes refieren haber tomado conocimiento de las pruebas presentadas por la fiscalía y que, sin embargo, a su parecer, han creído conveniente solicitar una nuevo análisis imparcial por parte del detective privado (P. I. por sus siglas en inglés) don Agustín Rimarachimbo Caldas, cuya rúbrica aparece en la última página y cuya hoja de vida está incluida en el apartado A del presente documento.

Rimarachimbo Caldas, su servidor, es un experto en trabajos de campo, quien acredita un promedio de ochocientas horas en ejercicio de la práctica forense y de investigación, de las cuales los certificados de ley pueden dar fe (TRÁMITE EN PROCESO),  así mismo habiendo sido capacitado en el uso del material necesario para la extracción de pruebas por la mismísima escuela de Criminalística de la Policía Nacional del Perú (TRÁMITE DE CONVALIDACIÓN PENDIENTE), incluso habiendo ya abonado los diecinueve nuevos soles con cincuenta centavos necesarios para la inscripción en el Gremio Único de Profesionales No Gubernamentales de la Investigación (SIGLAS EN INGLÉS PENDIENTES DE TRADUCCIÓN) y con un alto porcentaje de efectividad en cuanto a casos resueltos se refiere, no hay lugar a dudas de su expertise, lo cual permite salvaguardar la presente investigación de cualquier problema de verosimilitud con respecto a las conclusiones.

Cabe recalcar también, que, el detective Rimarachimbo, habiendo sufragado los gastos de la investigación de su propio bolsillo, los cuales están debidamente especificados en el apartado B adjunto a este documento, tiene el derecho de reclamar la devolución íntegra de dichos gastos más un porcentaje adicional por parte de la fiscalía, o de los abogados de la parte acusada, o, en su defecto, de ambas partes a partes iguales, siempre y cuando lo expuesto en la investigación sea utilizado a fin de la justa resolución del proceso. Caso contrario, lo más ecuánime, es que la fiscalía o los abogados o ambas partes a partes iguales, tengan a bien convenir un monto significativo para el investigador por las horas/hombre y recursos empleados en su trabajo.

Una vez aclarado el punto anterior, procede la exposición de los acontecimientos y posteriores hallazgos.

En los siguientes párrafos se especifican y tratan los puntos clave acerca de los acontecimientos que tomaron lugar el día 23 de septiembre del presente año, en las inmediaciones del kilómetro cincuenta la carretera Panamericana Norte, al promediar las 02:00 horas de la mañana, que dejaron un saldo de cuatro vidas humanas (aparentemente) y varios daños materiales traducidos a su equivalente correspondiente en pérdidas monetarias en el apartado C, adjunto también al presente documento. 

A continuación, los puntos clave tomados en cuenta para la investigación suscrita por don Agustín Rimarachimbo, presente:


Precisión metodológica

El método de análisis empleado en la investigación que da lugar al presente informe consiste en identificar y, posteriormente, estudiar las pruebas y evidencias halladas en el lugar de los hechos, para lo cual se dará una descripción con el mayor detalle posible sobre dicho lugar, con el fin de poder sentar las bases de los siguientes niveles de la investigación, consistentes en: 1) los hechos en sí mismos, 2) las víctimas, 3) el, la o los acusados y, finalmente, 4) puntualizar las conclusiones pertinentes.

En cuanto a lo referido por los testigos oculares en sus declaraciones, las cuales están, al parecer del investigador, con su permiso, magníficamente referidas y declaradas, su observación es del todo intrascendente en tanto que la observación ya ha sido hecha y de manera directa y de manera ocular por el propio detective Rimarachimbo, quien, por feliz coincidencia y para mayor justificación, llámesele aval, de la pertinencia que abriga la presente investigación, se encontraba en el lugar de los hechos al momento de los hechos, desempeñando uno de sus trabajos secundarios como encargado de la higiene de los recintos sanitarios del local.

Por otra parte, cabe la advertencia, la fiscalía podrá encontrar en el presente informe una estructura que evoca la del Informe Pericial Analítico de Informe de Sucesos y Autopsia utilizado por el cuerpo Forense de la Policía Nacional de Chile. Esto debido a que al momento en que el detective Rimarachimbo solicitó un modelo a seguir en la puerta misma de la sucursal regional del Ministerio de Interior, el personal de recepción hizo caso omiso de dicha solicitud. Muy por el contrario, desestimaron la competencia del detective alegando que no era de su incumbencia poseer tal tipo de documentación, además de dejar en claro que no había posibilidad a reclamo y, acto seguido, invitando al detective, con la inoportuna intervención de efectivos de seguridad de la dependencia, a retirarse de la sucursal sin amabilidad alguna y murmurando frases respecto de su persona entre las cuales se ha podido rescatar con parcial fidelidad parte de una de ellas:

«Judo ´e mierda».

Teniendo como consecuencia, y como única posibilidad viable para el ampliamente desestimado detective, descargar algún modelo desde el ciberespacio (internet), dentro de los cuales ha tenido a bien elegir, como se refiere líneas arriba, el Informe Pericial Analítico de Informe de Sucesos y Autopsia utilizado por el cuerpo Forense de la Policía Nacional de Chile (http://html.elrincondelvago.com/tareas-para-mañana-temprano/informe-de-autopsia-medico-forense-editable.html), institución que al parecer encuentra el compartir este tipo de documentación como una buena práctica, democrática y útil, de la cual nuestro país y sus autoridades deberían aprender o, en su defecto, copiar y pegar.


Con respecto al lugar de los hechos

El recinto, como ya se atisba en párrafos anteriores, está ubicado en el kilómetro cincuenta de la carretera Panamericana Norte, camino del aeródromo, muy fácilmente identificable por el letrero de enormes proporciones en cuyos lados figura su nombre: EL BÚNKER, denominación resultante de una serie de rebautismos periódicos en tanto que antes era llamado EL SECRETO, mucho antes LA FORTALEZA, y aún antes EL SUBTERRÁNEO. Nombres que componen de manera, quizá involuntaria, pero decididamente inevitable, la definición que el diccionario ofrece de búnker.

