Escribe Luis Eduardo García
Los llamados géneros autobiográficos tienen pocos cultores en nuestra tradición, uno de ellos es Alonso Rabí do Carmo, quien ha publicado ‘Prosas minúsculas’ (Mesa Redonda, 2025), un compendio de textos que oscilan entre el diario, el ensayo breve y el aforismo, con magníficos resultados: claridad expositiva, enfoque original y un culto especial por la belleza del lenguaje. La realidad, en otras palabras, atisbada desde sus fragmentos, que es como mira un escritor la vida cotidiana.
Hay escritores que se sirven de su propia vida para, en unos casos, narrar historias verosímiles o verdaderas; en otros, para escribir textos íntimos como diarios, epístolas, memorias o testimonios. En estos textos autobiográficos concurren, en primer lugar, la confesión, es decir, la declaración, espontánea o no, de alguien que tiene mucho que decir; y, en segundo lugar, la reflexión, que es la capacidad de persuadir o convencer a otra persona de la importancia de las ideas que se exponen.
En el caso de los escritores, el acto de confesarse (escribir) resulta más que apropiado. ¿Qué otro ser puede narrar o exponer mejor lo que sucede en su mundo interior? No se trata de que un escritor es alguien especial o único, sino de un profesional que conoce las técnicas y los recursos idóneos para hacerlo. En este sentido, un escritor distingue muy bien cuál es la diferencia entre ficción y realidad o qué género es el más apropiado para confesarse.
Los cultores de estos formatos autobiográficos son escasos en la tradición literaria latinoamericana y más en el Perú, no así en Europa, donde la mayoría de los escritores, desde muy antiguo, cultivan estas especies que pueden calificarse como géneros de no ficción, aunque en ellos prime la subjetividad. Esto, probablemente, se debe a que en nuestros países prima la urgencia social sobre lo íntimo. En los últimos tiempos, sin embargo, hay autores que han publicado libros de esta naturaleza, algunos de ellos verdaderas obras maestras. Me vienen a la mente rápido y en desorden ‘Prosas apátridas’, ‘Dichos de Luder’ y ‘La tentación del fracaso’ de Julio Ramón Ribeyro, ‘El pez en el agua de Mario Vargas Llosa, la serie ‘Antimemorias’ de Alfredo Bryce, ‘Una locura razonable. Memorias de un crítico literario’ de José Miguel Oviedo y ‘Los años. Diario personal’ de Alonso Cueto.

Alonso Rabí do Carmo es el autor de un libro estupendo, ‘Prosas minúsculas’. El autor y el libro son especímenes solitarios en el sentido de que el primero no tiene compañía (sus condiscípulos están ausentes) y el segundo es una rareza en medio de la novela, los cuentarios, los poemarios y los miles de libros de otra naturaleza que se escriben y publican casi a diario. Se trata de un libro híbrido, a mitad de camino entre el diario, el ensayo y el aforismo. El autor dice en la presentación que los textos publicados son producto de la desmembración de un diario que escribió entre el 2012 y el 2023. “Decidí que la forma de diario no iba más. Y preferí, primero, elegir más de un centenar de fragmentos […] independizados de su coyuntura y dueños, la mayoría de ellos, de su propia temporalidad”.
El título ‘Prosas minúsculas’ contiene en sí mismo una ambigüedad, una explícita y otra oculta. Puede que se trate de ‘prosas minúsculas’ por su extensión, pero por la calidad de su escritura, la profundidad de sus ideas y el placer estético que exhiben son mayúsculas, de gran calibre. En ellas se nota el magisterio de Julio Ramón Ribeyro, a quien Rabí do Carmo le rinde un homenaje en el siguiente aforismo: “Escribir o intentar escribir un libro como ‘Prosas apátridas’ y luego retirarse, con dignidad al silencio«. También creo percibir la presencia oculta de Michel de Montaigne, por el enfoque reflexivo y personal sobre la condición humana. Y luego están los maestros que él mismo reconoce: Galeano de ‘Memorias del fuego’, ‘Vista del amanecer en el trópico’ de Cabrera Infante y los textos breves de Robert Walser y Augusto Monterroso.
La prosa del autor de ‘Prosas minúsculas’ es exquisita, te desestabiliza emocionalmente si la lees con ojos de ver y no de mirar, lo cual, creo es una prueba fehaciente de su calidad. Un trabajo de orfebre, al que hay que añadir la ironía y autocrítica que rezuman: “Oigo a un colega despotricar de sus alumnos. Que son unas bestias, que no entienden nada, que no leen nada, que escriben pésimo, que son ociosos y deshonestos. Mi pregunta ahora es saber quién está más cerca del fracaso, si ellos o él” (‘notas de clase (i)’, p.51). “Cuántas veces, como ahora mismo, he dudado de mi vocación, he renegado de mis convicciones, me he sentido triste, derrotado, más solitario e insignificante que nunca. No tengo el menor deseo de insistir, pero hay una oscura fuerza dentro de mí que me empuja continuamente. Ofrezco este pasaje como testimonio” (‘confesión’, p. 48).
Los textos elegidos en el libro están atravesados por tres temas: la lectura, la enseñanza y el proceso creativo, contados desde un tono confesional y expositivo que los vincula todavía con el diario. En el prefacio, Alonso Cueto se pregunta desde dónde hay que leer las prosas de Rabí do Carmo: ¿desde lejanía formal o desde la conversación íntima? Sin duda, desde lo segundo. Se trata, como dice Cueto, de prosas que nos “hablan al oído” o nos disparan directo al corazón. Para lograr este objetivo, el autor de ‘Prosas minúsculas’ se vale de dos virtudes estratégicas: la sencillez, exactitud y belleza del lenguaje y la destreza para transmutar temas anodinos en ideas profundas y conmovedoras. El resultado: prosas mayúsculas que enriquecen nuestra anémica tradición de literatura autobiográfica.

