Círculo de Lectores
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Gay Talese, el cronista de los «Don Nadie»

Gay Talese, uno de los padres del Nuevo Periodismo Norteamericano, se reencuentra con la mítica ciudad y reconstruye las historias canónicas que lo hicieron universal.

Escribe Luis Eduardo García

Gay Talese, el último sobreviviente del Nuevo Periodismo norteamericano tiene 93 años y sigue activo. El 2023 se publicó, cuando tenía 91 años, este libro híbrido, una suerte de memorias profesionales, apuntes de oficio o crónicas autobiográficas sobre su labor, primero como reportero y luego como cronista y perfilador, de primerísimo nivel.

El 2003, con ocasión del 70 aniversario de la revista ‘Esquire’, los editores y lectores de esta escogieron su popular perfil ‘Frank Sinatra está resfriado’ (publicada en la revista en 1966) como «la mejor historia jamás contada» en ese medio. Y yo diría que en muchos otros. La otra historia «jamás contada» que le pertenece es ‘Nueva York, una ciudad de cosas inadvertidas’, una crónica modélica publicada por primera vez en 1969, un texto que los profesores de periodismo narrativo nunca nos cansamos de recomendar y nuestros estudiantes de leer. ¿Qué atributos debe reunir un texto periodístico para convertirse en canónico? Para empezar, creo, debo estar escrito según su inconfundible estilo.

¿En qué consiste el estilo Talese, si lo hay? Claro que lo hay. Los especialistas han destacado varias características que yo suscribo: la profundidad en la investigación (aunque esto era común en el Nuevo Periodismo), los detalles (registro de manías, movimientos, hábitos de los perfilados), el enfoque en el ser humano (especialmente en los ´donnadies´), el estilo narrativo (Talese es un novelista consumado en la construcción de escenas) y la observación empática (su manera peculiar de acercarse a los protagonistas sin generar su rechazo). Yo añadiría dos cosas más: su confianza en la entrevista face tu face (nada de usar el teléfono o las redes sociales para realizar entrevistas, el cara a cara revela mejor las emociones y los estados de ánimo que luego describe con maestría) y un lenguaje elegante como los trajes que lleva de desde niño. Según Talese, es su manera de trascender, de enfrentarse con dignidad a las cosas corrientes de la vida.

Gay Talese
Gay Talese en Nueva York en 1982

Y así como hay un ‘estilo Talese’ también hay un ‘método Talese’ de recojo y redacción de la información. Lo ha descrito varias veces y consiste en usar tiras de cartón recortadas de los empaques en las que vienen las camisas, sobre las que garabatea a diario, y con bolígrafos, comentarios personales, quejas y escenas. Luego las lee en casa, elimina lo innecesario, las subraya con rotuladores, las coloca en una pared siguiendo flechas multidireccionales sobre una pared y, listo, y ya tiene así “un cuadro dividido en escenas del artículo” que escribirá, es decir, un borrador, un panorama de lo que publicará.

Hace años leí ‘Vida de un escritor’, la autobiografía de Gay Talese, en la que contaba cómo es que el hijo de un sastre y una modista de origen italiano había logrado remontar los prejuicios de la época y, sobre todo, la indiferencia de su entorno, para convertirse en un redactor estrella en ‘The New York Times’ y colaborador leyenda de revistas como ‘The New Yorker’, ‘Time’, ‘Esquire’ y ‘Harper’s Magazine’. Allí, en esa autobiografía voluminosa, se contaban historias familiares, los pormenores de su vocación y su ascenso periodístico y, fundamentalmente, cómo había llegado desde joven a la convicción de que lo mejor que podía hacer en la vida es contar una historia. Una historia real, se sobreentiende.

En ‘Bartebly y yo. Retratos de Nueva York’, Talese recoge episodios de su biografía como cronista y perfilador y se centra en tres temas fundamentales. El primero, el detrás de cómo se documentó y escribió ⎼ luego de largas de Frank Sinatra, múltiples encuentros frustrados con testigos y su propia renuencia a escribir sobre un ‘famoso’⎼ su célebre ‘Frank Sinatra está resfriado’. El segundo, la forma en que elige para sus temas a ‘donnadies’, personajes sin poder, los barteblys modernos, los mudos sin palabras o los marginales cuyas vidas merecen ser contadas (“En otras palabras: amigos, parientes, sirvientes, parásitos y una tropa de individuos relativamente secundarios que, como yo he indicado repetidas veces, siempre han constituido mis fuentes principales de información y conocimiento […] Con muy raras excepciones, ninguno de estos sujetos habría sido considerado digno de un obituario por un editor de no estar conectado con Sinatra, pese a lo cual, en su conjunto me habían ayudado a escribir sobre él sin tener que tratarlo personalmente”). Y el tercero, la manera en que procede para contar la historia de un médico que antes que pagarle a su exesposa los 4 millones de dólares que decretó un juez prefirió hacer estallar su casa con él dentro. Es una crónica muy aleccionadora en la que despliegan las mejores virtudes de su escritura.

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En la primera y segunda parte del libro (de los capítulos 1 al 25) Talese desarrolla su cocina, usando, como dije, la manera en que investigó documentó y redactó el famoso perfil de ‘The voice’ de Nueva York. El relato incluye lecciones de cómo preguntar, cómo escabullirse a los lugares donde uno no está invitado y cómo y dónde anotar datos claves sin despertar las sospechas de los demás. En estos detalles Talese es pródigo y ameno. La tercera parte es el relato propiamente dicho del médico que prefiere matarse antes que ceder a una resolución judicial.

La prosa, los recursos y procedimientos narrativos, de Gay Talese son de primera calidad, lo cual nos confirma, al menos a mí, que el periodismo -el narrativo- sigue siendo un género de la literatura. La primera sesión del próximo semestre ya sé que les daré a leer a mis estudiantes de periodismo que aman las crónicas y los perfiles bien escritos. Allá vamos.

Luis Eduardo García
Luis Eduardo García (Chulucanas, Piura, Perú, 1963) Poeta, narrador y periodista. Es docente de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Privada del Norte de Trujillo. En 1985 ganó el VI concurso “El poeta joven del Perú” y en el 2009 el Tercer Premio del Concurso Internacional Copé de Poesía. Ha publicado cuatro libros de poesía: Dialogando el extravío (1986), El exilio y los comunes (1987), Confesiones de la tribu (1992) y Teorema del navegante (2008); dos de cuentos: Historia del enemigo (1996) y El suicida del frío (2009); y uno de crónicas, ensayos y entrevistas: Tan frágil manjar (2005). El lugar de la memoria (2023) premio de novela breve del BCR. Mantiene desde 1986 una página de reseñas y comentarios literarios en el suplemento dominical del diario La industria de Trujillo.

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