El lugar tiene un área aproximada de seiscientos ochenta metros cuadrados, cuatrocientos cincuenta de los cuales corresponde al área techada. El área no techada sirve como playa de estacionamiento. Tiene un aforo de doscientas diez personas como máximo, incluyendo al personal que ahí labora.

El Búnker  está sindicado, y con razón, como un club nocturno donde se practica la prostitución y la misma es consumida por los parroquianos de costumbre (oficinistas, funcionarios, delincuentes, etc.), quienes por precio módico pueden hacerse con los servicios de una de las más de cuarenta jovencitas y mujeres que laboran allí, entre las cuales podemos numerar, para mayor referencia, a las más famosas y, por ende, solicitadas: Estrella (19 / 85 – 62 – 91), Brisa (19 / 80 – 60 – 87 ), Pamela (22 / 95 – 68 – 99), Pámela con tilde (26 / 83 – 63 – 91), Lupe (28 / 90 – 60 – 97), Lucy (28 / 91 – 57 – 91), Lulú (29 / 88 – 71 – 90), Lu con una sola Lu (33 / 90 – 67 – 94), Casandra (33 / 92 – 62 – 92), Coral (35 / 96 – 66 – 99), entre otras.

Sobre las tarifas de los servicios (detalles que bien podrían alimentar un apartado titulado «Con respecto a las tarifas por hora de servicios y actos permitidos de las meretrices», pero que, por considerarlo un tema de congruencia relativa y variación ocasional, no tendrá lugar) es interesante recalcar que figuran entre las más altas con respecto a otros negocios de la competencia, llegando a extremos en los que el costo por hora de servicio es de doscientos cincuenta dólares más propina por desempeño.

La presencia de estos datos y muchos otros dentro del informe, a los cuales el personal de la fiscalía y la policía no ha logrado tener acceso, por distintas razones (léase falta de recursos sociales o negligencia o etc.), son posibles gracias a que el investigador, don Agustín Rimarachimbo Caldas, no olvidar, es, desde hace seis meses, y por esas cosas del destino que a veces se empeña en cargarle a uno la mano, pero que esta vez ha tenido a bien hacerlo, Rimarachimbo Caldas es el encargado de la limpieza de los servicios higiénicos del club. Ocupación que desempeña a tiempo parcial en tanto los procesos burocráticos de su titulación como detective siguen en curso y que, al haberse dado los crímenes precisamente en el baño de varones de El Búnker, ha podido hacer la pesquisa primera de todas cuantas se hicieron en el lugar, y aún con la ventaja de que en la oportunidad que tuvo el detective Rimarachimbo de hacer su trabajo, ninguna prueba fue, hasta ese momento, borrada, alterada o malversada, si cabe. Lo cual no implica que esto haya sucedido así, o tal vez, pero que de todas maneras no debe preocupar en tanto que en el presente documento está la visión y el análisis de primera mano de la escena del crimen por parte de quien fuera el primer apersonado, y quien, así mismo, puede dar testimonio de los momentos anteriores al suceso.

El testimonio del detective Rimarachimbo, que en aquel momento estaba personificado como el conserje, cariñosamente apodado por sus compañeros y compañeras de trabajo por pura amistad y confianza, sin ningún otro asidero en una condición o preferencia sexual alternativa comprobada, digamos gay (¡Qué ocurrencia! Eso nunca), como «Rimara-chimbombo», sigue de la siguiente manera en subsiguiente apartado.


Testimonio del conserje «Rimara-chimbombo»

El día miércoles 22 de septiembre, Rimara-chimbombo se apersonó al local denominado El Búnker (DATO PENDIENTE DE COMPROBACIÓN O RECOMPROBACIÓN EN REGISTROS PÚBLICOS ANTE, A CONSECUENCIA DE LOS HECHO DELICTUOSOS, FUNDADA AMENAZA DE REBAUTIZO) alrededor de las cinco de la tarde, como era costumbre, para cumplir sus obligaciones como conserje encargado de la limpieza de los baños. Labor sumamente sacrificada para cualquier individuo que poseyera un sistema digestivo común y corriente, como, en efecto, Rimara-chimbombo lo tenía, salvo por, nunca está demás acotarlo, carecer de apéndice.

Cosa normal era que Rimara-chimbombo se encontrara al cruzar la puerta vaivén, tal cual las películas de vaqueros del viejo oeste, con verdaderos desastres naturales. Siendo así que el miércoles 22 de septiembre del presente año, luego de ingresar por la puerta trasera de local, saludar al portero diurno (cuya identidad mantendremos en reserva a solicitud del mismo en tanto que se encuentra atravesando una difícil situación marital o ex marital y el que se sepa su paradero no ayuda a solucionar dicho tema sino que generaría exactamente lo opuesto), saludar al barman, y soportar durante veinte o veinticinco minutos los consabidos chistes de doble y hasta triple sentido de éste, Rimara-chimbombo inició el proceso de preparación  para su noche de trabajo.

Una vez uniformado con un mono de color azul, guantes de látex amarillos y zapatillas de lona (calzado absolutamente inapropiado para desempeñar cualquier labor de desinfección en un lugar que cada noche es inundado con mares de micción, semen, entre otros fluidos corporales tanto masculinos como femeninos, pero que desafortunadamente compone el atuendo obligatorio), Rimara-chimbombo hizo su ingreso a los baños, suspirando la derrota que era su vida y una mezcolanza de olores ácidos y nauseabundos de todo tipo, armado con un trapeador, una cubeta, una galonera de ácido muriático, ambientador con aroma a lavanda y dos trapos más de repuesto.

Vale señalar que dicho atuendo no dista mucho del utilizado por los profesionales forenses, en tanto que el mono utilizado por Rimara-chimbombo bien podría equipararse a un guardapolvo blanco y sus guates de látex a un par de guantes clínicos.

