Eloy Jáuregui (1954-2024)

Hace una semana y apenas empezando el 2024 nos dejó el poeta y gran cronista Eloy Jáuregui, responsable de algunos de los retratos más impresionantes de una Lima en constante transformación.

Publicado

14 Ene, 2024

Escribe José Carlos Yrigoyen

Eloy Jáuregui hablaba de la bacteria del ritmo, contagiosa y exultante, que lo invadía ni bien ingresaba a los antros de Surquillo o del centro de Lima. De ellos fue su mejor escriba, personaje emblemático y en los que su verba era ley. Jáuregui afirmaba la existencia de esa bacteria que se coló en su prosa, barroca y venérea, habilitada por un talento curtido para emular ciertas alturas lezamianas y acto seguido mirar al lumpen a los ojos con una pregunta -cálido, irreverente estilete- y una franca sonrisa de complicidad. El ritmo de Jáuregui resulta difícil de seguir porque es auténtico, como él mismo escribió acerca de un local de cumbias alevosas disuelto en el éter de los tiempos. Sus giros expresivos y sus imágenes sensuales, hiperbólicas, eran directamente sonsacadas de las noches clandestinas de un país mutante que entendió como nadie, en su momento y en su lugar. Esa lucidez es la que distingue a los verdaderos poetas de quienes no lo son. Y donde Jáuregui se mostró como mejor poeta fue en sus crónicas, algunas de las cuales están entre las más brillantes que nos ha deparado el género en el Perú, sin dudas ni acotaciones.

Jáuregui en la biblioteca Mario Vargas Llosa, de la Casa de la Literatura Peruana.

Y es que Jáuregui nació con la palabra rodeándolo, dándole un alma. Su padre, don Néstor, era dueño de un surtido quiosco en el Parque Universitario, frecuentado por jóvenes universitarios que adquirían libros de poesía y otras novedades literarias. Así conoció a esa irrepetible turba de jóvenes iluminados e indignados llamada Hora Zero y los siguió desde la etapa escolar hasta convertirse en uno de sus miembros históricos. Ahí conoció el canto de las tabernas, el inagotable atractivo de la marginalidad, las costuras de un sistema que no tenía derecho a reclamar nada a quienes había apartado hasta esas calles de eterna periferia. Ahora que ya no está, de la cúpula horazeriana solo queda Jorge Pimentel, exiliado en su soledad invicta.

«García Márquez nos compró una casa» contó una vez, entre risas, por las enormes ventas que tenía la novela del Nobel colombiano en la librería de su padre, en el centro de Lima.

Eloy fue excesivo porque para defenderse del Perú hay que estar dos pasos adelante de sus arrebatos e incontinencias. Enfrentó la desolación nacional y la convirtió en una salsa brava que todos, incluso los descoordinados, podían bailar con convicción. El tiempo, que todo lo pone en su sitió, no hará mella en su libro mayor, “Usted es la culpable”, colección de las crónicas que publicó en los noventa, su década admirable. Contiene textos dedicados a Ferrando, a Chacalón o a Camilo José Cela que son alardes de un tipo que era -el término es de Sarduy, flamboyante hermano gongorino-, un millonario del lenguaje. Con pesos pesados tan diversos pudo liarse sin magulladura que se recuerde. Porque Eloy era un periodista de lo que ya restan pocos. Fue príncipe de la bohemia, y por eso mismo culto e informado, listo para asumir su profesión como un espacio donde el hallazgo estético es un riesgo latente, donde el conocimiento de la vida y de los libros origina artefactos que la rutina no matará.

Eloy Jáuregui en el «Salón Hora Zero» del Bar Queirolo, en el centro de Lima. Un clásico.

Quizá el progreso y el confort nos han vuelto demasiado asépticos, y por eso Eloy era necesario, porque fue historiador y testigo privilegiado de una época donde la picardía era bálsamo y donde la solidaridad y la ternura no habían sido vaciadas de significado. Por eso leer sus crónicas tiene tanto sentido. Por eso se le va a extrañar.

José Carlos Yrigoyen nació en Lima en 1976. Es autor de los poemarios: El libro de las moscas (1997), El libro de las señales (1999), Lesley Gore en el infierno (2003), y Horoskop (2007). Ha publicado los documentales Poesía en rock: una historia oral, Perú 1966-1991 (2010) y Crimen, sicodelia y minifaldas: un recorrido por el museo de la Serie B en el Perú 1956-2001 (2014), junto a Carlos Torres Rotondo. Y las novelas: Pequeña novela con cenizas (2015); Orgullosamente solos (2016) y Mejor el fuego (2020).

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