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Rossella Di Paolo: una nación de pequeños seres y colores

La experimentada poeta limeña Rossella Di Paolo entrega, en “Cielo a tierra” (Paracaídas, 2023), un conjunto de piezas de arte menor que destacan por su delicadeza y candor.

Publicado

23 Mar, 2024

Escribe José Carlos Picón

El arte menor en la poesía, es decir, aquellas composiciones de versos breves y corto aliento es atípico entre las publicaciones últimas. Más aún aquellas de delicado espíritu que evocan a la sencillez y colorido de la nostalgia por la infancia. Eguren es, sin duda, la figura más importante de esta tradición. Ricardo Peña, Valle Goicochea, Sologuren, algunos otros. Rossella Di Paolo empieza a publicar sus primeros libros a mediados de los 80, no obstante, por ubicación generacional, es una poeta singular.

Ella ha publicado “Cielo a tierra” Paracaídas (2023), un conjunto de intitulados, pequeños, sutiles textos. Tres, cuatro versos a lo más. Secuencias que destacan por sus imágenes prístinas, texturas, colores. Atmosféricas piezas de ensueño y evocativa nostalgia vegetal, zoológica, enhebradas en la ternura del recuerdo y la melodía.

Primer día de clases / apenas más alto que la hierba / colgaste tu sombra / en un clavito”. Desde ya aparece la voz de la poeta en compañía de un interlocutor que aparenta ser despierta compañía de la infancia. “Campánulas violetas azul añil / tañido / estallido / de cielos pequeños / en tus ramas”. La huella de Sologuren que la misma Rossella Di Paolo confiesa como uno de sus más grandes maestros, es innegable.

¿Entrabas al salón? / en mi carpeta encuentro / hojas sol ganas / de salir al jardín / corriendo”. Muestras de poesía infantil no escatiman en sus ansias por aparecer con fuerza, vitalidad, diafanidad. “Castillo de fuegos celestes / sin fiesta ni patrones”. Una libertad corona el espacio de emplazamiento de esta primera edad, sin límite: “Volcán de lava violeta / arrasa el orden”.

Destacada poeta peruana Rossella Di Paolo. (Foto: Andina)

El carnaval de las palabras, el acto de nombrar reverbera en todo el libro. “jacaranda mimosifolia / mejor decir tarco / o decir gualanday / pero bailando”. Toda evocación nos lleva hacia exteriores, una intemperie que no es hostil es más bien, arropadora: “Tu curso favorito: / el viento / (divagar)”.

Las composiciones de “Cielo a tierra” flotan, vuelan, se ordenan en su espacio de manera informe mas no desordenada. El blanco del papel acoge las fulguraciones de imágenes y alegorías, que brillan como luces en la memoria: “Repaso las hojas del cuaderno / repasas tus hojas / yo tú / sombras piernas mezcladas cabezas / rebosantes de pájaros”. Eguren evidente pasea por entre los símbolos y esferas musicales: “Lámpara azul y su niña / cantándote bajito”. Es a lo mejor este conjunto el homenaje a aquellos mencionados anteriormente, con sus liras, sus jardines, sus ternuras, sus sombras y sus niñas.

Rossella Di Paolo y la influencia de Eguren

Nuevamente la impronta egureniana con su sombría ternura, “En la neblina / el sonido de la campana / es un lamento”. Aparentemente, es al poeta a quien se dirige, esto no podemos asegurarlo: “Te sumerges en mi frasco de tinta / escribo contigo”. ¿Quién es la figura a la que canta? Aquella carta de los universos lúdicos de inicios del siglo XX, tal vez posteriormente, en algunas experiencias de Sologuren, acompañan en sentimiento y espíritu la fuerza de varios de los textos: “El cielo sueña en tus ramas / pero se agacha / para amarrarse los zapatos” o “En el jardín / una ola se alza / y revienta / violeta / violenta”. Versos de plasticidad pictórica que dialogan con el juego, el candor y la ternura infantil: “La flor bajó del árbol / y rozó mi cara / ¿un beso?”.

La poeta aprovecha esta lluvia transparente y colorida simultánea para abrevar emplastos de un método silente que opera en sus trazos de calígrafo: “Algo me cobija: / palabras nuevas / sombras viejas”. La infancia, en todo el conjunto, “En el recreo abrimos las loncheras / tus pájaros se llevan / lo que cayó en la hierba / lo que dejamos caer en la hierba”. Las secuencias de las composiciones no parecen ser gratuitas. La poeta va finalizando con pequeños apuntes de nostalgia y recuerdo, despedida. “Me alejé de ti / una flor, una hoja más / que despides”. Así también, “En tu corteza / no grabé iniciales que son / nombres / ni cifras que son fechas”. “Y nunca más en esa ventana / echando luz / recibiendo el aire del día / que empieza / el ruido de los pasos las puertas / golpeadas las risas / la promesa de una mañana / en el jardín / y tantos libros…”.

Con este poema concluye Rossella Di Paolo lo que parece ser un canto a su jardín evocador, a una infancia si bien no imposible, tal vez lejana por ciertas circunstancias. De igual forma este libro rinde homenaje, como ya hemos mencionado, a aquellos maestros de la delicadeza, la ternura y la imagen poética pura, inmaculada.

La invitación está hecha, lector.

José Carlos Picón (Lima, 1979) es periodista y escritor. Ha colaborado en diversos medios impresos y digitales, en páginas culturales y en plataformas de entidades públicas y privadas. Cuenta con dos libros de poemas publicados, "Tiempo de veda", (2006) y "Canciones de un disco cualquiera", (2013).

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