Entretanto que el conserje procuraba no morir empantanado y/o asfixiado en lo que parecía, a simple vista, ya no un cuarto de baño, sino un gran basurero tamaño persona, las jóvenes y mujeres maduras (adjetivo puramente técnico) que conformaban el cuerpo de trabajadores sexuales comenzaron a llegar a su centro de labores. Prueba inequívoca de que esto estaba sucediendo era, nada más y nada menos, los golpes de tacón que Rimara-chimbombo, según su declaración, podía oír a la perfección sonando a espaldas de los servicios higiénicos, tras los cuales se ubicaban los camerinos, afectuosamente denominados «cama-rinos».

Cuando el conserje hubo terminado la limpieza en ambos baños, tanto en el de hombres como en el de mujeres (éste último una verdadera particularidad en este tipo de lugares que solo contemplan una clientela de género único), ya eran las siete y treinta minutos de la noche y el local estaba a punto de abrir sus puertas.

Siendo ya las ocho y quince minutos de la noche, Rimara-chimbombo refiere que los primeros clientes hicieron su ingreso, dejándose caer «por aquí y por allá» sobre los grupos de mueblecitos de los cuales está compuesto el mobiliario principal del club. De los rostros que pudo reconocer el conserje solo serán mencionados aquellos que de manera directa o indirecta se encuentran involucrados en los acontecimientos que tomaron lugar durante la madrugada del día siguiente.

Alrededor de las nueve de la noche, llegó un grupo de cuatro hombres entre los cuales se encontraba, liderando la comitiva, Lázaro Villena Becerra (43), alias «Lobo marino», cabecilla de la banda de extorsionadores «Los Lobos de Mar», nombrada así en honor a Villena, su fundador, y por decisión de este mismo. Con él iban Francisco Villena Becerra (34), hermano menor de Lázaro, alias «Lobito», Pedro Arteta Baltodano (47), alias «Tetas», guardaespaldas personal de Lázaro, y Benito Ramiro Mayta (39), alias «Bodoque», éste último no perteneciente a la banda de Lázaro Villena, sino lugarteniente de la banda «Los Nuevos Malditos», banda competidora de «Los Lobos de Mar».

Los cuatro hombres, afirma Rimara-chimbombo, se sentaron en la mesa más alejada del escenario y más alejada, al mismo tiempo, de las luces multicolores que alumbraban el mismo. Llamaron al camarero (no cabe duda de que fue Lobito o bien Tetas quien lo hizo), y le ordenaron les llevara dos botellas de whisky etiqueta negra, cuatro bebidas energizantes, una botella de Coca-Cola de litro y medio y una cubeta de hielo. Petición que el camarero no tardó en satisfacer puesto que sabía de quienes se trataba en tanto eran clientes frecuentes, y de tener muy presente la posibilidad de una suculenta propina.

Una vez el pedido estuvo sobre la mesa, los hombres iniciaron lo que a todas luces (definitivamente no las del escenario que estaban a más de veinte metros de distancia) parecía ser una celebración entre amigos.

A medida que avanzaba la noche, los cuatro hombres seguían ordenando al camarero que les trajera más licores. A los dos primeros whiskies les siguieron otros dos whiskies más, y luego una botella de ron, más una de vodka importado, más una de ron importado, más tres botellas de cerveza nacional pero de importancia. Tal conglomerado etílico trajo como consecuencia, lo que era harto previsible, que el licor se encharcara sobre y alrededor de la mesa y alrededor de los pies de los cuatro hombres, quienes, aún con un significativo porcentaje de sobriedad, solicitaron la inmediata intervención del personal de limpieza, ante lo cual el camarero dio aviso para que Rimara-chimbombo y un trapeador de confianza hicieran acto de presencia. Esto permitió que el detective, encubierto bajo la inofensiva y nada sospechosa facha de conserje, pudiera captar todo o buena parte de cuanto se dijeron los hombres a partir de entonces y algunas señas y gestos que acompañaron la conversación.

El diálogo transcrito por el detective Rimarachimbo, dictado por Rimara-chimbombo, ambos en colaboración, sigue de la siguiente manera:

Bodoque: Y aquí, ¿de a cómo las dan?

Lobo de Mar: ¿El qué? (Eructo)

Bodoque: Las niñas ¿A cómo están?

Lobo de Mar: …

Lobito: Depende.

Bodoque: Tengo. Hoy ando grueso (Risas)

Lobo de Mar: ¿Qué? ¿Ya dejaste de tomar, Bodoque? (Un risa y palmada en la espalda de Bodoque)

Bodoque: No, pero las niñas jalan la vista.

Lobito: ¿Las llamo? ¿Unas tres? (Elevación de cejas) ¿Cinco?

Bodoque: Juega.

Tetas: Ya está. Ahí está bien. (Agitación de mano frente al rostro del conserje Rimara-chimbombo)

Conserje R.: …

Tetas: ¡Más allá, carajo! Me estás trapeando las tabas.

Habiendo sido, Rimara-chimbombo y su trapeador, momentáneamente expectorados, el círculo de hombres se amplió al doble de su tamaño original, para dejar espacio a cinco damas de compañía, especialmente seleccionadas por el bien entrenado criterio de Francisco Villena (Lobito), a dedo cada una de ellas: Brisa, Pámela, Lupe, Casandra y Coral.

Luego de que las damas lograran arrellanar sus amplias caderas en los asientos libres (el emparejamiento de cada una con cada uno de los hombres no queda claro sino hasta bien avanzado el diálogo), y de que el conserje consiguiera deslizarse lo más cerca que pudo hasta su posición previa, el diálogo continuó:

Lupe: Hola, hola.

Lobo marino:… (Risa boba)

Bodoque: ¡Opa!

Coral: Hola, chicos. Holis.

Lobito: Servido, señores.

Tetas: Mmm…

Bodoque: Ahora sí. Otra cosa, Lobo.

