La Muerte de Iván Ilich, de Lev Tolstói

En esta novela corta, Tolstói narra la historia de Iván Ilich, un hombre que procuró para sí mismo una vida “cómoda, agradable y decorosa” y cómo sólo ante la inminencia de la muerte se cuestiona si vivió su vida como debía o no.

Escribe Erik Díaz Sandoval

“La historia de la vida de Iván Ilich había sido sencillísima y ordinaria, al par que terrible en extremo”, nos dice Lev Tolstói, al empezar a contarnos la vida de quien supo forjar una carrera profesional segura, aunque sin demasiado éxito; mantuvo las relaciones sociales necesarias para pertenecer a la clase acomodada, aunque no a la élite; y contrajo matrimonio y formó una familia pero sin que el amor sea el pilar de aquel. En suma, de quien priorizo la seguridad material, las apariencias y las formas y convenciones sociales.

Iván Ilich vive convencido de que está viviendo como debe hacerlo, seguro de la importancia de su desarrollo profesional en la administración pública rusa, la bonanza material y disfrutar mesuradamente de los placeres de la burguesía: “Los deleites de su trabajo oficial eran deleites de la ambición; los deleites de su vida social eran deleites de la vanidad”.

Debido a dicha seguridad y a su aparente bienestar, Iván Ilich no puede comprender ni mucho menos aceptar la rara y dolorosa enfermedad que empieza a padecer intempestivamente y trata de aferrarse a la esperanza de su recuperación; sin embargo, la enfermedad avanza rápida e indefectiblemente.

León Tolstoi y su profunda visión de la condición humana.

Conforme su estado se va agravando, Iván Ilich se va dando cuenta de la falsedad de las personas que lo rodean, incluyendo a su propia esposa y a su hija, quienes son incapaces de sentir verdadera compasión por él; y entonces a su dolor físico se le suma -más intenso y profundo incluso- el dolor moral.  Únicamente Gerasim, uno de sus criados, es capaz de compadecerlo y atenderlo con humanidad, por lo que solo en su compañía Iván Ilich puede sentirse comprendido en su dolor.

Solo cuando es consciente de que su muerte está próxima, Iván Ilich empieza a darse cuenta de que sus verdaderas alegrías sucedieron solo en su infancia y que luego de ella no las hubo. No obstante ello, solo es en los últimos instantes de su vida en que Iván Ilich se dice “Sí, no fue todo como debía ser” y rompe a llorar mientras observa a su menor hijo que también llora a la par que toma y besa la mano de su padre; siente compasión por este hijo -y también por su esposa-, comprendiendo que su larga agonía los atormenta, y recibe la muerte como una liberación.

Magistralmente, esta novela breve nos conmina a reflexionar sobre el sentido de nuestras propias vidas; sobre cómo estamos viviendo y hasta qué punto la priorización de lo material, las apariencias y las convenciones sociales obstaculizan o limitan nuestro libre y auténtico desarrollo personal y social. Para finalizar, es importante resaltar que para el gran autor Vladimir Nabokov La muerte de Iván Ilich es la mejor novela de Lev Tolstói.

Erik Díaz Sandoval es abogado de la PUCP. Comparte su tiempo entre el ejercicio del Derecho y la lectura.

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