Manuel Marcazzolo, desde la memoria

Manuel Marcazzolo no se centra en el conflicto bélico propiamente dicho, sino en el postconflicto. Sus personajes, cargados de evocaciones, regresan a la sociedad en búsqueda de reinsertarse, afrontando las avasallantes “evoluciones” que son presentadas como francas involuciones sociales.

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Escribe J. Miguel Vargas Rosas

Manuel Marcazzolo ha lanzado, recientemente, el libro de cuentos “Desde la memoria” en la que, obviando las nimias fallas de editorial, nos sumerge al tema aún palpitante de la guerra interna acaecida en el Perú desde 1980, desde una óptica distinta a la común de muchos otros escritores. La visión del autor se aparta de lo tolstoyano para ceñirse a lo dostoyevskiano con una pizca de romanticismo edulcorado, por lo que se advierte también una prosa poética.

  Marcazzolo no se centra en el conflicto bélico propiamente dicho, sino en el postconflicto. Sus personajes, cargados de evocaciones, regresan a la sociedad en búsqueda de reinsertarse, afrontando las avasallantes “evoluciones” que son presentadas como francas involuciones sociales. De ahí que el autor recurra al romanticismo, para hacer que cada personaje recuerde: los episodios carcelarios, que son los más frecuentes, y también algunos ribetes de la “lucha armada”.

Hay que puntualizar que cada relato de Marcazzolo tiene algo de autobiografía. Y ya desde el título de la primera narración hay marcadas líneas poéticas y referencias al retorno de los prisioneros subversivos a la sociedad peruana, más secularizada que nunca. «Elipse para volver una vez más a ítaca»; plantea la salida de la institución penitenciaria de un subversivo que cumplió su condena. En dicho cuento encontramos frases tales como: «(…) mienten quienes aseguran que un minuto solo tiene sesenta segundos, hay ocasiones en que puede contener la inmensidad, y lo disfrutamos con temor (…)», donde se expresa toda la tensión de lo vivido dentro de la prisión, así como la relatividad del tiempo al momento de vivir una experiencia como la de regresar a la sociedad después de años de reclusión.

De esta manera, los personajes de Marcazzolo no son solo constructos prosopopéyicos, sino y sobre todo etopéyicos; es decir, nos lo muestran como expresión emocional directamente conectados a reminiscencias que emanan del estudio psíquico por parte del autor. De esta manera, el libro rompe con el común esquema de narrar el conflicto armado desde la voz de los triunfadores o desde el punto de vista militar que rayana con el suspenso, lo policial y/o comercial. Esto es destacable.

Así pues, seis de los siete cuentos que conforman “Desde la memoria” confluyen en un solo eje temático que es la reinserción de ex reos senderistas a la sociedad actual, a la cual van a encontrar hecha un caos insoportable y en donde buscarán sobrevivir y subvertir acoplándose a las reglas del sistema que ellos mismos pregonaban detestar. Entonces, se sienten cargados aún de opresión, cual si se liberasen de una cadena para ser aherrojados con otra. Sus evocaciones, a manera de monólogos o conversaciones con interlocutores que aparecen en sus vidas, versan sobre la época carcelaria la cual estaba repleta de imágenes de la guerra interna.

Marcazzolo no aspira a ser un vaticinador del futuro, se contenta con mostrar la realidad o el presente de los exreclusos en la sociedad peruana; muestra sus temores, sus romances, sus batallas del día a día; las conversaciones con amigos que no fueron senderistas, pero aspiraban a ser grandes dentro del sistema y que terminaron en una situación deplorable. Hace uso del flashback como recurso literario exclusivo de sus narraciones, tanto que diríamos que a veces abusa de aquel —podríamos indicar que esto sería una probable falencia—, por lo que rompe con la teoría borgiana de que los cuentos deben ser breves y concisos y se extiende, corriendo el riesgo de hacer tediosas las historias. Pero no, Marcazzolo conoce los límites entre un cuento largo y alargado y el lenguaje utilizado le ayuda a no trastocar los cuentos en pesados, más por el contrario va alimentándose de elementos nuevos.