Pámela: (Risita)

Brisa: (Risita imitando a Pámela)

Lobo Marino: Ahora sí, como quien dice, la celebración agarró cuerpo (Agarrando el cuerpo femenino más próximo).

Todos: (Risas sonoras)

Lupe: Y qué celebran los señores, si se puede saber.

Lobito: Celebramos la amistad. El hacer nuevos amigos, ¿qué tal?

Coral: Ah, eso sí.

Lupe: ¡Salud por los amigos! (Risita elevando un vaso de gaseosa con dos gotas de ron importado)

Todos: ¡Salud!

Conserje R.:… (Sin vaso)

Lobo Marino: Rico.

Bodoque: Salud, mi Lobo. Salud.

Lupe: ¿Te dicen lobo?

Lobito: Lobo Marino le dicen. Yo soy Lobito.

Coral: Qué gracioso. Suena a peludito.

Lobo Marino: Bueno, salud como mi compadre. Mi nuevo compadre desde ahora. Salud por eso y por lo que vendrá. Salud.

Bodoque: Muchas gracias, compadre. Da gusto. (Un trago)

Lobito: Bienvenido, Bodoque. Ya era tiempo.

Bodoque: Sí, para qué. Pero todo llega a su tiempo y aquí estamos para hacer cosas grandes.

Lobo Marino: Cosas grandes, sí. Me imagino que sí.

Lobito: Sí, Bodoque. Cuéntanos.

Coral: ¿Que cuente qué?

Tetas: Shhh…

Bodoque: ¿Ahorita?

Lobito: Claro, de una vez. Suéltate algo. Salud. (Trago largo)

Bodoque: Uy, pero se nos van a aburrir la chicas.

Lupe: Sí pues. Hay que bailar.

Bodoque: Ahí está, eso mejor. (Levantándose)

Lobito: A bailar. (Levantándose)

Todas: (Levantándose)

Casandra: Permiso, Rimara-chimbombo. Más allá.

Tetas: Con razón se me pega tanto este chimbombo. (Empujando al conserje)

En la pista de baile se formaron tres parejas. Lobo de Mar no bailó, sino que se quedó sentado bebiendo en compañía de Tetas y Lupe. Una de las parejas estaba conformada por dos chicas. Después de doce minutos de danza, las parejas retornaron a sus asientos, sudando y listos para beber otro tanto. El diálogo continuó así:

Lobito: Tiras tu ritmo, Bodoque.

Casandra: Uff.

Bodoque: Para que veas, socio.

Lobo Marino: Ya, socio. Dime algo que no sepa.

Bodoque: ¿Qué quieres saber, socio?

Lobo Marino: En qué andan por allá.

Lobito: Cuenta, socio.

Bodoque: Tienen fichado a uno grande. Lo encontré hace una semana. Grandote. Extranjero. Alemán, creo. Ha venido a comprar…

Lobito: Guarda, socio. Tetas.

Tetas: Largo, mujeres. Ya las llamaremos.

Coral: Te voy a extrañar.

Lobito: Ya te llamo yo.

Casandra: Chau, John Travolta.

Bodoque: Hablas, mira tú. Chau.

Todas: (Levantándose en silencio con los ojos puestos en el arma de Tetas)

Como es lógico, el conserje Rimara-chimbombo encontró imposible y poco prudente seguir manteniendo una posición cerca de la mesa donde estaban los hombres. Fue expectorado por segunda vez y para siempre del círculo cercano a los criminales. Creyó oír que su presencia había empezado a resultar sospechosa:

Tetas: no sé si está limpiando o nomás está de huelepedo.

Sin embargo, con un destello de agudeza que bien se le podría atribuir a su contraparte (el detective Rimarachimbo), el conserje Rimara-chimbombo procuró no perder de vista a los hombres pues por lo que hasta ese momento había escuchado, algo estaban tramando.

La conversación entre Lobo Marino, Lobito y Bodoque (la mandíbula de Tetas no hizo el menor amago de moverse. Lo que sí se movía era su cabeza cuadrada de lado a lado para asegurarse de que nadie podía oírlos. O tal vez, simplemente, comprobando que el molesto conserje se hubiera por fin esfumado) se hizo más calma.

Desde donde estaba, el conserje pudo detectar que los hombres iban juntando sus cabezas más y más y que las mímicas iban quedando del todo suprimidas. También pudo notar que sus vasos se mantuvieron pegados a la mesa durante los varios minutos que duró la conversación. Bodoque hablaba y los demás asentían, y también asentía Rimara-chimbombo a lo lejos cuando podía, únicamente observando el movimiento de sus labios, cazar alguna de las palabras o expresiones pronunciadas por Bodoque: «Plata», «gringo», «claro», «fácil», «cincuenta-cincuenta», «culo de billetes» y «navidad», que son las que el conserje encontró como las más relevantes para ser recordadas.

Aproximadamente a la 01:25 de la mañana, Lobito hizo llamar a las chicas. Tanto Lupe como Coral y Casandra se habían mantenido a la espera de las órdenes que fueran a dar los hombres con los que habían estado antes. Pámela, por su parte, ya estaba haciéndole compañía a otro cliente y Brisa se preparaba para subir al escenario y desplegar un espectáculo llamado «Brisa y su fabulosa lluvia dorada», acto que aseguraba la pronta participación del conserje y, así también, la de su trapeador, en dicho escenario una vez terminado el acto, razón por la cual el recuerdo de dicho anuncio ha quedado grabado a fuego en su memoria.

El grupo de los hombres nuevamente remontó la celebración, dejando de lado las confidencias entre los nuevos asociados. A partir de lo rescatado en el diálogo que oyó Rimara-chimbombo y de algunos datos a los cuales ha podido tener acceso, el detective Rimarachimbo ha creído conveniente hacer un paréntesis en el testimonio del conserje y exponer una hipótesis que pueda brindar mayores luces sobre las causas que dieron pie a lo acontecido apenas treinta y cinco minutos después de que las damas retornaran a seguir prestando sus atenciones a los cuatro hombres.


