Reseña: “Fundación”, último poemario de Lorenzo Helguero

Dic 23, 2020

Escribe Paolo de Lima*

Surgido a inicios de la década de los noventa, Lorenzo Helguero (Lima, 1969) es autor de una reconocida obra que comprende la poesía, el cuento y la novela, y que ha merecido premios como los Juegos Florales de Poesía de la Pontificia Universidad Católica o el Premio de Novela del Banco Central de Reserva. A propósito de dichos Juegos Florales, quiero empezar recordando una entrevista publicada el domingo 24 de noviembre de 1991 en la que por entonces era una muy leída sección del diario El Comercio llamada Mundo Joven. Esta sección, la sección G, era un apartado específico del periódico, al mando de los periodistas Jackie Fowks y Mario Sifuentes, en la cual la joven cultura limeña y peruana en sus múltiples manifestaciones aparecía ampliamente reportada. La entrevista, realizada por Sifuentes, se publicó en la primera página y parte superior de la sección con el título de “Irrupción de la palabra”, y en ella el periodista daba cuenta de las opiniones de los ganadores de los Juegos Florales PUCP 1991 en las áreas de Poesía y Cuento. Además de Helguero, son entrevistados en la nota dos autores que posteriormente se harían merecedores al Premio Nacional de Literatura en 2017 y 2018 respectivamente: Miguel Ildefonso, quien obtuvo el segundo puesto (obtendría el primer lugar en la versión de 1995) y Marco García Falcón, ganador en la categoría de cuento.

            Pero ¿con qué poemas ganó Helguero estos Juegos Florales? Con un breve libro que ha permanecido inédito hasta el día de hoy: Hacia el mito, “diez sonetos enlazados por la temática griega” en los que “da cuenta de asuntos mitológicos no con la intención de relatar lo que cuentan Hesíodo u Homero, sino cambiando las relaciones de los personajes y sus desenlaces en las mismas leyendas clásicas”, según anota Sifuentes. Vemos, pues, que el novísimo autor Helguero hacía gala de una huella propia de su poesía y que es parte esencial de la gran literatura en general: la recreación intertextual de las obras clásicas.

Precisamente, el primer libro que publicaría Lorenzo Helguero en 1993 exploraría el género poético desde el soneto endecasílabo bajo el título de Sapiente Lengua. Y a propósito de este libro suyo, y de uno segundo aparecido ese mismo 1993, me refiero a los poemas en prosa de Boletos, encontramos una nueva entrevista en la mencionada y valorada sección Mundo Joven del diario El Comercio. La nota, de Verushka Villavicencio, se titula “Más que un juego de palabras”, y en ella Helguero apuntaba una perspectiva de descreimiento frente al mundo como eje de su segundo libro Boletos: “El eje de mi libro es el descreimiento de muchas cosas, reniego del mundo y lo presento como un absurdo total”, sentenciaba. Y añadía lo siguiente: “He pretendido que este fuera un libro divertido pero que también trascienda, que sea más que un juego de palabras porque detrás de ellas hay mucho de mí; el ser poeta te hace sentir de diferente manera y eso es perjudicial porque cuestionas tu trabajo y aunque decidas dejarlo algo superior hace que continúes buscando”. Y aquí recojo una segunda idea muy presente en Fundación: la sensación de desolación y acabamiento absoluto, que ya se expresaba en esta idea de descreimiento, y la visión personal e intransferible del mundo (“ser poeta te hace sentir de diferente manera”). Boletos posee a su vez otra característica indesligable a la obra toda de Helguero. ¿Cuál es? “El vértigo de las vanguardias con la modulación de los clásicos”, como ha escrito Juan Carlos Galdo en su prólogo a Fundación, poemario en el que Helguero, con un formato clásico, y desde un panorama apocalíptico, reflexiona con sabiduría y lucidez sobre nuestro mundo actual.

Fundación amalgama recursos expresivos a una visión profunda de la vida humana y la literatura. Si en un año como 1991, de pestes, muertos y desaparecidos, Montserrat Álvarez en Zona dark proclamaba “somos la generación del fin del mundo”, hoy 2020 de cuarentena y pandemia mundial, y siguiendo la tradición del T. S. Eliot de La tierra baldía (1922), Helguero da cuenta de un presente en el que “Desolados caminamos / por este oscuro camino / de palabras y de insomnios / y de sueños asesino / sin albores ni esperanzas / ni dulces ensueños líricos. / Somos la desolación, / el desamparo infinito, / y entre vapores de alcohol / desgarrados escribimos” (30).

En una reseña publicada en el semanario Caretas, Ricardo González Vigil ha destacado el “diálogo central” que Helguero efectúa con el Martín Adán de La rosa de la espinela y Travesía de extremares. Quiero mencionar por mi parte otros poetas peruanos que resuenan desde mi lectura: José María Eguren (macabras danzas, cazadores de figuras), Luis Hernández (“palabras somos, / y horrísona voz seremos”) y Javier Heraud en el poema III. Existe una huella o herencia de desolación a lo largo del recorrido de lectura de Fundación que, y aquí reside la propuesta que el poemario nos plantea, no apaga el libro. Con magnífica sapiencia, Helguero parte de esta herencia o constatación para conducir su discurso poético hacia la reivindicación de aquello propio al ser humano, el lenguaje, y su materialización en el poema y la “ciudad nueva”, clave de su discurso ético y literario.

Fundación, Lorenzo Helguero / ACUEDI Ediciones. Lima, 2020. 42 pp.

* Publicado originalmente en Espinela N° 8, noviembre 2020, pág. 107.

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