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Los golpistas

«Los golpistas», lo nuevo de Jaime Bayly

"Los golpistas" no es una novela del poder en su grandeza; es una novela del poder en su miseria espectacular. Y eso en Jaime Bayly, no es poca cosa.

Publicado

17 Feb, 2026

Escribe Gabriel Rimachi Sialer

Los golpistas, de Jaime Bayly, merece ser leída menos como una “novela sobre Chávez” que como una farsa trágica del poder latinoamericano. Publicada en 2026, la obra reconstruye los tres días de abril de 2002 en que Hugo Chávez perdió momentáneamente el poder, y lo hace desde una pregunta que es a la vez histórica y novelesca: por qué un golpe que parecía consumado terminó convertido en una restauración del mismo líder al que quería deponer. La propia presentación editorial insiste en ese carácter “absurdo, insólito y esperpéntico” del episodio, y Bayly ha dicho en entrevistas que su método consiste en reunir fuentes confiables para luego completar con imaginación aquello que la historia no puede probar del todo, buscando una “verdad literaria”.

Lo primero que salta a la vista es que Bayly no escribe una novela histórica clásica. No le interesa la reconstrucción ceremoniosa del pasado ni la ilusión de neutralidad. Le interesa algo más corrosivo: mostrar que el poder, cuando entra en crisis, revela su costado grotesco. Por eso Los golpistas no parece organizada según la lógica de la épica, sino según la del esperpento político. No hay aquí héroes en sentido fuerte; hay conspiradores atolondrados, militares vacilantes, dirigentes poseídos por la ambición, operadores que improvisan, y en el centro una figura —Chávez— que aparece menos como estadista que como animal político de supervivencia.

El hallazgo de Bayly consiste en entender que la política latinoamericana contemporánea se deja narrar mejor desde la sátira que desde la solemnidad. Eso no significa frivolizarla, sino encontrar su verdad formal. El poder, en nuestros países, rara vez se presenta desnudo: se disfraza de pueblo, de revolución, de institucionalidad, de rescate nacional. Bayly desmonta esas máscaras mediante la ironía. Y la ironía, en su caso, no es un adorno de estilo: es un procedimiento de conocimiento. El lector entiende a los personajes no porque el narrador los explique psicológicamente con profundidad dostoievskiana, sino porque los expone en su ridiculez, en su miedo, en su narcisismo, en su torpeza operativa.

Hay en esto una larga tradición hispanoamericana. Los golpistas dialoga con la novela del dictador, sí, pero desplazándola. No estamos ante el dictador monumental de El otoño del patriarca, ni ante la abstracción metafísica del poder en Roa Bastos, ni ante el barroco visionario de Carpentier. Bayly trabaja con otra materia: la del caudillo mediático, el golpista televisivo, el poder en la era de la imagen, del rumor, de la llamada urgente, de la lealtad instantánea y de la traición improvisada. En ese sentido, su novela es menos mitológica y más electrónica. Más que construir una alegoría del poder eterno, captura la inmediatez histérica del poder contemporáneo.

Jaime Bayly Caretas
Escritor peruano Jaime Bayly (Foto: Caretas)

Esto tiene consecuencias formales. Todo indica —y el propio Bayly lo ha dicho— que su prosa mantiene un fuerte impulso periodístico, apoyado en investigación, fuentes y reconstrucción de escenas. De allí nace una de las virtudes del libro: el ritmo. Bayly sabe narrar la urgencia. Sabe que un golpe de Estado fallido no se cuenta bien con pesadez académica, sino con velocidad, cortes secos, escenas de presión, diálogo tenso, movimientos bruscos del destino. La narración parece querer reproducir el clima mismo del acontecimiento: incertidumbre, nerviosismo, desinformación, decisiones precipitadas. El estilo, entonces, no es simplemente “ágil”; es estructuralmente adecuado a su materia.

Pero hay algo más interesante aún. Bayly no se limita a contar el fallido golpe contra Chávez; lo reencuadra dentro de una lógica de duplicidades. Chávez aparece no solo como víctima de un golpe, sino como alguien marcado por su propio origen golpista. Esa duplicidad le da a la novela una dimensión moral más interesante que la simple denuncia. Bayly parece decirnos: en América Latina, con frecuencia, los golpistas son derrocados por otros golpistas peores, más torpes o más ingenuos.

La presencia de Fidel Castro es otro elemento clave. Literariamente, esto amplía el horizonte del libro: Los golpistas deja de ser solo una novela venezolana y se convierte en una novela sobre las redes del poder continental, sobre la pedagogía del caudillismo y sobre la exportación del control político como forma de tutoría ideológica. Castro funciona, en esta lectura, como una sombra dramatúrgica: no necesita estar siempre en primer plano para que todo el escenario se sienta afectado por su inteligencia manipuladora.

El principal riesgo de Los golpistas está en que su energía satírica puede volverse simplificadora. Cuando una novela apuesta por el ridículo como clave principal de inteligibilidad, corre el riesgo de adelgazar la complejidad de sus personajes. El poder no solo es grotesco; también es seductor, hipnótico, táctico, oscuro. Bayly gana mucho cuando acelera y pincha, cuando ridiculiza y desenmascara. Pero puede perder espesor cuando la caricatura devora la ambivalencia. Dicho de otro modo: la novela parece comprender muy bien la ridiculez del poder, aunque quizá no siempre su misterio.

Y, sin embargo, esa objeción no invalida el libro. Más bien lo sitúa. Bayly no quiere escribir una anatomía total del chavismo, sino una novela de intervención, insolente, filosa, deliberadamente parcial, donde la verdad nace de la exageración controlada y de la reconstrucción imaginativa. La insolencia no es un defecto accidental: es parte de su poética. Bayly pertenece a esa estirpe de escritores para quienes la literatura no debe portarse bien frente al poder; debe faltarle el respeto.

El gran logro de Los golpistas está en encontrar una forma narrativa donde la política aparezce como una mezcla de tragedia, opereta y farsa, que quizá sea la forma más exacta de describir ciertas horas cruciales de nuestra historia. No es una novela del poder en su grandeza; es una novela del poder en su miseria espectacular. Y eso, en Bayly, no es poca cosa.

Gabriel Rimachi Sialer
Gabriel Rimachi Sialer. Director y Fundador del Círculo de Lectores Perú. Autor de los libros de cuento "Canto en el infierno", "El color del camaleón", "El cazador de dinosaurios", "Historias extraordinarias"; la novela infantil "La increíble historia del capitán Ostra"; y la novela "La casa de los vientos". Reconocido en la antología nacional "El cuento peruano 2001-2010", del crítico literario Ricardo González Vigil, dirige la editorial Casatomada y la revista del Círculo de Lectores.

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