Hipótesis cavilada por el detective Rimarachimbo

El antagonismo existente entre la banda de Los Lobos de Mar y la de Los Nuevos Malditos existe desde hace aproximadamente tres años, época en la cual la segunda pasó de simples robos a mano armada bajo el nombre de «Los Malditos» (a secas) para ingresar en un mercado mucho más holgado del cual se estaba beneficiando a lo grande la banda de Lobo Marino, léase, extorsiones.

El proceso de extorsión es relativamente sencillo. Comparado con la estafa, por ejemplo, que requiere un planeamiento y mayores recursos, además de una clara oportunidad de ejecución, en la extorsión solo es necesario tener un blanco, una línea telefónica desechable y, por supuesto, una voz intimidante. Esto fue justamente lo que pensaron Los Malditos, decidiéndose por entrar de lleno al rubro. Lo cual no dejó de ser una incomodidad para Los Lobos de Mar, quienes se habían posicionado como, por utilizar términos puramente comerciales, líderes de la categoría, si cabe.

La ventaja que esgrimían Los Nuevos Malditos y que los hizo crecer a pasos agigantados en el rubro de las extorsiones fue un hombre: Benito Ramiro Mayta, alias Bodoque.

Bodoque tenía un talento especial para identificar blancos. Su olfato de sabueso lo llevó a encontrar verdaderas minas de oro que otros habían pasado por alto. Discretos empresarios de calzado y pesquería, propietarios de grandes extensiones de terreno que ni siquiera aparecían en los registros públicos, viudas millonarias, etc. Buenos blancos y, sobre todo, vulnerables. Sus aciertos hacían que el trabajo se volviera tan fácil como levantar el teléfono y esperar que el dinero entrara en sus cuentas bancarias. Talento que no tardaron en descubrir también los peces gordos de los otros bandos.

Desde entonces, comenzó un coqueteo constante entre Lobo Marino y Bodoque por trabajar juntos y hacer cosas aún más grandes. La banda de los hermanos Villena Becerra le ofrecía mejores ganancias y un puesto privilegiado entre la cúpula del crimen, promesas que terminaron por convencer a Bodoque de que le iría mejor si colaboraba con ellos. Los Lobos de Mar eran más poderosos que Los Nuevos Malditos, razón por la cual Bodoque no tuvo miedo de abandonar su antigua banda con nombre de estreno para tomar un puesto importante en la otra.

Según el detective Rimarachimbo, todo parece indicar que dicho trato se cerró la madrugada del 23 de septiembre, momentos antes de los primeros disparos.

Volvamos ahora al testimonio del conserje.


Testimonio del conserje «Rimara-chimbombo» (2° parte)

Eran las 01:50 minutos de la madrugada del jueves 23 de septiembre, cuando el conserje, desde el escenario donde estaba trapeando el desastre provocado por el mentado show de la mentada señorita Brisa, mentándole la madre mentalmente y desde el mismo donde soportaba las burlas de los parroquianos quienes le solicitaban que se quitara la ropa e hiciera un baile sensual al mismo estilo de las bailarinas mentándole, a su vez, la madre a él, advirtió que una pareja se había levantado de la mesa para tomar la pista de baile.

La pareja estaba conformada por Bodoque y Casandra, quienes desde hacía un buen rato compartían caricias y se propinaban uno a otro besitos en el cuello. En la pista de baile sucedió otro tanto. Casandra intentaba llevar el ritmo con Bodoque encaramado sobre sus senos. Minutos después ambos desistieron y se fueron directo a la baño. Desde una posición privilegiada propia de un centinela, el conserje pudo ver cómo la bailarina caminaba con decisión fuera de la pista de baile, con la nariz de Bodoque metida prácticamente entre sus nalgas.

Rimara-chimbombo supo en ese momento que iban a consumar el coito en los servicios y que lo mejor sería custodiar la puerta hasta que la pareja volviera a salir para poder limpiar lo que hubiera que limpiar tal cual era su obligación.

El conserje se hallaba a diez pasos del baño cuando se oyeron los primeros disparos.

Hasta aquí el testimonio brindado por el conserje Rimara-chimbombo de los momentos previos a los hechos.

En aras de no comprometer su seguridad, el conserje ha decidido no seguir declarando más sino que ha creído conveniente entregarle la posta al detective Rimarachimbo. Decisión que es perfectamente comprensible. A partir de este momento, es la apreciación del detective Rimarachimbo, agradecido (cómo no) con el joven y honesto empleado del club, la que da continuidad al informe.


Con respecto al hallazgo realizado por el detective al cruzar la puerta del baño

El detective se encontraba a nueve pasos del baño cuando dejaron de oírse los disparos. Se encaminó sorteando a todas las personas que se atravesaban delante de él presas del pánico y abandonó un trapeador que absurdamente llevaba en la mano por no considerarlo apropiado para su oficio. Todos corrían alejándose del lugar, mujeres semidesnudas, hombres ebrios, camareros, incluso, uno de aquellos niños que regularmente ingresaban a El Búnker a vender cigarrillos y preservativos, salió disparado de la zona. En una muestra de valentía y repentino sentido del deber, que vale la pena recalcar, cinematográficamente, Rimarachimbo avanzaba a contra corriente.

Luego de una breve lucha por abrirse camino, el detective logró cruzar la puerta del baño de caballeros. Encontró dos cuerpos agonizantes y uno muerto. Momentos después, murieron los dos que agonizaban. El piso de mayólica estaba cubierto de una gran cantidad de sangre, lo cual al detective Rimarachimbo no lo impresionó del todo, pero que al conserje que hasta hacía pocos momentos había sido, le hubiera significado una muy desagradable noticia.


