Jean-Luc Godard y Francois Truffaut. La historia de una enemistad

En 1968, cuando se hallaban en la cúspide de su carrera, Jean-Luc Godard y Francois Truffaut tomaron el Festival de Cannes, junto a otros autores como Roman Polanski o Louis Malle, para exigir la suspensión del evento en solidaridad con el mayo francés. Esta es la historia de una cinematográfica enemistad.

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Oct 3, 2022

Escribe Pedro Casusol

Después de la segunda guerra mundial, el cine francés atravesaba un punto muerto, replicando viejas fórmulas sin vuelo creativo. Atrás habían quedado Georges Méliès o la vanguardia del movimiento surrealista; en cambio, solo se producían películas de época, dialogadas, sin alma. La respuesta vendría primero de la crítica especializada, en revistas como “Cahiers du Cinéma”, fundada por André Bazin, quien reunió a un selecto grupo conformado por Françoise Truffaut, Jean-Luc Godard, Claude Chabrol, Jacques Rivette, entre otros. Estos jóvenes y no tan jóvenes amantes del cine recibieron el apodo de “los jóvenes turcos” por sus ganas de petardear el sistema.

Jean-Luc Godard y Francois Truffaut se habían conocido a finales de la década de 1940 frecuentando las mismas salas de cine. Godard, hijo de una familia acomodada, había crecido sin mayores problemas en Suiza, a orillas del lago Lemán, mientras Truffaut venía de tener una infancia dura, despreciado por sus padres, recluido en una correccional y luego en la cárcel. Pese a sus diferencias, compartían la misma pasión por el cine y reivindicaban a los mismos directores menospreciados por la academia francesa: Alfred Hitchcock, Howard Hawks, Kenji Mizoguchi o Roberto Rossellini, el gran referente del neorrealismo italiano. Cuando se conocieron, coincidieron en que la vida y el cine tenían la misma consistencia.

Ambos coincidieron en las filas de “Cahiers du Cinéma”, revista de crítica que ya se había hecho un nombre por su estilo literario. En 1954, Truffaut publicará ahí el artículo que servirá como una suerte de manifiesto de la “nouvelle vague” francesa, el movimiento de nuevo cine que refrescará la escena. Titulado “Une certaine tendance du cinéma français”, se trata nada menos que de un minucioso repaso de las últimas décadas de cine francés, en donde concluye que se trata de un conjunto de piezas muy anticuadas, escritas por guionistas que buscaban tener contenta a la burguesía. Desarrolla además un concepto que había soltado André Bazin, la “teoría del autor”, la misma que apunta a un cine más personal, con un estilo reconocible y una preocupación temática.

Truffaut and Godard Archives |ecufilmfestival.com

Cinco años después, en 1959, Françoise Truffaut estrena su primera película, “Les quatre cents coups”, la historia de un adolescente que incordia a sus padres y maestros con su comportamiento rebelde. A pesar de que había sido un abierto enemigo del Festival de cine de Cannes, es ovacionado cuando estrena su película en la función de apertura y termina llevándose el premio a mejor dirección. Una foto de los “jóvenes turcos” en el festival marca el nacimiento de la “nouvelle vague”, término robado de la sociología para describir a la juventud francesa de la segunda posguerra. Al fondo, Jean-Luc Godard, escondido detrás de sus lentes oscuros, aguarda para dar el próximo golpe.

Años atrás, él y Truffaut habían trabajado una historia sacada de las noticias policiales: un ladrón que mata a un policía en moto y luego, en París, deambula alrededor de su interés romántico, una periodista americana que al final lo delata. En Cannes, Godard no pierde el tiempo y le pide permiso a Truffaut para disponer de la historia y poder rodar “À bout de souffle”, su ópera prima. Estrenada en 1960, la película termina por consolidar al movimiento. Su director de fotografía, Raoul Coutard, transformó la pesada cámara de 35 milímetros en una más liviana, lo que permitió mayor movilidad, y utilizó una cinta de ISO 800 para filmar solo con luz natural. Con esta película, Godard incorporó el cine negro a la nueva ola, experimentó con los cortes de edición en los diálogos, rompió la cuarta pared para darle a sus personajes la facultad de dirigirse a la audiencia, hizo de París su gran estudio de grabaciones y es famosa la anécdota de sus “travellings”, filmados con una silla de ruedas empujada por el mismo director. El filme se llevaría el Oso de Plata a la mejor dirección en el Festival de Berlín y posicionó a los autores de la “nouvelle vague” como los verdaderos profetas del nuevo cine.

En 1968, cuando se hallaban en la cúspide de su carrera, Jean-Luc Godard y Francois Truffaut tomaron el Festival de Cannes, junto a otros autores como Roman Polanski o Louis Malle, para exigir la suspensión del evento en solidaridad con el mayo francés. Ambos serían inseparables hasta 1973, cuando Françoise Truffaut presentó “La nuit américaine”, nada menos que una “metapelícula”, es decir, una película sobre el rodaje de una película, y en donde el mismo Truffaut interpretaba a Ferrand, el director. Para entonces, Godard había iniciado una nueva etapa marcada por la lucha maoísta. Incapaz de morderse la lengua, le escribe a su otrora amigo: “Probablemente nadie te tratará de mentiroso, pero yo sí lo hago. No se trata de una injuria fascista…”. Para él, Truffaut se había vendido y la película que vio no era un homenaje al cine, sino una vil mentira. La respuesta sería igual de fulminante: “siento que llegó el momento de decirte, largamente, que en mi opinión te comportas como una mierda”. Nunca más volvieron a dirigirse la palabra. Truffaut falleció en 1984, víctima de un tumor cerebral. Jean-Luc Godard, en cambio, vivió hasta el pasado 13 de septiembre, cuando se sometió a un suicidio asistido a sus 91 años.

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