Luis Alejandro Ordóñez y «El último New York Times»

Formar escritores nuevos en español en las segundas y terceras generaciones de latinos es la tarea que tenemos por delante, El último New York Times, de Luis Alejandro Ordóñez es una muestra de ello.

Publicado

2 Mar, 2024

Escribe Pedro Medina León

Los últimos cinco o siete años la literatura que se escribe en español en Estados Unidos viene encontrando un camino que antes le era esquivo. Muchos son los sellos editoriales independientes que han surgido en New York, Chicago, Washington, Ohio, Miami, Texas, que buscan crear un espacio para la cada vez mayor oferta de autores. Y lo mismo ocurre con la actividad cultural: prácticamente cada mes hay un evento, no menor, en los puntos ya mencionados y en otros más como Virginia, Georgia o North Carolina. Dentro de este contexto, algunas firmas empiezan a destacarse; es el caso del narrador de origen venezolano Luis Alejandro Ordóñez, cuya firma ya es habitual en los medios culturales y festivales.

Luego de unos años en Chicago, lugar en el que publicó su primer libro de cuentos, Play, Ordóñez se mudó a Miami, donde ha publicado El último New York Times, libro en el que apuesta por la brevedad de la nouvelle, y presenta una historia que se desarrolla entre Manhattan, Cleveland, Chicago, Caracas y Lisboa, sobre una de las excentricidades –o mitos- del magnate Rockefeller y el periódico que se elaboraba específicamente con las noticias que él quería leer. Hace algunos días tuve la oportunidad de conversar con el autor sobre su obra y visión actual de la literatura en nuestro idioma, en Estados Unidos.

Si bien en el libro esbozas tu proceso de investigación o documentación para darle forma a la historia, cuéntanos cómo surge tu interés por indagar en la vida de Rockefeller. Cuál fue el detonante que te llevó a decir aquí hay una historia que contar.

Desde que leí la anécdota del periódico de Rockefeller en la novela de José Saramago, El año de la muerte de Ricardo Reis, quise ver ese periódico. Fue un interés inmediato. Es una historia que surgió de leer otra historia, eso en particular me gusta del origen de El último New York Times.

En tu novela apuestas por la forma breve, la nouvelle, que cada vez cobra más fuerza en estos tiempos. Por qué te planteaste este registro y no el convencional.

Me gusta el tiempo de la novela corta, me gusta su intensidad, pero también en las historias que suelo contar le doy más importancia a la situación particular que viven los personajes que a su recorrido de vida o a su ambiente, por eso la novela corta se me da de forma natural.

Portada de la última novela de Luis Alejandro Ordóñez.

El libro está compuesto por tres partes, las dos primeras nos presentan la historia, mientras que la tercera está narrada en primera persona y se entiende que tu voz está detrás de ese narrador, contando de alguna manera el backstage de las anteriores. Por qué decides incluirte y dar un cambio tan radical en la estructura de la novela.

Las dos primeras partes nacieron de manera si se quiere antagónica. El último New York Times en mi cabeza primero fue en exclusiva la primera parte, luego la segunda. En algún momento entendí que una vivía con la otra pero no encontraba una manera que me resultara convincente de que ambas historias se enlazaran, porque aunque sean del New York Times de Rockefeller, son independientes entre sí. Entonces me di cuenta de que lo que las unía era el proceso y que el proceso era la tercera historia. La primera parte es sobre el hecho de escribir, por eso para mí la segunda y la tercera parte tienen más que ver entre sí que la primera porque ambas son sobre la fascinación por leer: en este caso una especie de periódico prohibido, uno al que no se puede acceder.

Cuál fue el mayor reto que enfrentaste en el proceso de escritura de El último New York Times

Fueron dos. Primero, el ajuste de expectativas, en la medida en que me encontraba con callejones sin salida tenía que replantearme la historia y muchas veces me pareció que mejor la archivaba en la carpeta de los proyectos abandonados. Luego, cuándo detenerme; estaba escribiendo la historia de una búsqueda sin el resultado esperado, entonces decidir que ya había sido suficiente, que ya la pesquisa era convincente se volvió un punto crucial del proyecto. 

Tu obra anterior es Play, un libro de cuentos, qué relación sientes que existe entre este y El último New York Times desde tu escritura, es decir: qué elementos u obsesiones, como escritor, te han interesado explorar en ambos libros.

La transmisión de la historia. Me interesa siempre el cómo la historia llega a nosotros, cómo comenzó a contarse, cómo se ha contado, cómo se cuenta, por qué se cuenta. En Play hay un video o una grabación como elemento, en El último New York Times incluí la búsqueda que hice de ese periódico. La voluntad de contar es parte de la gran mayoría de las cosas que escribo.

Vives hace diez años en Estados Unidos, antes en Chicago y ahora en Miami. ¿Qué te trajo a Miami y cómo te ha tratado la ciudad?

Me es más fácil decir qué me sacó de Chicago: el frío, si el clima fuera un poco más benigno todavía viviría allá. La decisión de venir a Miami, en todo caso, se mostró la correcta apenas con unos días de estar aquí. Desde el punto de vista de mi escritura, Miami amplió el megáfono, no solo por el tamaño de la comunidad latina en general y la venezolana en particular, sino por que los proyectos culturales suelen tener en cuenta la condición de Miami como capital de Latinoamérica. Un ejemplo es la Feria del Libro, que es una buena síntesis del año editorial hispanoamericano, también del anglo pero lo que la diferencia de otras ferias del libro en Estados Unidos es precisamente lo robusto de su componente en español. Pero volviendo a mi escritura y al proceso creativo, todavía Chicago aparece más en mis historias que Miami, quizás me falten aún un par de años o vivencias para que eso cambie.