Con respecto a las víctimas

El primer cadáver corresponde a una mujer de treinta y tres años, según el documento de identidad encontrado entre sus pertenencias, el cual está aún pendiente de verificación (puede que sea mayor). De acuerdo a este mismo documento responde al nombre de MARTINETT CASTILLO, Estela Clotilde; de nombre artístico  «Casandra», con el cual no seguiremos refiriendo a ella para no causar mayor confusión.

La señorita Casandra fue encontrada acostada boca arriba, con los brazos extendidos. Estaba en paños menores y presentaba un orificio de bala dos pulgadas sobre el ombligo. Al girarla sobre sí misma, utilizando la punta de su zapatilla de lona y cuidando de no alterar de manera irresponsable o irreversible la escena del crimen, el detective pudo comprobar que tenía otro orificio de bala casi a la misma altura que el primero, lo que llevó al detective Rimarachimbo a la conclusión de que uno de ellos era el orificio de entrada y el otro de salida, sin estar seguro al cien por ciento de cuál era cuál.

El disparo perjudicó las asas intestinales, generando una grave hemorragia interna. No tardaría el detective en descubrir, luego de advertir el proyectil incrustado en uno de los espejos al fondo del baño y comprobar, a partir del lugar donde estaban los pies de la señorita, que esta misma había estado parada justo en la trayectoria que había seguido ese mismo proyectil, que el orificio de entrada era el que la mujer tenía en la espalda y el que tenía sobre el ombligo, el de salida. Por otro lado, al momento de ser encontrada, la señorita Casandra estaba aún con vida.

El segundo cadáver corresponde al que fue compañero de baile de la señorita Casandra cuando ambos, sin saberlo, saltaron a la pista por última vez en sus vidas. Su nombre real es MAYTA ORMEÑO, Benito Ramiro, de treinta y nueve años, alias «Bodoque».

Bodoque, como lo seguiremos llamando por la familiaridad de la cual podemos gozar con respecto a él en este informe (se hace querer, como se dice), recibió cuatro impactos. Las cuatro balas fueron encontradas en su cuerpo. De más está decir que a él también el detective Rimarachimbo le dio la vuelta con la punta del calzado, por encontrar esta práctica de mucho ayuda al momento de inspeccionar los cuerpos. Bodoque fue encontrado de espaldas, boca arriba, con los brazos extendidos al igual que Casandra, con la única diferencia de que el hombre estaba tendido justo al lado opuesto. Para mayor precisión, vale un símil inusitadamente romántico: ambos parecían pétalos de una misma flor. Las balas que dieron muerte a Bodoque se alojaron en las siguientes partes de su cuerpo: a la altura de la pelvis, perforando la vejiga; en el bajo vientre, perforando el fondo del saco vesicorrectal; el pecho, atravesando el corazón, ocasionando una lesión en la cavidad pulmonar y en el cuello, desbaratando los ligamentos que unen el cartílago tiroides con el piso de la boca. Se presume que todos los disparos forman parte de una misma descarga. Sumando el disparo que recibió Casandra, nos da un total de cinco balas. El sexto proyectil que termina de componer la descarga completa fue encontrado en la tercera víctima.

El tercer cadáver corresponde a AGUILAR TUESTA, José Miguel, de treinta y dos años, alias «Cara de gusano» (por espontánea ocurrencia del detective al momento, como se diría coloquialmente, «mirarlo bonito»), de profesión contador, quien fuera encontrado con un orificio de bala en el costado izquierdo del cuello. En el caso de don Aguilar Tuesta no fue necesaria la intervención de la ya experimentada punta del calzado del detective Rimarachimbo, por aquellos momentos completamente empapada en sangre, pues el hombre fue encontrado abrazando el suelo, con la oreja derecha hacia abajo, tal cual un indio oyendo la voz de la tierra, según la referencia cinematográfica con la que cuenta el detective al respecto de la conducta o proceder común de los indios.

El proyectil impactó de lleno en la arteria carótida común, alcanzando presumiblemente la vena yugular interna y el nervio vago, lo que habría ocasionado una muerte no demasiado lenta por desangramiento. Todo esto a simple vista.

La posición en la que fue encontrado el tercer cadáver y el estado de su vestimenta, con los pantalones abajo, hace suponer, con un levísimo margen de error, que al momento de los disparos se encontraba excretando en una de las cabinas del baño y que asomó la cabeza para ver lo que había sucedido y averiguar de dónde provenían los disparos y que fue justo ahí donde encontró la muerte. En resumen, que don Aguilar Tuesta se pegó una cagada de muerte, según el argot popular.

Acerca de la presunta cuarta víctima, hablaremos más adelante.


Con respecto al(los) tipo(s) de arma(s)

En el lugar de los hechos se encontró un arma. La que empuñaba Bodoque al momento de morir. Se trata de una Glock 18 de 9 mm, pistola de asalto completamente automática, con una cacerina compuesta por 33 proyectiles especialmente diseñada para este tipo de armas. Dentro del cargador de la pistola se hallaron 31 balas, lo que hace suponer que dos de ellas fueron disparadas por Bodoque antes de uno de los cuatro proyectiles que impactaron a su vez en él le dieran muerte. Sin embargo, ninguno de los dos proyectiles faltantes en la cacerina de la Glock fue hallado en el lugar del crimen.

Por otro lado, tenemos los proyectiles que dieron muerte a las tres víctimas que sí fueron halladas en el baño y que, de acuerdo a los análisis realizados y a un mínimo de sentido común necesario, el cual, por supuesto, se cuenta entre las habilidades del detective Rimarachimbo, no corresponden con el arma encontrada.

A primera vista salta la cuestión del calibre. Las seis balas halladas (una en el cuerpo de la señorita Casandra, cuatro en el cuerpo de Bodoque y una en el cuello de don Aguilar Tuesta) son de calibre 38, con un menor alcance pero con una mayor potencia de tiro. Lo cual deja por zanjado que estamos contemplando dos armas.

De esta segunda arma no hallada sabemos entonces que tiene una carga de seis balas y que es de calibre 38, datos que llevan al investigador Rimarachimbo a pensar que se trata de un revólver Taurus 38 o similar.


