Playas oscuras: un paseo por el Noir Tropical de Miami

Miami se fundó en 1896, pero su historia de desarrollo y auge ha estado marcada por la presencia de la migración, la mafia y la violencia. Y la literatura no podía dejar de aprovechar este jugoso caldo de cultivo.

Escriben Pedro Medina León, Gastón Virkel y Hernán Vera Alvarez

Miami se inscribió como ciudad en 1896, y sus primeras manifestaciones literarias de trascendencia aparecieron hacia la década de 1940, con la llegada de la Segunda Guerra Mundial, tras experimentar un gran crecimiento demográfico. Davis Dresser, marinero de parche en el ojo, abandonó el oficio para dedicarse a su verdadera vocación: escribir libros. Una veintena de ellos fueron novelas policiales o de misterio, ambientadas en Miami, pero un Miami rubio y de ojos azules, muy diferente al que conocemos ahora. De esas obras nació el inspector Michael Shayne, hombre apuesto y elegante que se movía entre lo más selecto de Biscayne Bay y Miami Beach.

El primer registro que se tiene en Miami de una novela noir data de 1936 con Kid Galahad de Francis Wallace, llevada a la pantalla grande e interpretada por Elvis Presley. Sin embargo, para muchos, el noir empieza a tomarse en cuenta en la segunda mitad de la década de 1960, con las novelas del inspector Travis McGee, personaje que vivía en un bote -mucho antes que el Sonny Crockett de Miami Vice- creado por John D. MacDonald. Después de servir a las fuerzas armadas en la Segunda Guerra Mundial, MacDonald adoptó al sur de la Florida como su nuevo hogar. La saga de Travis McGee ha sido uno de los grandes best sellers del género y, aunque sus tramas no transcurren propiamente en Miami, sino en Fort Lauderdale, aprovechando mucho sus playas, se lo considera un autor local.

Un clásico de la época, de Travis McGee.

Hacia fines de los setenta y durante los ochenta, Miami fue la puerta de entrada de cocaína al país. A la vez que los asesinatos a sangre fría colapsaban la morgue y los cuerpos se acumulaban en carritos de supermercado o en camiones que le prestaba la cadena Burger King, el anglo empezaba a sentirse invadido por el latinoamericano. Sin embargo, ese período fue el más prolífico de la literatura noir, incluso, el debate sobre cuál es la gran novela del género cultivado en Miami se remonta a aquella época.

Parte de la crítica considera que 8thStreet de Douglas Fairbairn es la gran novela noir. Esta obra pulp cuenta la historia de Mead, un norteamericano anglo, dueño de un dealer de autos en la Calle 8, que es extorsionado por la mafia cubana. Aquí vemos uno de los mecanismos del género: la tensión racial (siguiendo la categorización estadounidense que considera al hispano como perteneciente a una raza distinta). Mead es testigo del cambio sociocultural por el que atraviesa la ciudad, ya sea porque en la Calle 8 los cafés extienden la oferta del menú con coladitas y lechón, o porque en Miami Beach, donde vive en un hostal, ahora está “invadida” por judíos y cubanos llegados en el éxodo del Mariel.

No obstante, el aporte más valioso vendría de la mano de Charles Willeford, creador de las novelas del inspector Hoke Moseley. Implacable a la hora de resolver un crimen, aunque un antihéroe en todo el sentido de la palabra, se aloja en el hostal “El Dorado” y se desenvuelve entre la fauna del hampa de Downtown y Miami Beach. Por aquellos años también apareció la firma de Elmore Leonard, uno de los más grandes referentes del noir con títulos como La brava con el que ganó el Edgard Award del Mystery Writers of America en 1984 y que cuenta una historia de South Beach donde un exagente de inteligencia se involucra con una movie star acosada por un matón y su sidekick marielito.

Charles Willeford, una leyenda del género.

Desde entonces, este tipo de obras no han dejado de escribirse. Así lo vemos en Edna Buchanan y su saga de la reportera de policiales Britt Montero; en Carolina García Aguilera y las novelas de Lupe Solano. Carl Hiaasen, quien publica prácticamente cada dos años obras noir ambientadas en la ciudad y Tom Wolfe, que, sin vivir en Miami, pero seducido por su lado más sórdido, escribió Back to Blood, una novela extensa que falla en su intento de retratar lo que en verdad ocurre en sus calles.

