Círculo de Lectores
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crónica

«Crónica del coeficiente intelectual», de Ignacio Villarán Raffo

«Crónica del coeficiente intelectual» consta de dos novelas cortas acerca de las vicisitudes de la adolescencia y la juventud.

Publicado

21 Feb, 2025

Escribe Carlos Enrique Saldívar

Ignacio Villarán Raffo es el autor de la novela «Matisse bajo la luna», editada por Bisonte Editorial en 2021. En mi opinión, esta es una de las obras más destacadas de la narrativa peruana que inauguran esta década. Se nota en esta el buen hacer literario, un talento para construir una historia que atrapa al lector y dota al protagonista de una vitalidad simbólica que, al mismo tiempo, juega y choca contra todos sus vaivenes existenciales y trágicos. Es una obra realista, de amor, de género negro, de la vida lumpen que nos golpea a todas horas en nuestra realidad peruana. En ella hay cierto tono de melancolía. Por las decisiones del protagonista y los sucesos que acaecen, cayendo en cascadas como si fueran los dedos de un dios cruel tocando las teclas de un piano. Es importante rescatar este libro como un gran aporte a la novela realista urbana de los últimos años, que bebe de los grandes maestros de nuestra literatura, así como de los extranjeros (hay ecos de la Nouvelle Vague, trabajada por Françoise Sagan). Se atisbaba a un autor prometedor que esta vez cumple las expectativas.

Su nueva entrega: «Crónica del coeficiente intelectual» consta de dos novelas cortas acerca de las vicisitudes de la adolescencia y la juventud, y una ulterior mirada a esa época desde la adultez. Hay toques de nihilismo como si se tratara de un Bret Easton Ellis sin su interés por escandalizar. Al contrario, en la obra de Villarán Raffo se trata de encandilar al receptor, no obstante, se muestra un universo donde la existencia mueve a los individuos como plumas al viento y hay hechos que los marcan. Su primer amor, la ausencia de la familia, el valor de la amistad, su iniciación a la sexualidad, los excesos y la energía de esa época dorada del chico-adulto que desea crecer con rapidez, aunque, al mismo tiempo, se queda entrampado en una etapa de la que es difícil despegarse debido a eventos muy puntuales que lo marcan. De esta forma, existe una armonía entre las dos historias, en las cuales el personaje principal se llama Manuel, aunque no parece haber relación entre ambas, ya que una se desarrolla en un ruidoso ambiente de clase alta y la segunda en el ámbito estudiantil.

«La kermés» implica una serie de acontecimientos en torno a un grupo amical que es parte de un concierto. Se explica bien el mundillo del rock, las contingencias que implica tener una banda musical (el sueño de muchos niños y adolescentes), un espacio idílico que, pese a algunos escollos, logra construirse y destacarse. Luego Manuel y sus compañeros van a una fiesta en una casa de La Planicie, y allí ocurre de todo, desde amoríos, encuentros casuales, peleas verbales y físicas, etc. Esto es un muestrario de la decadencia adolescente de los años noventa, la cual, según parece, persiste hasta hoy, con la diferencia de que en estos tiempos contamos con una tecnología que, en apariencia, luce ilimitada. Los rasgos psicológicos del narrador en primera persona son bien concebidos, somos parte de ese jolgorio, de ese viaje al cual el autor nos lleva. Es fácil ver, como dije, la falta de un modelo parental que indique la ruta a seguir, los muchachos van a tientas, sufriendo y entendiendo la vida con el lenguaje de la vara, una que aporrea muy fuerte al portarse mal; no obstante, no hay lecciones de ética ni moralidad, lo potente de esta novela corta es que es el retrato fiel de una sociedad que corre como un auto de carreras y sabe que no existe el peligro de que se estrelle, pero sí de que se pierda de muchas cosas en el camino: su gracia.

Gracia, en el sentido de brillo, lozanía. Cosa que vemos de un modo tan estilizado como en la primera novela corta, en el segundo relato: «Crónica del coeficiente intelectual», ya que aquí se toca el tema de la pérdida de la inocencia, debido a la inseguridad ciudadana, en un entorno de los años ochenta, donde el protagonista, Manuel, se percata de que no puede ser un héroe como en la película «Duro de matar» y debe enfrentar su realidad, como un chico que lucha por darse un espacio en el ámbito familiar para darse cuenta de que existe (si está vivo para sus padres y hermanos, está vivo para él mismo). Esta es una novela corta de aprendizaje donde están presentes algunos temas del crecimiento y la maduración a la mala, que es inevitable, y durísima si no se tiene una guía adecuada. Un encuentro sexual furtivo, lidiar con la chica amada (quien es tan cercana como distante) y, sobre todo, la gran pesadilla que representan los estudios escolares, en algunas materias como las Matemáticas, que a muchos nos siguen provocando pesadillas. El título de este relato está bien puesto. Se entiende que Manuel intenta resistir, mas no sobresalir, y todo llega a un punto intolerable cuando aparece el test de coeficiente intelectual, lo cual indica que muchos chiquillos no son tontos o tienen déficits, sino que tienen habilidades para otras cosas y el sistema educativo no está acondicionado para estas miradas, pero esta historia es aún más compleja.

Las dos historias son buenas entregas, tanto en su ejecución como la radiografía que hacen del ser humano y ratifican las dotes de gran narrador que tiene Villarán Raffo. Aquí, más que tramas intrincadas, suspenso, o retrato de una época, se nos señalan senderos por los que transitan los personajes; son novelas de seres humanos, muy jóvenes y vulnerables, allí destacan sus emociones, las cuales saltan de las páginas y nos tocan, a pesar de ser relatos y no novelas. Tienen la extensión adecuada y se nota la evocación y tristeza, expresa en el primer texto, latente en el segundo. Sin duda, un aspecto que rescato, particularmente de la primera historia es esa perspectiva hacia el devenir que luce nebuloso, pero que llegará en poco tiempo, porque la juventud es breve, divino tesoro, y el coeficiente intelectual a veces no tiene que ver con la forma en que nos comportábamos cuando chicos, sino (viéndolo como adultos) con que hay seres cuales sombras, tratando de hallar el cuerpo de un hombre.

Carlos Enrique Saldívar
Carlos Enrique Saldívar (Lima, 1982). Terminó la carrera de Literatura en la Universidad Nacional Federico Villareal. Codirector de la revista virtual El Muqui. Administrador de la revista-blog Babelicus. Publicó los libros de cuentos Historias de ciencia ficción (2008, 2018), Horizontes de fantasía (2010), El otro engendro y algunos cuentos oscuros (2019) y El viaje positrónico (en colaboración con Benjamín Román Abram, 2022). Compiló: Nido de cuervos: cuentos peruanos de terror y suspenso (2011), Ciencia Ficción Peruana 2 (2016), Tenebra: muestra de cuentos peruanos de terror (2017, 2018, 2021, 2022), Muestra de literatura peruana (2018), Constelación: muestra de cuentos peruanos de ciencia ficción (2021) y Vislumbra: muestra de cuentos peruanos de fantasía (2021). Coordinó la antología Unicornios decapitados (2023, está en Lektu para descarga gratuita).

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