Juega constantemente, como parte de los flashbacks a veces, con el tipo de narrador, el cual coge la forma de protagonista (primera persona), luego omnisciente (tercera persona) y testigo (segunda persona). En los relatos se muestra de manera reiterada al combatiente derrotado tras largos años de lucha y de condena, mas no son personajes que se mantienen optimistas o reniegan, sino que se resignan a la derrota como una piedra pesada, justificándose con el argumento de que no queda otra salida más que adaptarse al sistema. «Cada uno escoge su camino, sea para bien o para mal. Seguí el mío y estos fueron los resultados», más adelante incluso alguno de sus personajes hablará de los acuerdos de paz y del cambio de la situación. Pero, los mismos se reconocen como «un sobreviviente, Roberto. A nuestra edad, todos los vamos siendo de algo»; por lo que también estamos ante seres que llevan en claro las enseñanzas indirectas de una guerra cruenta para aplicarlas a la vida cotidiana. No obstante, hay breves lapsos en los que otros personajes insinúan —pues no lo afirman al cien por cien— el destino de los derrotados quienes tienen que cargar con toda la culpa porque los vencedores son los que escriben la historia y son quienes le opondrán una forma de esclavitud moral, física o psicológica: «En toda guerra existen los que ganan y los que pierden. Entre estos últimos te correspondió estar, y, por lo tanto, tuvieron que cargar con las deudas de la conflagración».

El lenguaje es otra característica que transforma el libro de Marcazzolo en uno literario de sumo interés, pues combina equilibradamente la poesía con la prosa y la aleja de una simple crónica o informe que se extravía entre las mesas de funcionarios públicos: «La vida lo había triturado. Era solo una sombra opaca, triste y avejentada», «Mi soledad se parece a esas pequeñas pozas de aguas encantadas que existen en las alturas huérfanas, las que buscan perderme en su líquido dócil y espeso, que reflejan lo que mira el cielo».

Sin embargo, no todo es evocación, sino también un presente dentro del mundo literario creado por el autor, en el que sociológicamente nos muestra el derrotero de los protagonistas del conflicto armado de los 80 y 90, después del final. Derrotero narrado por los derrotados, quienes hablan sobre sus ilusiones anteriores y posterior, sobre las cartas de paz o, utilizando su propio lenguaje político, sobre el capitulacionismo. Así como también la situación crítica en la que tienen que volver a la vida social. Nos muestra la división de clases sociales —los personajes de Marcazzolo, pasan a formar parte de la clase trabajadora pobre o clase media—, los diversos grupos de subversivos que devinieron de la conflagración con ideas disímiles —los que se sujetaron al líder máximo de la organización subversiva, los que renegaron de la última decisión de este líder y de los que ya no quieren saber nada y desean retomar la vida donde les toque—. Además, existe un manejo somero de lenguaje económico, aunque de una economía popular. 

Solo el cuento titulado «Juancho» rompe el eje temático, pues se centra netamente en el conflicto armado y narra las peripecias de un sujeto que ha colaborado con el ejército, traicionando al grupo subversivo y en plena huida encuentra a un niño huérfano a quien lleva al pueblo más cercano, dejándolo a cargo de una mujer. Es la metáfora de la orfandad nostálgica, forjada no solamente por las guerras internas, sino también por la pobreza y las guerras internacionales.  Además, se entreteje la incertidumbre en cuanto al destino del “traidor” o “patriota” —dependiendo de qué lado se le vea— porque desaparece sin pena ni gloria, bajo amenaza de ser ejecutado por su acto delator y so pena de no recibir ninguna protección por parte de los militares o de los patriotas que a su vez lo han traicionado a él. Adherido a estas construcciones literarias, el relato también señala, entre líneas, que el amor del pueblo o la costumbre de “comunidad”, que sobrevive entre la gente de los andes, es la que puede enmendar en algo esa orfandad o esa niñez afectada.   Por lo tanto, el libro es muy llamativo tanto desde el lado literario como del sociológico, pues hace uso de las técnicas literarias modernas y plasma la realidad clasista de la sociedad peruana después de la guerra interna, así como la objetividad con la que son descritas las condiciones carcelarias en las prisiones peruanas, centradas en los subversivos encarcelados.

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<h4>J. Miguel Vargas Rosas<h4 />

J. Miguel Vargas Rosas

Profesor de Lengua y Literatura, autor del poemario "Cantos del Viento", "Recuento de las Palabras" y la novela "Balada de la Eternidad". Dirigió la película "Tras la Oscuridad" y el documental “Voz Dinamitada” que trata sobre el poeta popular JOVALDO. Administra el blog “La ventana incinerada”.

Nov 15, 2022

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