Escribe Paolo de Lima
Constelaciones nocturnas. Ensayos sobre narradoras peruanas (Fondo Editorial Universidad de Lima, 2025) de Alejandro Susti y Olga Saavedra es un libro que asume, desde su propio título, una posición crítica frente al canon literario. La imagen de la constelación –con sus luces dispersas, visibles solo cuando se aprende a mirar en la oscuridad, noción retomada de la estudiosa canadiense Mary Louise Pratt– funciona como metáfora de una tradición narrativa que ha existido siempre, pero que con frecuencia ha quedado en segundo plano dentro de un campo cultural organizado en torno a jerarquías de género, clase y poder. El gesto no busca inaugurar un territorio, pero sí resulta reordenador: propone un modo de lectura que desplaza el eje sin desconocer las cartografías críticas ya existentes.
La introducción del volumen establece con claridad este punto de partida: escribir sobre narrativa de mujeres implica interrogar las condiciones materiales, históricas y simbólicas que han determinado quién escribe, quién circula y quién es leído, evitando tanto la construcción de un gueto como la fijación de categorías esencialistas. En ese sentido, el libro se sitúa en una tradición crítica que entiende la literatura como práctica social antes que como objeto aislado, y que asume que toda forma estética está atravesada por relaciones de poder, incluso cuando no las tematiza de manera explícita. Esa claridad programática fortalece el conjunto, aunque también fija con nitidez el marco desde el cual se selecciona y se piensa el corpus.

Los siete ensayos reunidos trazan un arco extenso que va desde Clorinda Matto de Turner hasta narradoras contemporáneas como Fietta Jarque, Rocío Silva Santisteban y Karina Pacheco Medrano, pasando por figuras fundamentales como Magda Portal, Carmen Ollé y Pilar Dughi. Antes que construir una historia lineal, la propuesta configura una constelación de escrituras que dialogan entre sí a partir de problemas persistentes: la violencia estructural, la exclusión de género, la desigualdad de clase, la memoria histórica y la precariedad de los cuerpos. Se trata, en su mayoría, de autoras cuya obra ha sido leída, discutida y legitimada por la recepción especializada en las últimas décadas, lo que habilita análisis consistentes y contextualizados, aunque también deja entrever la amplitud de un campo que desborda necesariamente los límites de esta selección.
Desde un punto de vista crítico, uno de los mayores aciertos de Susti y Saavedra es su negativa a separar lo estético de lo político. Las lecturas aquí reunidas muestran cómo la experimentación formal, la metaficción, la autobiografía o la reescritura histórica operan como estrategias para disputar sentidos en un campo cultural que ha naturalizado su propia parcialidad. La narrativa de mujeres aparece así no como un “tema” sino como un lugar de enunciación desde el cual se ponen en crisis los relatos oficiales de la nación, la historia y la cultura. Antes que ampliar el horizonte de lo visible, el volumen apuesta por intensificar y rearticular debates ya abiertos, desplazando sus énfasis y profundizando sus implicancias.
Leído desde esta perspectiva, Constelaciones nocturnas deja ver algo fundamental: la subordinación de las mujeres en el campo literario no puede desligarse de la estructura de clases ni de la historia del capitalismo periférico peruano. El patriarcado que atraviesa estas narrativas se manifiesta como una forma concreta de organización social que se reproduce en el trabajo intelectual, en las instituciones culturales y en los mecanismos de legitimación simbólica. En este punto, el libro no ofrece consignas, pero sí evidencia: muestra cómo la exclusión opera, cómo se internaliza y cómo puede ser narrada. Esa demostración analítica, sin embargo, también deja en suspenso la pregunta por otras formas de escritura que, aun dialogando con estas problemáticas, permanecen fuera de los circuitos de legitimación que hacen posible su visibilización.

El anexo titulado “Cuestionario para narradoras y críticas” refuerza esta dimensión material del proyecto. Al recoger las voces de cuarentaiocho escritoras y estudiosas –en un recorrido que va de las narradoras Borka Sattler a Mariangela Ugarelli– el conjunto desplaza la reflexión crítica del plano exclusivamente interpretativo al terreno de la práctica. Las respuestas permiten observar cómo estas autoras piensan su lugar en el campo literario, sus condiciones de producción, sus lecturas, sus tensiones con el canon y con el mercado. No se trata de testimonios decorativos sino de un registro activo del presente, donde la indagación teórica se cruza con la experiencia concreta de escribir.
En conjunto, la importancia de Constelaciones nocturnas no radica solo en los textos que analiza, ni siquiera en la delimitación de su corpus, sino en el gesto que propone: leer la narrativa peruana desde sus márgenes históricos para comprender mejor su centro. Ese gesto, necesariamente situado, funciona menos como cierre que como invitación a seguir ampliando el campo de observación y a interrogar los criterios mismos que hacen posible la noción de margen. En tiempos en que la diversidad corre el riesgo de convertirse en etiqueta administrada por el mercado cultural, este libro recuerda que escribir –y escribir sobre– la narrativa de mujeres sigue siendo un acto de intervención, una toma de posición frente a las formas en que se organiza la visibilidad, la memoria y el valor en la literatura.
Más que iluminar una noche ya conocida, Constelaciones nocturnas obliga a mirar las condiciones históricas que han regulado qué luces podían ser vistas y cuáles permanecían en penumbra. El desafío que el libro deja planteado consiste en interrogar los dispositivos materiales –institucionales, editoriales, académicos y de mercado– que producen valor literario, distribuyen prestigio y fijan los marcos de legibilidad. En ese sentido, la constelación aparece como una configuración siempre provisoria, atravesada por relaciones de poder, cuya lectura crítica exige no solo atención a las obras sino a su vez cuestionar las condiciones sociales que deciden cuándo, cómo y para quién esas obras llegan a existir como literatura.

