Los paraísos marginales de Rafael Inocente

"No todas van al paraíso" es el último libro del escritor peruano Rafael Inocente. Un mundo que se nos abre con sus oscuridades y realidades.

Escribe J. Miguel Vargas Rosas

Hace buen tiempo que leí el conjunto de cuentos titulado “No todas van al paraíso” (Ed. Altazor, 2013) de Rafael Inocente, y en ese momento posteé lo interesante que me resultó su lectura, sin tener la necesidad de explayarme más, conque aquí daré a conocer el porqué de ese post. Y es que Inocente, dotado de un realismo similar al de Ribeyro —por no decir de un realismo aún más crudo que el de Ribeyro— explora el mundo de la juventud peruana, de esa masa de jóvenes provenientes de las provincias que, asilados en la capital peruana, enajenan su espíritu, sometidos por el régimen capitalista; limitados o aplastados por los constructos sociales que bullen en los estratos sociales más elevados de esta ciudad, los cuales —dicho sea de paso— son los que rigen y controlan los hilos de la economía del país.

Desde el lado estético, destacaremos su prosa poética enriquecida con el llamado “estilo directo” del discurso que no solo se observa en la expresión oral de los personajes, sino también en el lado subjetivo de estos, con el fin de mostrar una interrelación entre lo objetivo y subjetivo influenciándose mutuamente. De esta manera, los diálogos dan a conocer la personalidad de sus personajes, a través de la polifonía. Además, la filosofía aplicada por Inocente es una poesía enriquecida por el análisis dialéctico de la realidad y de la subjetividad de los elementos sociales que desfilan por sus narraciones. Entonces, varios cuentos se tornan una critica sagaz contra el pensamiento pequeño burgués de la urbe limeña y también contra los “comunistas” de bares, donde el nivel de sátira y crítica mordaz llegan a un nivel muy alto. Las técnicas literarias modernas son utilizadas, pero de manera sencilla para no caer en el tedio o en el abuso excesivo de los mismos, diferenciándose de otros narradores que suelen emplearlas innecesariamente y las utilizan con ínfima calidad.

Portada de la novela publicada en Altazor

La narrativa de Inocente se alza como una muestra contundente de que la literatura puede ser un arma, una crítica, un grito o un golpe sin dejar de ser leída con fluidez ni caer en el tedio, tomando algo de las características del lenguaje empleado en los llamados “bestseller’s”. A esto —los “bestseller’s”— se asoma más el cuento que le da el título al libro, pues entra en el mundo de las adolescentes que aspiran surgir en una sociedad que se les hace hostil, y la presión del sistema las conduce a considerar sus cuerpos como una mercancía más, intercambiable. La encrucijada de la adolescente, protagonista de la historia, es someterse a la idiosincrasia de los estratos más ostentosos o volver a ser una nada, una simple nada, marginada por el sistema y por grupos de la sociedad que, en cierta forma, son corrompidos por los medios masivos de comunicación que controlan los grupos de poder. Esto me recuerda a las temáticas de antes, tratada muy bien por la prosa-poética de Vargas Vila en Flor de Fango por ejemplo y otros cuentos del colombiano, donde la honorabilidad es preferible para ciertos y escasos personajes.

Vale decir, que el eje temático en el que se suscriben todos los cuentos o la mayoría de ellos, no hace que el escritor caiga en el “naturalismo literario” pues sabe identificar la diferencia de clases y en cuál de ellas está la esperanza y a cuál otra le pertenece la derrota, dejando entrever su compleja política en el relato titulado “Mi patria en mis zapatos” donde a la vez repasa brevemente sobre la época de la guerra interna que sacudió el Perú.

Rafael Inocente (de polo blanco), en reunión con el poeta Rodolfo Ybarra y el gran escritor peruano Miguel Gutiérrez.

Todas estas particularidades de la narrativa de Inocente me resultan de sumo interés y con muchos recursos positivos que rescatar. Me resultó incluso más crudo que Ribeyro porque utiliza el propio sociolecto de la juventud actual —aunque más recatado que el empleado por Reynoso—, con la cual describe la realidad de estos mismos como constructos —en tanto influenciados por las relaciones de producción— sociales.

—Sabes que quiero aprender a bailar huayno, compadre…

—No me jodas, no me digas que no sabes.

—¿Qué?, ¿te parece raro?

— ¿Raro? Mmmmm…. No, a decir verdad, no es raro que los hijos de serranos que viven en Lima no sepan bailar huayno. Tienes razón. No es raro.

(…)

— Quiero aprender, cuñao, pero para serte franco, me da vergüenza.

— ‘Ta que eres huevón, compare. ¡Vergüenza!». (Inocente, p. 23-24)

Esta vergüenza por sus raíces que los convierten en integrantes de una cultura original, es lo que prevalece en una considerable parte de la sociedad peruana, quienes quieren evitar verse abrumados por el proceder discriminatorio de la capital, con lo cual queda sentado que el Perú es un país centralizado. Por lo tanto, “No todas van al paraíso” no solo es un simple y sencillo libro para adolescentes y jóvenes que tiene algo del estilo de la novela “Ejercicio de supervivencia”, sino también una representación de la realidad social, bosquejando así una interpretación sociológica de manera sutil y que nos muestra una narrativa preocupada no solo por la individualidad, sino por la individualidad remecida y que remece a la colectividad.

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