Círculo de Lectores
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Alonso Cueto: «No se puede vivir sin esperanza»

El escritor peruano Alonso Cueto estuvo en Arequipa para participar en el Hay festival, donde conversamos sobre escritura y nuevos proyectos.

Publicado

1 Dic, 2025

Una entrevista de Diego Nieves

El escritor peruano Alonso Cueto participó en el Hay Festival Arequipa 2025 en noviembre, formando parte del homenaje a Mario Vargas Llosa, y donde se abordaron temas sobre su obra y su influencia en la literatura. Cueto es autor del clásico «La hora azul«, que se encuentra de aniversario, ha sido llevada el cine y acaba de salir en una edición especial en tapa dura gracias a Alfaguara. Con él conversamos sobre literatura, escritura y la enorme presencia de Mario Vargas Llosa en la literatura hispanoamericana.

En los últimos años, tus libros se han movido entre el ensayo y la novela. Al margen de las reediciones de libros de cuentos que tengas en camino, ¿tienes en proyecto algún libro de cuentos inédito?

El cuento es un género que me fascina. Me parece todo un reto las distintas posibilidades que tiene un escritor de condensar, comprimir y potenciar escenas esenciales o básicas en el cuento para mostrar el destino de un personaje. Yo tengo ya un libro de cuentos que saldrá, seguramente, en un par de años.

¿Ya tiene título?

Amantes, asesinos y artistas. Es el título que tiene por ahora.

Para ti, ¿qué es eso que diferencia al cuento de la novela?

En el fondo, lo que interesa en el cuento es eso que hace la fotografía: capturar un instante, un episodio, un momento en la vida del personaje, y que ese momento nos diga quién es ese personaje. Que nos diga algo de su identidad. Hay una correspondencia entre Julio Cortázar y Juan José Arreola, en donde Cortázar le dice que escribir una novela es salir a buscar un tesoro. Pero que, en el cuento, es el tesoro mismo el que está refulgiendo. Es el hallazgo, la luz que se proyecta sobre un personaje, un episodio. Creo que en el cuento es fundamental encontrar un incidente revelador que exprese eso.

Creo también que en la novela uno recuerda más al personaje y, en el cuento, al episodio. Lo más importante es, si tienes alguna idea o anécdota, decidir si eso puede dar lugar a un cuento o si puede servir de primer episodio de una novela.

Hablemos de tus personajes. Los tienes de todo tipo y han vivido en distintas etapas de nuestra historia: algunos en la época del conflicto armado, otros en el periodo virreinal, otros en la Lima de este siglo… ¿Qué es lo que te interesa a lo hora de crearlos?

Para mí un personaje interesante es uno al que no pueda entender. Es alguien a quien quiero mucho porque me atrae y no lo entiendo del todo. Esa es la relación de amor entre el autor y su personaje que alimenta una relación larga, que es la relación con la novela. Digamos que tú, cuando te levantas en la mañana y te vas a escribir una novela, estás teniendo una relación íntima con esa novela. Y si es un personaje interesante con preguntas, con enigmas, con dilemas, con situaciones irresolubles… eso es lo que interesa. Porque si no, no tendrás la tentación de seguir hablando con él o con ella.

¿Y qué me puedes decir ya no del personaje, sino del tema de una novela? ¿Cómo definirlo?

Bueno, lo que me interesa en la novela es ver si el incidente que provoca la tensión o la primera piedra de la historia se puede asociar en una serie de episodios sin dificultad. Es decir, si ese incidente genera por sí mismo una serie de otros episodios sucesivos. Entonces, eso es lo que me parece que hace que exista un buen comienzo. El Quijote se va a convertir en un caballero, por ejemplo. ¿Lo va a lograr? ¿Qué va a pasar cuando lo haga? ¿Qué pensará la gente de él?

alonso cueto

Este año el Hay Festival conmemora a Vargas Llosa. Tu último libro, Palabras en el mundo, se lanzó literalmente a semanas de la muerte de Vargas Llosa. ¿Cómo fue el proceso de escribir ese ensayo y cómo fue para ti todo lo que vino después?

