Senda de Libertad Eduardo Bonilla Awapara Editorial Casa tomada 2023

«Senda de Libertad. 30 años del Partido Unión Liberal», de Eduardo Bonilla Awapara

Eduardo Bonilla Awapara fundó hace 30 años el Partido Unión Liberal, y en su lucha por la libertad ha escrito una serie de ensayos y reflexiones que recoge en este libro que es, a la vez, una radiografía política del Perú.

Escribe José Élice Navarro *

I

No importaba de donde procedíamos ni como pensábamos la cosa pública y los problemas políticos, económicos y sociales. Éramos jóvenes, leíamos mucho y, sin embargo, no necesariamente mostrábamos una clara convicción o, cuando menos, una postura ideológica más o menos definida. Los había, por supuesto, marxistas y socialcristianos convencidos, y en medio de ellos los socialdemócratas. ¿Y las ideas liberales? Pues ahí estaban también, pero, a diferencia de los marxistas, socialdemócratas, socialcristianos y conservadores de extrema derecha, el pensamiento liberal no convocaba unidad, ni siquiera tácita.

La década de los 80 del siglo pasado estaba por concluir. Recién había ocurrido «la caída del Muro de Berlín», como consecuencia y símbolo dramático de los efectos de la crisis terminal, progresiva y a la vez acelerada, del comunismo soviético y sus aliados. El pretendido comunismo y sus parientes socialistas y «socialistoides» cercanos –y también algunos lejanos—habían recibido un golpe duro y en apariencia mortal.

Se inició un ciclo de desconcierto en el lado izquierdo del espectro político, que también afectó el centro y el lado derecho. ¿Había caído el comunismo y triunfado el capitalismo definitivamente? Muchos respondieron afirmativamente y celebraron. No podían prever que, a diversos fenómenos, como la intensificación de la conectividad informática y el advenimiento de las redes sociales que crearían una realidad paralela y volátil –que ha restado y hasta casi eliminado los espacios mínimos necesarios para facilitar el debate en profundidad de los asuntos más elementales de la convivencia—, se iba a sumar una suerte de socialismo sin una filosofía comparable con el materialismo dialéctico y el materialismo histórico, sino que se trataría de un socialismo nacido del pragmatismo. Un izquierdismo bastante más peligroso, porque su base sería la eventualidad, la improvisación y el eslogan, además de su proclividad para cultivar la opacidad y convivir con la corrupción. En 1982, el capitán Hugo Chávez ya había fundado el «Movimiento Bolivariano Revolucionario 200». No era posible entonces imaginar que estábamos ante el evento genésico del «socialismo del Siglo XXI».

Nadie imaginó que con Chávez se daba inicio a la tragedia del socialismo sudamericano del siglo XXI.

La socialdemocracia fue por el centro político –y en alguna medida tuvo éxito. Se trataba de una izquierda democrática, no marxista, reformista y no revolucionaria, apegada a los problemas sociales y decididamente progresista. El Partido Aprista Peruano, ideológicamente renovado, representaba en el ámbito nacional la corriente socialdemócrata. Alan García era el joven presidente del Perú desde 1985. Quizá demasiado joven. No logró controlar al grupo guerrillero maoísta que, con su «lucha armada», asolaba al Perú desde 1980: el denominado «Partido Comunista del Perú: por el sendero luminoso de José Carlos Mariátegui», más conocido simplemente como «Sendero Luminoso», al que se sumó, aunque con otra perspectiva –la de la revolución cubana—y con un accionar de menor escala, el Movimiento Revolucionario Tupac Amaru. Además, fue legado de la presidencia aprista, entre otros, una hiperinflación camino al 3000 por ciento y la estatización de la banca, que generaron un peligroso clima de inestabilidad e incertidumbre. Eran tiempos de exacerbación, violencia y terror. Al término del gobierno de García, el futuro era incierto. Aunque una luz había iluminado un camino.

Las elecciones generales de 1990 estaban destinadas facilitar la enmienda del rumbo que, en cierta medida, ya venía con un trazo: el Movimiento Libertad, fundado en 1987 por Mario Vargas Llosa como respuesta a la decisión estatizante de Alan García –esta fue la luz de esperanza que iluminó un camino de salida que nos parecía negado al término del gobierno aprista. Yo no me integré al FREDEMO ni colaboré con él. Eduardo Bonilla sí lo hizo. Aún no nos conocíamos.

En 1988, el movimiento se alió con el Partido Popular Cristiano y el Partido Acción Popular para formar el Frente Democrático (FREDEMO), al que también se sumaron el Movimiento Solidaridad y Democracia. Antes de acordarse esta alianza política, el perfil ideológico del Movimiento Libertad era claramente liberal. Con la presencia de las fuerzas políticas aliadas, el discurso liberal debió atemperarse para consolidar la alianza.

En 1988 el PPC y AP se unen para formar el FREDEMO, con Mario Vargas Llosa como candidato a la presidencia del Perú.

En un paréntesis quiero recordar que en 1989 viajé a Sintra—Portugal, a la Academia Internacional Libertad y Desarrollo, invitado por la Fundación Friedrich Naumann, que es el centro de pensamiento del Partido Democrático Libre de Alemania. Fue fundada en 1958 por Theodor Heuss, el primer presidente de la República Federal de Alemania. En aquella oportunidad, estudiamos las corrientes políticas comparadas, con especial énfasis en el liberalismo. Aquella experiencia me cambió la vida. Desde entonces me considero y soy liberal. No me adoctrinaron, me mostraron.

