Dune 2, de Denis Villeneuve

"Dune 2" ha dividido a los fans de las películas y a los lectores de la obra de Frank Herbert, que desde 1965 ha cosechado millones de seguidores en todo el mundo.

Publicado

8 Mar, 2024

Escribe Alexis Iparraguirre

Ya es hora de decir que Dune 2, cinta dirigida por el canadiense Denis Villenueve, es un gran blockbuster, una película que no da tregua, en la que la producción cumple un rol preciosista, y donde hay tomas tan espectaculares y bellas que uno podría ponerles marco a todas. Particularmente intensas y absolutamente funcionales: la secuencia en blanco y negro en el coliseo y la pelea entre Paul y Feyd-Rautha. La discusión moral sobre la manipulación religiosa es tan sencilla como compleja por sus múltiples capas en las más de dos horas que dura la película, con lo que, contra lo que cree Marvel, la reflexión en un blockbuster puede ir más allá de un par de eslóganes sobre el poder y la responsabilidad.

Dicho esto, tampoco se puede negar que la adaptación de Villenueve, brillante en sí misma, es una opción por borrar, por inmunizar a la historia de Frank Herbert de todo lo abyecto que moviliza originalmente. La vuelve una fábula habilitada para el consumo de las clases medias norteamericanas, con las que ellas se puedan identificar. No solo se trata de haber neutralizado el voyeurismo gay del barón Harkonnen, de nulificar la lujuria de Piter de Vries, de eliminar cualquier escena de sexo explícito (entre Lady Jessica y el duque Leto, entre Paul y Chani, e incluso entre Lady Margot Fenring y Feyd-Rautha), de desaparecer los cuerpos gibosos de los navegantes de la Cofradía, de convertir el sudor del barón en estéticos baños de lodo (como si estuviera en un spa), o de excluir a la friki suprema, Alia, la hermana de Paul, que teniendo dos años luce como de doce, y que se ríe como maníaca mientras acuchilla a su abuelo el barón. No se trata, digo, de estas exclusiones que parecerían ejercerse en función de una sociedad más aséptica, más consciente en el ámbito público de sus «ascos», y que consideraría, sintomáticamente, la representación de lo anterior de «mal gusto».

Algunos personajes de Dune 2, estéticamente alejados de la versión original.

Se trata principalmente de haber despojado a Dune de significaciones problemáticas sobre la evolución humana, el límite entre lo humano y lo no humano, la posibilidad siempre abierta de que en efecto todos los protagonistas estén participando en un plan mesiánico sin saberlo; o de otro modo, se trata de haber reducido a Dune al dilema moral que plantea adoptar el fundamentalismo mesiánico como forma de liberación política. En este nuevo escenario, Villenueve modifica el personaje de Chani para que sirva como compás moral de los valores auténticamente anticoloniales, autonomistas, populares y, en cierta medida, democráticos y progresistas.

Clásica escena de «Dune», de 1984, estéticamente alejada del remake de Villeneuve.

De este modo, la saga de Herbert en Villenueve funciona un poco como el drama de las más bien puritanas familias norteamericanas con votantes republicanos, altamente ideologizados en su versión del cristianismo, y votantes demócratas, progresistas y laicos, las que tienen como único futuro a la vista la separación trágica porque ambos bandos tienen muy buenas razones para nunca aceptar el triunfo del bando contrario (aunque la buena causa esté cargada del lado demócrata, se sabe, porque el rol de Chani, progresista, esté hecho para simpatizar abiertamente con su causa).

Zendaya, en el papel de Chani.

Quitando todo lo inhumano de la novela (en lo que también debo incluir una diversidad de mutantes adictos a las especie que son centrales para comprender la economía de Dune), Villeneuve se queda con un drama moral, literalmente en esteroides, para que los más característicos consumidores de su cine se reconozcan, y que a la vez le sirve para atraer públicos globales, porque cada vez más las clases medias planetarias construyen sus imaginarios sobre los consumos de las norteamericanas (así en la práctica no puedan comparárseles).

Timothee Chalamet y Austin Butler en una escena de “Dune: Part Two”. (Niko Tavernise / Associated Press)

Desde luego, Villenueve está en su derecho, y las actuaciones y la acción que consigue con ello son de lo más entretenido y emocionante que he visto en mucho tiempo, pero, subrayo, que luego no se esté diciendo que captura completamente o en gran parte el propósito que Herbert tuvo en su novelas porque no es ni remotamente eso.

Alexis Iparraguirre
Alexis Iparraguirre (Lima,1974), ganó el Premio Nacional de la Pontificia Universidad Católica del Perú de Narrativa por su primer libro de cuentos El Inventario de las Naves (2005). Sus relatos han sido publicados en numerosas antologías, entres las que destacan El cuento peruano (2001-2010) y El futuro no es nuestro. Narradores de América Latina nacidos entre 1970 y 1980. Es también licenciado de Literatura Hispánica por la PUCP y cursó el Máster de Escritura Creativa en Español de la Universidad de NuevaYork (NYU). En la actualidad vive en la ciudad de Nueva York, donde ha obtenido el Ph. D en Literaturas Hispánicas en el Centro de Posgrados de la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY).

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