quince minutos de receso cayro fonseca 2022

«Quince minutos de receso», de Cayre Alfaro Fonseca

“Quince minutos”, de Cayre Alfaro Fonseca, consigue figurar una sociología intuitiva del propio campo literario, mutatis mutandi como en la Educación sentimental de Flaubert, una cosa que hubiera excitado hasta las lágrimas a Pierre Bourdieu por encontrar esas constantes que son la base de su trabajo.

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Escribe Alexis Iparraguirre

Antaño, la mayoría de poemarios de jóvenes eran posicionamientos estéticos fuertes, manifiestos incendiarios. Algunos eran declaraciones de guerra. Luego, vino una época en que, apenas para recordarnos que seguía ahí, la poesía aparecia en libritos que eran florilegios, fiestecitas de aliteraciones, mirada intensa y coqueta de aspirantes a filólogos. Los mayores me alertaron de que se trataba de la sucesión de la historia literaria en eterno retorno, como en Cien años de soledad y en ese poema sobre Giordano Bruno. Tal vez lo sea. Pero rara vez leo un poemario con una línea estética tan fuerte y coherente de composiciones versales tan austeras y concisas que no parezca un declaración artificiosa o un texto híper corregido hasta la náusea. Pero “Quince minutos de receso”, de Cayre Alfaro Fonseca, es directo, es fácil (aunque sea meticuloso de veras, aunque sea casi todo el tiempo un arte poética).

Ahí como lo ven a “Quince minutos de receso”, llano, escueto, espaciado, límpido, es muchas cosas: por ejemplo, una declaración de principio por la lengua sin adjetivos, sin imágenes, sin metáforas; no es un gesto anti poético, tampoco meta literario; es el gesto inverso: es poesía deíctica, incluso concretista: para “ Quince minutos” un verso es un verso, la línea que lees y la referencia a la que apunta, y en eso está la dureza de lo real, y con conseguir decirlo ya hay una victoria y una significación más auténtica, casi inmanente.

Pero todo lo anterior suena complicado y eso pierde de vista el hecho de que es un poemario directo, que se puede leer en quince honrados minutos por ejemplo. En ese tiempo, que expresa y desorientadoramente se busca denotar con el título, el libro se extiende en una serie de comentarios sobre los estudios universitarios como una forma de alienación y sobre el modo en que las leyes de la economía están convirtiendo la literatura y sobre todo la edición literaria en un mercado fenicio donde el valor estético se equipará al valor de compra y venta. Lo bonito aquí es cómo se muestra ello. Bajo esa forma de dominio neoliberal de la mente, la escritura de poesía es como un régimen de lo sensible distinto, un tipo de trabajo que no debería ocurrir pero para el que se roba tiempo y se engaña al orden sistemáticamente. Como esa idea de Ranciere de las noches proletarias, que me la explicaron con un caso argentino, uno en el que los periodistas, que de día escribían crónica roja y columnas del corazón para pagar sus facturas, se amanecían de gratis para poder traducir del inglés el Ulises de Joyce, y poder difundirlo en ediciones populares y confiscar el valor de la cultura de los ricos para los pobres.

Poeta peruano Cayre Alfaro Fonseca (Foto: Facebook)

Así, nos enteramos que el poeta de Cayre dormita la mayor parte del tiempo que escucha clases universitarias por zoom, que escribe poemas cuando debiera escribir monografías y que consigue, apelando a las extremas circunstancias de la pandemia, que sus profesores le permitan que, en vez de escribir monografías, pueda escribir poemas para los exámenes finales de sus cursos. De hecho así se nos explica la génesis de los textos que componen el poemario. Podría detenerme aquí para decir que asistimos al retrato picaresco de la vida universitaria del estudiante de literatura que de verdad quiere ser poeta, y que para ello “Quince minutos” consigue figurar una sociología intuitiva del propio campo literario, mutatis mutandi como en la Educación sentimental de Flaubert, una cosa que hubiera excitado hasta las lágrimas a Pierre Bourdieu por encontrar esas constantes que son la base de su trabajo. Pero otra vez estaría complicando todo y un poco falseándolo porque se trata de un poemario que va al punto, que no se complica, que es muy concreto, potente y claro para expresar su asunto: hay un joven poeta, un vida de barrio, el poeta quiere escribir poesía y no escuchar clases por zoom.

Ah, y claro, también tiene mucho de narrativo. Pero ir por ese lado sería complicarme otra vez porque habría que hablar de los montajes insensibles… en fin. Me detengo aquí cercado por el hecho que mientras más diga parecerá que el poemario de Cayre Alfaro Fonseca es más complicado y complejo y no lo es de ninguna forma. De veras. En él ocurre todo lo que se lee y su lenguaje es despojado, sin eufemismos, es lo que dice y para mí, que me ha encantado de veras, ese es su mayor mérito: que como cualquier amigo que te encuentras en la calle te dice cosas de todos los días más o menos alegres o tristes, te suelta una anécdota, te habla de su poesía (que es lo que es), leen juntos una noticia del puesto de periódicos, luego cada quien se va para su casa, pero en la totalidad del poemario se va apareciendo todo lo que se me ha aparecido, y más y más.

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Alexis Iparraguirre

Alexis Iparraguirre (Lima,1974), ganó el Premio Nacional de la Pontificia Universidad Católica del Perú de Narrativa por su primer libro de cuentos El Inventario de las Naves (2005). Sus relatos han sido publicados en numerosas antologías, entres las que destacan El cuento peruano (2001-2010) y El futuro no es nuestro. Narradores de América Latina nacidos entre 1970 y 1980. Es también licenciado de Literatura Hispánica por la PUCP y cursó el Máster de Escritura Creativa en Español de la Universidad de NuevaYork (NYU). En la actualidad vive en la ciudad de Nueva York, donde ha obtenido el Ph. D en Literaturas Hispánicas en el Centro de Posgrados de la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY).

Oct 1, 2022

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