Uno escribe libros sobre las experiencias más intensas y memorables que tiene. Y la lectura de las novelas de Vargas Llosa para mí ha sido de las etapas más profundas y fascinantes como lector. Yo tenía una serie de ensayos y artículos dispersos que traté de organizar, integrar en este libro. Es un ensayo que también incorpora algunos episodios de mi vida personal, conversaciones con él. Recuerdo cómo fue la primera vez que lo vi en mi recuerdo consciente: entró en la habitación con una energía, una capacidad de relacionarse con los demás… Sus primeras conversaciones con ese grupo que estábamos ahí, ese grupo de muchachos que éramos, yo tenía dieciséis años. Y desde entonces lo vi durante más de cincuenta años con regularidad en muchas partes del mundo. Siempre con esa capacidad de tener una relación llena de estímulos, de grandes anécdotas y comentarios… Es algo que yo agradezco.

¿Alguna anécdota o conversación memorable con Mario?

Recuerdo dos de las cosas que me dijo alguna vez. Me habló de cómo terminar una novela, que es una de las preguntas que un escritor se puede hacer. Hay manuales que te dicen cómo empezar, pero no hay muchos manuales que te digan cómo es un buen final. Y recuerdo que él me dijo algo que me pareció muy cierto: “Uno no sabe por qué una novela termina en el momento en el que la haces terminar, no hay una razón, pero tu intuición te dice que ese es el final”.

Y otro episodio que recuerdo fue cuando yo le comenté cómo murió Charles Dickens. Había muerto mientras escribía su última novela, El misterio de Edwin Drood. Dickens se cayó en su escritorio, víctima de un derrame cerebral, probablemente. Murió al día siguiente. Y él me dijo (Mario) que no había una muerte mejor: pasar de la ficción a la nada, de escribir una novela a la muerte. Son algunas de las historias que recuerdo de él.

Palabras en el mundo tiene un epílogo muy íntimo, y me hizo recordar a otro libro íntimo que tienes, Los años, tu diario, que salió el año pasado. ¿Tienes algún plan de sacar una segunda parte de esos diarios, considerando su breve extensión?

Sí, tengo un plan de continuar esos diarios. Vamos a ver. Es un libro que yo nunca pensé publicar. Mi hijo, Esteban, fue quien me convenció de publicarlo. No me arrepiento. Uno puede compartir experiencias íntimas con la esperanza de que los lectores puedan sentirse reflejados en esas experiencias comunes que todos tenemos. Cuando uno escribe un diario, generalmente pone lo que no diría en las conversaciones, incluso en las que tiene con amigos. Uno no cuenta siempre lo más íntimo o personal. En los diarios lo pones… Creo que los diarios son una manera de prolongar una conversación con gente a la que no le hubieras dicho eso en persona, pero se lo estás diciendo por escrito. Y esas personas han vivido a lo mejor en secreto experiencias parecidas, y quizá podamos encontrarnos en algún momento.

Una última, a propósito de la bella edición de La hora azul que acaba de sacar Alfaguara por los veinte años de la publicación de tu novela. Releyendo el libro, me siguió marcando una frase en especial: “Quizá la esperanza es lo peor que le puede pasar a uno”. Somos un país que ha experimentado violencia, inestabilidad política, inseguridad y mucho más. ¿En este contexto en el que vivimos, qué opinión te merece esa frase?

Lo que yo quise sugerir en esa frase es que muchas veces la esperanza nos lleva a la frustración y al desengaño. Y por eso puede ser lo peor que nos puede pasar. Pero, por otro lado, también creo que la esperanza es un músculo de la imaginación. Como un instinto natural. No podemos vivir sin esperanza. Podemos vivir en la peor de las miserias, pero no podemos vivir sin la esperanza de que algún día saldremos de esa situación. Y esa esperanza se debe mantener.

Lo que más me interesa a mí es explorar por qué las personas quieren seguir adelante con sus vidas, aun en medio de las peores amenazas, riesgos y sufrimientos. ¿Por qué no renuncian a seguir viviendo? Hay un instinto de vida que no tiene que ver con las doctrinas, religiones o ideologías, sino con ese sustrato vital que puede tener una persona de no renunciar a la vida, que es lo único que tiene. Por más dura que sea la vida en este momento, puede ser mejor en algún otro. Y, aunque sea, se puede perseguir un ideal de bienestar, así sea efímero o precario. Así que, por un lado, la esperanza te puede llevar al desengaño, pero, por otro, no se puede vivir sin esperanza.

Diego Nieves
Diego Nieves. Licenciado en Administración. Ha llevado cursos y seminarios de Literatura en la PUCP, y el taller de Escritura Creativa de Alonso Cueto. En 2024 publicó el libro de cuentos El mundo está hecho así (Summa). Ha publicado, también, ficción en una antología de cuento peruano bajo el sello Palabra Herida en 2023.

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