Tanto el Partido Democrático Libre como la Fundación Friedrich Naumann son organizaciones adscritas a la Internacional Liberal, fundada en 1947 sobre la base del Manifiesto de Oxford. Se trata, sin duda, del más importante movimiento político—liberal que, de manera sostenida, promueve el liberalismo en el mundo desde hace más de setenta años.

II

El Frente Democrático presentó la candidatura de Mario Vargas Llosa a la presidencia de la república y las respectivas listas de candidaturas al Senado y a la Cámara de Diputados. El intelectual y destacadísimo escritor peruano, era, y aún es, un adalid de la formación, la renovación y la difusión del pensamiento liberal en el mundo. ¿Qué mejor?

Vargas Llosa fue un candidato honesto y razonable. Refrescante para un Perú agobiado. Por difícil que fuera manejarlo –y de seguro con la objeción de sus estrategas de campaña electoral—dijo lo que de verdad pretendía hacer de llegar a la presidencia –algo inusual para nuestra hipocresía política—, además de ofrecer al país un futuro equipo de gobierno que la gente podía ver y evaluar. Creo que eso fue una virtud, y un ejemplo sobre cómo, en política, sí es posible hacer las cosas de un modo distinto y para bien. Ejemplos como este nos hacen mucha falta hoy.

Lo cierto es que el discurso de la libertad, la honestidad, la transparencia y la claridad en las propuestas e intenciones, finalmente jugó en contra de la candidatura de Vargas Llosa, quien, a pesar de ganar la primera vuelta electoral, perdió en la segunda. Logrando el triunfo un candidato casi desconocido: Alberto Fujimori Fujimori, con su eslogan «honradez, tecnología y trabajo». Sus posturas, bastante imprecisas, estaban más cerca de la socialdemocracia. Llegó al pueblo con un mensaje simple y pragmático, contrario a las propuestas «neoliberales» del FREDEMO. Por su parte, el discurso liberal de Mario Vargas Llosa, renovador y consistente, sufrió por el embate de sus adversarios contra las organizaciones políticas que acompañaban al Movimiento Libertad en un frente político calificado como de derecha o derecha conservadora. El frente se constituyó en la primera mayoría parlamentaria relativa en el Congreso, pero alcanzó a tener mayoría absoluta.

Alberto Fujimori y Mario Vargas Llosa durante la campaña presidencial en segunda vuelta de 1990.

Fujimori tomó medidas radicales para equilibrar la economía e iniciar un proceso de estabilización general. Las medidas económicas que adoptó no fueron las que propuso durante la campaña electoral, sino las que combatió. Dejó de lado al equipo de asesores económicos que lo acompañaron como candidato presidencial y formó otro que lo apoyó en la implementación del ajuste macroeconómico inmediato que, con claridad y honestidad, propuso en su momento Mario Vargas Llosa.

El 5 de abril de 1992, el presidente Fujimori quebró el orden constitucional, al decretar y ejecutar la disolución inconstitucional del Congreso, con el apoyo de las fuerzas armadas. Pero presionado por la comunidad internacional, convocó a un «Congreso Constituyente Democrático», para que debata y apruebe una nueva Constitución que, finalmente, debía ser sometida a referéndum. Y así fue. En ese proceso se gestó la «Constitución de 1993», aún vigente, pero con reformas.

El FREDEMO decidió no participar en el proceso constituyente. Se debilitó y disolvió en setiembre de 1993. Un año antes, Eduardo Bonilla viajó a Sintra—Portugal, para participar en uno de los programas de formación en la Academia Internacional Libertad y Desarrollo. Creo que ese mismo año también viajé a Gummersbach—Alemania, para participar en un nuevo curso en la Academia Theodor Heuss. Ya en Lima, no recuerdo el mes, recibí la llamada de Eduardo, quien me invitó a una reunión en la que hablamos sobre nuestras experiencias, coincidencias e ideas para el futuro. Desde entonces y hasta hoy somos amigos. Como amigos coincidimos, como amigos a veces discrepamos. Pero ambos nos mantenemos firmes en nuestra fe y lucha por la libertad.

Eduardo Bonilla Awapara, empresario y político peruano, fundador del Partido Unión Liberal.

El 5 de agosto, Eduardo fundó el Partido Unión Liberal. Este libro inicia con su declaración de principios, breve y sobria. Han pasado treinta años. El partido no ha logrado su inscripción formal en el registro de partidos políticos, pero Eduardo no ha bajado la guardia. Ha sido y es constante en la brega en pro de la libertad, y ahora nos entrega este libro que contiene sus reflexiones desde 2011 hasta 2023, expresadas en artículos y notas variadas, que comparten no solo la mirada de un liberal convencido, sino también la de un empresario que quiere y sabe que debe participar, cuyo testimonio siempre es y será importante, y sobre todo útil. Unión Liberal es su legado y este libro es, de algún modo, el registro de su quehacer entusiasta y comprometido.

Nuestro país necesita una propuesta política fresca y consistente. A estas alturas de la historia está claro que ningún proyecto socialista ha tenido éxito. Ninguno. La sociedad socialista, aquella propugnada y prefigurada por el marxismo, jamás logró instaurarse en su completitud. Y los esfuerzos por hacerlo han terminado en nuevas formas de autoritarismo y abuso. No solo hay espacio para el liberalismo. Hay un lugar que le pertenece al liberalismo o que solo el liberalismo puede ocupar, pero se requiere de unidad y trabajo perseverante. El Perú espera. El Perú sabrá escuchar, porque no hay nada más claro, si se expone con honestidad, que el pensamiento de la libertad.

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* José Élice Navarro, Ex ministro del Interior. Abogado y político peruano.

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