Por otra parte, en las librerías circulan dos antologías tituladas Miami Noir, editadas por Les Standiford, director de la cátedra de Escritura Creativa de la Florida International University y otro de los representantes contemporáneos del género que, con su saga de novelas de Don Deal, muestran una panorámica de la historia del noir, aunque solo en inglés.

Leer en pleno siglo XXI a Miami desde la perspectiva del anglo es tener una visión parcial. Para entender su complejo biorritmo se necesita contrastar enfoques anglo e hispano. Si miramos la literatura escrita en español en una línea de tiempo, el primer hito debemos ponerlo en los años ochenta, con los autores cubanos que llegaron a Miami durante el éxodo del Mariel. Los nombres más relevantes: Reinaldo Arenas, Guillermo Rosales, Carlos Victoria, Eddy Campa y Luis de la Paz. La obra de estos autores, sin embargo, es más de factura cubana que miamense, y, a pesar de que en esos años fueron pocas las manifestaciones literarias, hay dos que debemos subrayar como fundacionales y que sin ellas sería imposible comprender la literatura en español del Miami actual. La primera es El Círculo del Alacrán del colombiano Luis Zalamea, publicada en 1990. Esta novela, como lo plantea Zalamea, surge de su necesidad por narrar la ciudad. Podemos considerarla como un documento de la época, un fresco de aquel Miami y su comunidad cubana ¾el autor manifiesta también que se propuso escribir la novela del exilio cubano¾ donde el personaje principal, colombiano, trabaja en la sala de redacción de un periódico cubano radical de derecha. En esta obra abundan las descripciones detalladas de calles y barrios, se juega con el idioma para presentar un lenguaje propio de las calles de Miami, mientras que, en paralelo, nos cuenta la historia, desde la infancia, de un cubano que emigra y llega a la ciudad huyendo de la dictadura de Fidel Castro.

Luis Zalamea, autor de la celebrada novela «El círculo del alacrán».

La otra es Nieve sobre Miami, del escritor español Juan Carlos Castillón que llegó en los ochenta, desde Centroamérica, con un visado de tránsito y se quedó veinte años. Esta novela vio la luz en el 2003, aunque fue escrita quince años antes. Cuenta la historia del Loco, un exguerrillero centroamericano que emigra con la idea del American Dream y que se dio cuenta que, para llevar un Rolex en la muñeca y sentarse al volante de un convertible, había que meterse en el negocio del narcotráfico. Castillón nos muestra el choque de culturas entre el hispano y el anglo, así como la rivalidad entre las distintas comunidades, además de retratar el submundo de los trabajos de dishwasher del recién llegado, de las habitaciones de bajo presupuesto compartidas por varios inquilinos, y la santería.

Si bien las novelas son muy diferentes entre sí, buscan lo mismo: retratar el Miami que vivieron los autores, uno alejado del balneario de jubilados con dinero -estampa que probablemente los trajo- y más cercano a un lugar marginal y violento. En la intersección de estas novelas reposa la literatura contemporánea escrita en español en Miami.

Con la gesta del Mariel comenzó en Miami una transformación que la llevó de una ciudad mayormente anglo a una incipiente urbe de tinte hispano, especialmente cubano. Al mismo tiempo se percibía una resignación en algunos autores del exilio que los llevó a posar su atención en su lugar de adopción.

De 2001 es Milagro en Miami de Zoé Valdés, que sube a su protagonista a un avión en París con destino a la ciudad «más vilipendiada» del mundo: nos referimos aquí al inspector francés e hijo de exiliados españoles, Tierno Mesurado. Incluimos esta novela de la autora cubana residente en Francia como ejemplo de muchos casos de autores que no residen permanentemente en Miami pero que retratan su lado criminal en sus trabajos.

La dinámica inmigratoria de Miami hospedó varias oleadas de latinoamericanos que propiciaron el surgimiento de personajes locales. En las primeras décadas del siglo XXI, surgen autores que tienen al noir en su ADN como el dos veces ganador de la Semana Negra de Gijón, el cubano Rodolfo Pérez Valero; la española Rosana Ubanell concibe en Volver a morir al detective cubano Nelson Montero. Ignacio Cárdenas Acuña, el padre del policial cubano se reinventa en Miami con Román, el infalible (a cuatro manos junto a Oscar F. Ortiz, quien, además, nos trae la saga de Sanpedro, Investigador). La narradora cubana, Uva de Aragón, introduce -en un guiño al Conde de Padura- a la investigadora María Duquesnel. Primero, con un cold case de la época del huracán Andrew (El milagro de San Lázaro) reabierto veinte años después y, luego, un asesinato en Coral Gables (El crimen de Biltmore Way). En El ocaso, Andrés Hernández Alende pone a su personaje, Fernando Estrada, a trabajar en el asesinato de la novia de un magnate. Y cerramos este breve repaso mencionando al Comanche, el antihéroe de Pedro Medina León, una saga protagonizada por un investigador que ya no quiere investigar con tramas en las que tiene su lugar la historia trágica de la ciudad, revelando parte del perfil cronista de su autor.