El Doral y Weston son quizá el bastión de los venezolanos en Miami (aunque Weston no pertenezca a Miami). Pero hay más, mucho más, esas ciudades son solo la puerta de entrada. Es común incluso escuchar que la comunidad venezolana es “la nueva comunidad cubana” de Miami. ¿Cuál es tu percepción al respecto? ¿Consideras que en Miami se está escribiendo el capítulo venezolano?

Creo que ya hay masa crítica para ello. No conozco los números, pero no me extrañaría que la comunidad venezolana comience a competir con la cubana en términos de cantidad. La relación de Venezuela con Miami es muy larga. La película y la canción “Adiós Miami” que hablaban de las consecuencias de la primera gran devaluación de la moneda venezolana, son de 1984 (el coro de la canción dice cosas como “terruño te añoro, Miami te adoro” y “qué triste un domingo sin Miami Beach”). En la Miami actual conviven venezolanos que tienen 40, 30, 20 años viviendo en la ciudad; venezolanos que tenían 40, 30, 20 años visitándola regularmente pero solo ahora se instalaron de forma permanente; y venezolanos que están llegando en mucha cantidad en los años recientes. Para centrarnos solo en el aspecto que me es más cercano, en términos creativos la comunidad venezolana vive en estos momentos una interesante tensión entre los intentos de replicar lo que se hacía en Venezuela y los intentos de hacer algo nuevo o autóctono. No sé cuál será el resultado, pero creo que para escribir el capítulo venezolano de Miami esa tensión tiene que estar más resuelta.

¿Podrías compartir con nosotros tu visión sobre el panorama actual de la literatura que se escribe en español en Estados Unidos? ¿Te parece que ha evolucionado desde que emigraste de Venezuela? ¿Eres optimista al respecto?

En términos personales, yo soy muy optimista y estoy muy agradecido con todo lo que me ha sucedido respecto a mi quehacer literario en este país. Más que evolución yo diría que acá he vivido una especie de profesionalización. En Venezuela yo era politólogo y escribía, aquí soy escritor, por diferentes circunstancias todo lo que hago está en la órbita de la literatura o no le roba atención a escribir, no así en Venezuela donde muchas de mis actividades competían directamente con trabajar en mi escritura o con pertenecer a la comunidad literaria del país.

En el aspecto más amplio, Estados Unidos es un país inmenso que funciona muy localmente, al menos es lo que he sentido en la escena literaria. Los escritores conquistan la escena de su ciudad y visitan la escena literaria de otras ciudades hasta que logran acceder a unos espacios que se consideran nacionales, bien sean ciertas revistas, ciertas editoriales, ciertas librerías influyentes. La literatura en español en Estados Unidos no escapa de eso, la escena nacional no puede inferirse de la escena de una ciudad y tampoco es la suma de cada escena. Yo he tenido la suerte de vivir en dos ciudades donde la escena literaria en español es muy vibrante, primero Chicago y luego Miami, y a juzgar por lo que he vivido hay mucha vitalidad, muchas propuestas interesantes, grandes escritores, buenos proyectos, pero con un problema, dependen en mucho de la migración, de los que llegan pero también de los que se van (por ejemplo, tres de los mejores escritores con los que tuve oportunidad de trabajar en Chicago, regresaron a sus países y eso los volvió a convertir en escritores mexicano, dominicano y peruano, respectivamente). Eso se refleja directamente en la tensión de la que hablaba en el caso de la comunidad venezolana. Pero también en el tipo de lectores que tenemos, nos leen los que llegan, no sé si nos leen los que se van. Formar lectores y escritores nuevos en español en las segundas y terceras generaciones de latinos es la tarea más importante que tenemos por delante.

¿Crees que se hace un tipo de literatura adentro de Latinoamérica, distinto al que se está escribiendo por los latinoamericanos en el extranjero? – Fernando Olszanski la diferencia con el término que utiliza de literatura del desarraigo. Estoy de acuerdo con ese concepto. El estar en una nueva realidad cambia a la persona y por lo tanto cambia su literatura, la vuelve parte ya no solo de una tradición nacional sino de un fenómeno particular. Y eso es incluso independiente del escritor. Es difícil decir como en la canción de Fito “yo ya no pertenezco a ningún ismo”, cuando la condición de migrante le sirve a muchos para explicar con razón o sin ella todo lo que escribes.

Pedro Medina León nació en Lima, Perú, en 1977. Su novela Varsovia ganó el Florida Book Award 2017 y es autor de los libros Marginal, Tour: una vuelta por la cultura popular de Miami, Americana, La chica más pop de South Beach, Callejeros, Bandidos y editor de las antologías Viaje One Way y Miami (Un) Plugged. Es Editor del portal cultural y sello editorial Suburbano Ediciones, conferencista en temas de historia y cultura popular de Miami y estudió literatura en Florida International University y en su país Derecho y Ciencias Políticas. pedromedinaleon.com

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