Con respecto a lo dicho por las víctimas momentos antes de morir

Es este punto detallaremos lo dicho por la señorita Casandra y don Aguilar Tuesta, quienes alcanzaron a prestar lo que podríamos denominar como una «declaración al paso»  al detective, minutos antes de, efectivamente, pasar a mejor vida o de la calidad que fuera.

El primer diálogo entablado con la señorita Casandra sigue de la siguiente manera:

Casandra: Ayuda, ayuda.

Detective R.: ¿Qué pasó?

Casandra: Me dispararon, socojudo, ¿no ves?

Detective R.: Sí, en efecto.

Casandra: Me muero, ¡ay!

Detective R.: Ajá, pero ¿qué pasó? ¿Quién lo hizo?

Casandra: No sé, ¡ay!

Después de esto último, la señorita procedió a morir.

El segundo diálogo, mucho más útil que el primero, mucho más breve también, entablado con don Aguilar Tuesta sigue de la siguiente manera:

Cara de gusano: el chico.

Detective R.: ¿Quién?

Cara de gusano: un chiquillo, carajo.

Detective R.: Menor de edad.

Cara de gusano: sí, baboso, ay, me estás pisando.

Detective R.: Sí, en efecto.

Después, don Aguilar Tuesta, así mismo, como quien dice, le dio el alcance a la señorita Casandra.


Con respecto al asesino (parte única)

Después de recapitular todo lo anterior, ya no resulta del todo difícil para el detective Rimarachimbo hacer las primeras aseveraciones con respecto al responsable de los tres cadáveres hallados en el baño de varones.

A pesar de la brevedad de su declaración, el testimonio de don Aguilar Tuesta resulta revelador. Según su versión, de darle la interpretación debida, debemos contemplar la presencia de un «chiquillo» (masculino) en la escena del crimen. Hipótesis que resultaría poco creíble sino fuera por un detalle sumamente importante con respecto a los disparos que recibieron las víctimas: la trayectoria ascendente de los mismos. Entre ellos resaltan dos: el que recibiera Bodoque y don Aguilar Tuesta, ambos en el cuello.

En el caso de Bodoque, como ya se ha mencionado anteriormente, el disparo ingresó justo debajo del mentón para terminar alojado en el piso de la boca.

En el caso de don Aguilar Tuesta, el disparo ingresó quince centímetros por debajo de la oreja izquierda y terminó alojado muy cerca del tímpano de la oreja derecha.

De esto se infiere que, en efecto, los disparos fueron hechos desde una altura menor a la que ostentan ambas víctimas. Por otro lado, también podemos rescatar que en el caso de los disparos realizados contra Bodoque, estos parecen también ascender desde la pelvis, el primero, hasta el cuello, el cuarto.

Es así que estos datos llevan al detective Rimarachimbo a defender la hipótesis de un tirador menor de edad o, algo menos plausible pero aun así perfectamente posible, un tirador adulto con un fehaciente caso de enanismo.

Esto demuestra, en cierta medida, la inocencia de la parte acusada en tanto que Lobo Marino y sus acompañantes superan la talla de ambas víctimas.


Observaciones preliminares/adicionales

Un dato adicional, aparte de la ausencia de dos de las balas en la cacerina de la Glock 18 de Bodoque, lleva al detective Rimarachimbo a pensar en una cuarta víctima.

Luego de haber volteado cual tortillas a los cadáveres con la punta de su zapatilla, el detective Rimarachimbo reparó en la sangre que inundaba el piso del baño. El rastro se extendía, fluyendo bajo la puerta, hacia afuera del cuarto. El detective creyó haber terminado su labor en la escena del crimen y se dispuso a seguir dicho rastro. Fuera del cuarto de baño había quedado un pequeño remanente del alboroto inicial. Rimarachimbo solo había permanecido dentro apenas ocho minutos, tiempo más que suficiente para hacer las pesquisas que creyó pertinentes.

La luz dentro del cuarto de baño era clara, lo que no sucedía fuera de éste, donde todo mantenía un aurea púrpura oscuro, propio de lugares como ese. Cuando por fin pudo encontrar las manchas oscurísimas en las que se había transformado el pequeño riachuelo de sangre, pudo notar que éstas tenías una huellas de calzado impresas. Y es aquí donde, para no arruinar el factor sorpresa, el detective tiene a bien revelar otro dato importantísimo con respecto a la identidad del asesino. Las huellas eran algo pequeñas, pertenecientes quizá a un calzado talla 37 o 38 (USA). Dato que nos devuelve a pensar en que o bien el asesino era menor de edad o un adulto enano, creencia que a ratos resulta menos dramática pero ciertamente más peculiar. En su conjunto, el rastro de sangre no era menor. El dueño de las huellas la estaba perdiendo rápido y en gran cantidad, lo que sembró en el detective la idea de que en poco tiempo encontraría una posible cuarta víctima del tiroteo. Muy probablemente, el asesino.

No obstante, las huellas se perdían en la noche una vez cruzada la puerta de emergencia del club nocturno. Quien quiera que fuera, si es que la desaparición de las huellas en terreno árido fuera de  El Búnker no era pura obra del viento, parecía contar con un entrenamiento previo.