Portada de Noir Tropical Miami.

Paco Ignacio Taibo II, uno de los creadores del neopolicial latinoamericano, sostiene que una novela negra es aquella que tiene en su corazón un hecho criminal y que genera una investigación. Lo que ocurre es que una buena novela negra investiga algo más que quién mató o quién cometió el delito, investiga a la sociedad en la que los hechos se producen. Partiendo de esta premisa, el noir tropical de Miami pareciera invertir estas proporciones. Desde un comienzo interroga a la sociedad, donde el crimen es un catalizador, un acelerador de los artefactos que nos van a ayudar a revelar la verdadera naturaleza de la sociedad. El crimen puede parecer hasta anecdótico puesto que su máxima ambición consistiría en desenmascarar la fantasía del sueño americano. La literatura no representaría más que el intento de recuperar la identidad de las víctimas, los olvidados, meros engranajes de un sistema que los usa, pero no los incluye.

Los autores que residen en la ciudad tienen un registro, una marca narrativa que se ha vuelto estilo. Varios llegaron huyendo de crisis políticas, económicas o de gobiernos abusivos. Durante los primeros años, su mayor preocupación consistió en resolver papeles, conseguir un trabajo, cortar lazos o crear nuevos. Luego de despejar esa ecuación, siguieron la pulsión literaria que los movía desde sus países y empezaron a escribir. La suya es una literatura que ha respirado y transpirado la ciudad por sus cuatro costados, asimilada a la nueva urbe, en la que Miami está presente como personaje: la presentan marginal, lumpen y violenta; con un lenguaje propio que no es el espanglish ni el español que dejó el narrador en su país sino un blend de acentos y modismos que rompen con las reglas lingüísticas, pero que en el contexto de Miami es el único válido para retratar la ciudad. Las obras de los narradores contemporáneos reúnen así, los mismos elementos que El Círculo del Alacrán y Nieve sobre Miami trazando un recorrido desde el policial con sus sagas detectivescas hasta novelas y cuentos de realismo sucio en los que, de una u otra manera, el crimen siempre se encuentra presente. Además, el carácter marginal de Miami no solo ha despertado el universo creativo de narradores locales: es un arco que se extiende a otros que no residen aquí pero que han retratado la sordidez en algunos de sus trabajos.

Noir Tropical es el resultado de años de lecturas de los editores, de múltiples discusiones, encuentros y desencuentros que siempre llevaron a lo mismo: ¿por qué Miami despierta en muchos escritores la necesidad de mostrar su lado más oscuro? Desde ese interrogante siempre se desprende lo siguiente: el noir en español de Miami tiene patente propia, donde la ciudad es una frontera que se nutre de lo anglo y lo latinoamericano, su lenguaje es híbrido, no solo aborda crímenes, sino que también plantea conflictos de corrupción y violencia que suelen recaer en personajes inmigrantes que ocupan una porción invisible en la pirámide social, desmitificando así la quimera del Sueño Americano que alguna vez los trajo acá. La lista de autores que sustentan esta premisa es larga y este trabajo es solo un esfuerzo por poner sobre el tablero a un puñado de ellos, teniendo en cuenta su calidad literaria y procurando encontrar el equilibrio necesario en el eje temático de sus textos.

Pedro Medina León nació en Lima, Perú, en 1977. Su novela Varsovia ganó el Florida Book Award 2017 y es autor de los libros Marginal, Tour: una vuelta por la cultura popular de Miami, Americana, La chica más pop de South Beach, Callejeros, Bandidos y editor de las antologías Viaje One Way y Miami (Un) Plugged. Es Editor del portal cultural y sello editorial Suburbano Ediciones, conferencista en temas de historia y cultura popular de Miami y estudió literatura en Florida International University y en su país Derecho y Ciencias Políticas. pedromedinaleon.com

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