Conclusiones

  • Lo sucedido la madrugada del jueves 23 de septiembre en el club conocido como El Búnker, fue, posiblemente, una ejecución direccionada por Los Nuevos Malditos para acallar y vengarse de Bodoque por la traición que estaba llevando a cabo esa misma noche en ese mismo lugar. El escenario se asemeja al de otras tantas ejecuciones de este tipo: a quemarropa y con vidas inocentes (inocentes de traición a la banda, al menos) cobradas. Esto, claro, descargaría de responsabilidad a los acusados.
  • Siendo así que la presencia del asesino o sicario, de acuerdo a la hipótesis de la ejecución, no fue advertida ni antes ni después por parte de ninguno de los involucrados, directos o indirectos, en el crimen. Lo que lleva a pensar que se trataba de un agente de reciente debut en el oficio de matar por dinero. Única manera posible para llevar el asesinato a cabo, en tanto que de alguna manera Bodoque contaba con la seguridad prestada por Lobo Marino, Lobito y Tetas, todos ellos muy al tanto del peligro en todo momento y de aquellos que pudieran esgrimirlo. Esto representa un punto a favor del niño o el enano.
  • La señorita Casandra y don José Miguel Aguilar Tuesta han sido víctimas involuntarias del asesino. La señorita Casandra no cuenta con antecedentes penales de ningún tipo y don Aguilar Tuesta tan solo tiene dos papeletas de tránsito en su haber y una queja en su contra por parte de un vecino quien alega que el don Aguilar es un fiestero empedernido y que no deja dormir a nadie las noches de fin de semana con la bulla que genera su potente equipo de sonido. El irritado vecino afirma también que don Aguilar es (era) un amante de la bachata y el reggaetón.
  • Tanto Lobo Marino como su hermano menor, Lobito, y Tetas, su guardaespaldas, huyeron del club nocturno apenas escucharon los primeros disparos y el disturbio que estos mismos generaron. Cuando el mozo que los había estado atendiendo les cerró el paso agitando la cuenta frente a sus narices, Tetas procedió a romperle la suya en tres pedazos con un único y potentísimo puñetazo. Lo que, en perjuicio del mozo, demuestra una coartada creíble para los acusados, a quienes el mismo mozo no despegó la vista ni un momento y quien además asegura ninguno de ellos se acercó siquiera al baño, a la expectativa como estaba de que los hombres pagaran la cuenta y le asignaran una nada despreciable propina que a fin de cuentas quedó en nada de nada.
  • Finalmente, la acusación en contra de Lobo Marino y compañía, no se sostiene por lo antes expuesto, en tanto que todos son adultos de una talla más bien alta y en ningún momento se acercaron al baño para asesinar o comprobar qué había sucedido con su nuevo amigo/socio.
  • El conserje Rimara-chimbombo también es exonerado de toda responsabilidad y no es culpable de nada, como se quiso imputar en un primer momento. Como se puede notar en el presente informe, no ha habido ningún delito por alteración de pruebas o encubrimiento, sino todo lo contrario. De esto puede dar fe, como precisamente lo hace, el detective a cargo de la presente investigación. O sea, él mismo.
  • Según la información y los últimos reportes policiales con los que cuenta el detective Rimarachimbo, no se ha logrado dar con el paradero del verdadero asesino. Ni niño ni enano.

Atte.

P.I. Agustín Rimarachimbo Caldas

Apartado A – Hoja de Vida del detective independiente Agustín Rimarachimbo Caldas.

DATOS PERSONALES
NOMBRE COMPLETORIMARACHIMBO CALDAS, Agustín Alberto
DNI43784295
FECHA DE NACIMIENTO01/06/1980
ESTADO CIVILAbandonado
DIRECCIÓN—–
EMAILgucho_ardilla33@gmail.com
ESTUDIOS PRIMARIOSIEN – N°0808493 – Interior
ESTUDIOS SECUNDARIOSIE – «Clara Elvira de Morropón»
ESTUDIOS SUPERIORESIntituto Técnico «Clara Elvira College» Estudios de enfermería inconclusos.


Apartado B – Gastos de representación (reembolsables) efectuados por el detective Rimarachimbo Caldas.

  • Transporte (taxis) ——————— 13 nuevos soles.
  • Viáticos (almuerzo) ——————- 8 nuevos soles.
  • Bebida gaseosa ————————– 1 nuevo sol.
  • Chupetín de fresa ———————– 1 nuevo sol.
  • Lavado indumentaria forense —– 7 nuevos soles.
  • Otros —————————————– 50 nuevos soles. 


Apartado C – Daños materiales y pérdidas en el lugar del crimen.

  • Espejo de pared ——————————- 10 nuevos soles.
  • Puerta de cabina de baño —————– 1 nuevo sol.
  • Consumo impago total de la noche — 2 760 nuevos soles.


Apartado D – Agradecimientos.

El detective Rimarachimbo quiere hacer extensivo su agradecimiento a todas aquellas personas que brindaron su ayuda y declaraciones a fin de esclarecer los sucesos sujetos a investigación.

Gracias a la señor José Miguel Aguilar Tuesta por su pequeño pero valiosísimo testimonio, honor a su memoria. Gracias también al señor Adolfo Cruz Puebla, administrador de El Búnker por facilitar el acceso a la escena del crimen en los días posteriores al 23 de septiembre y por concederle el tiempo libre suficiente a su empleado, el conserje Rimara-chimbombo, para que éste pueda prestar sus declaraciones sin problemas. Finalmente, y en especial, va el agradecimiento al mismo conserje, sin cuyo apoyo y colaboración la presente investigación no habría sido posible.

_______

Charlie Becerra. Nací en Lima, en 1989. He sido Redactor y Director Creativo en distintas agencias de publicidad, escribiendo comerciales y campañas para todo tipo de marcas. A los veintidós años fundé Grace Navarra, mi propia agencia de publicidad.

Mis relatos han aparecido en antologías a nivel nacional e internacional. Mi primer libro es El origen de la Hidra(Aguilar, 2017), una investigación periodística sobre el crimen organizado en el norte del Perú. Solo vine para que ella me mate(Planeta, 2019), mi primera novela, alcanzó una mención especial en el Premio Nacional de Literatura 2020 y los derechos audiovisuales de la misma han sido adquiridos por una importante productora de Los Ángeles, California. También he publicado las novelas Cachorro (2020) y Bultos negros (9 Milímetros, 2021), y el conjunto de relatos Ajuste de cuentos (2020).

A finales de 2021, mi primer curso sobre escritura policial estará disponible en Domestika, una de las plataformas de educación online más grandes del mundo. Vivo en Trujillo con mi esposa y mis tres hijas.

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