Así se hizo «Cien años de soledad»: los ecos de un clásico de la literatura latinoamericana.

El ensayo "Ascent to glory", de Álvaro Santana-Acuña, detalla todas las ayudas literarias que recibió Gabriel García Márquez para escribir su obra cumbre. Un "making off" de una de las obras más grandes de la literatura universal.

;

Seguir leyendo

Escribe Xavi Ayén *

Cuando el crítico y escritor mexicano Emmanuel Carballo leyó, a mediados de los años sesenta, unas primeras versiones de Cien años de soledadle dijo a su amigo Gabriel García Márquez: ”¡Dios mio, Gabo, nadie puede entender eso!”. En su opinión, la respiración del lector era difícil y se ofreció a «ponerle bien las comas». De hecho, el manuscrito final presenta 250 cambios de puntuación.

Esa es una de las anécdotas que pueden encontrarse en Ascent to gloryun ensayo publicado en inglés por la Universidad de Columbia en Nueva York, que es obra del sociólogo canario Álvaro Santana-Acuña, profesor en el Whitman College de Washington. La obra es básicamente dos cosas: por un lado, un detallado making of de los catorce meses que García Márquez tardó en escribir la mítica novela en su casa de Ciudad de México y, por el otro, una explicación de cómo y por qué se convierte en un clásico universal.

Uno de los aspectos más curiosos es que Santana-Acuña muestra Cien años de soledad como una obra colectiva, construida en red. “Eso ocurrió antes con otras obras de él –observa en un video encuentro con este diario–, enviaba manuscritos, pedía comentarios, leía en voz alta y realizaba cambios según las reacciones… Es una de las obras de la historia de la literatura más leídas y comentadas antes de su publicación. Carlos Fuentes le envió algunas ideas por carta, Plinio Apuleyo Mendoza le apuntó el Barroco del Siglo de Oro como referente para encontrar el tono, de ahí que, en las lecturas en voz alta, García Márquez impostara un acento español, como relató el periodista José Font Castro. Un exiliado español, Federico Álvarez, le recomendó inspirarse en El siglo de las luces del cubano Alejo Carpentier, él quedó fascinado por su ritmo y su mezcla de historia y mito, y se marcó como objetivo un punto medio entre Carpentier y Hemingway.

Gabriel García Márquez
Gabriel García Márquez

La llamada ‘mafia’ mexicana le ayudó en las investigaciones: José Emilio Pacheco le buscó cosas de la piedra filosofal, Vicente Melo le indagó sobre las propiedades de las plantas, Álvaro Mutis le ayudaba en temas poéticos, otros amigos colombianos le buscaban cosas sobre las guerras civiles de su país… Con el matrimonio María Luisa Elío-Jomí García Ascot se veía casi cada noche y les consultaba muchas cosas, por ejemplo sobre el vestuario de los personajes. Elío le hacía de fact-checker en cuestiones de cultura caribeña. Incluso la mecanógrafa, Esperanza Araiza, que se lo tomaba como una novela por entregas, porque iba pasando a máquina cada capítulo, le hacía observaciones sobre la trama y lo que cada personaje haría o no, a su juicio”. Se hicieron, asimismo, nada menos que ocho avances editoriales, de distintos capítulos, antes de que se publicara el libro, en medios de Colombia, Francia, Perú, México, Uruguay y Argentina.

“Hay muchos mitos y leyendas en torno a esa novela –admite Santana-Acuña– y tampoco mi objetivo era desmontarlos sino mostrar cómo se escribió”. Todo clásico, afirma, está siempre envuelto de esa especie de fake news “así como de críticas demoledoras contra él, ya las tuvo en 1967, en 1971 lo acusaron de plagio e incluso una académica, el año pasado, la ha acusado de ‘obra sobrevalorada’, los clásicos tienen tantos fans devotos como haters generación tras generación, eso es un elemento poco estudiado pero imprescindible para alcanzar el olimpo”.

Otra parte del libro analiza cómo la novela se convirtió “en la Biblia de América Latina”. “Los autores del boom realmente creían en una América Latina unida, al menos culturalmente –apunta–. Pero el gran éxito en ventas de algunos les hizo centrarse luego en desarrollar carreras en solitario. Y, como eran los libros de Barcelona los que llegaban a todo el continente, se produjo una reacción nacionalista de algunos países, que gravaron con aranceles los libros españoles, para crear así su propio mercado e industria autóctonos. Tras el cosmopolitismo del boom, en los últimos cuarenta años lo que vivimos es la tendencia inversa: crear cánones nacionales y autores nacionales. Todo es cíclico y después seguramente volverá el mensaje de la literatura latinoamericana global”.

Ascent to glory documenta los cambios de temas, de personajes, estilo… “El que más me sorprendió fue saber que al principio el coronel Aureliano Buendía no iba a ser el protagonista. Era la historia de una familia en el Caribe, y el coronel iba simplemente a pasar por Macondo en alguna de las guerras y seguramente reclutaría a algún miembro de la familia. En una versión inicial, además, Aureliano gana la guerra”. En realidad, en 1964, García Márquez “ya trabajaba en El otoño del patriarca, que dejó a medias, lo acabó en 1975, y al ponerse con Cien años… en 1965 le seguía saliendo El otoño… Y como no quiere un dictador, lo hace pasar de ganador a perdedor”.

Sobre posibles injusticias en la lista del boom, el autor lamenta que, a nivel popular, “el peruano José María Arguedas, de una generación anterior, no ha tenido la aceptación que merecería su importancia, aunque influyó mucho. Las mujeres no han sido consideradas aunque algunas, como María Elena Garro, formaban parte destacada de las fiestas del boom. De la misma manera que hemos mostrado que la Ilustración no son solo Rousseau y Voltaire, el boom son muchos más nombres y ciudades, porque fue un movimiento multicéntrico, que también existió en Ecuador, Brasil o Bolivia, o ciudades como Barranquilla y Montevideo. Eso ayuda a entender por qué, cuando ellos llegan a Barcelona, ya existe un entorno global preparado para absorberlos”.

Gabriel García Márquez, escribiendo 'El otoño del patriarca' en su piso de Barcelona, años 70
Gabriel García Márquez, escribiendo ‘El otoño del patriarca’ en su piso de Barcelona, años 70  Rodrigo García Barcha

Otro libro básico para entender Cien años de soledad es Camino a Macondo (Random House), publicado a finales del 2020, que recopila las apariciones de ese territorio mágico inspirado en su Aracataca natal, en las obras del colombiano entre 1950 y 1966, es decir, en algunos textos sueltos, en las novelas La hojarasca (1955), El coronel no tiene quien le escriba (1961) y La mala hora (1962) y en los cuentos de Los funerales de la Mama GrandeLa primera aparición del lugar, aún innominado, es en La casa de los Buendíatexto publicado en la revista Crónica el 3 de junio de 1950. El nombre aparece por primera vez en el cuento Un día después del sábado (1954) cuando el personaje llega al pueblo y entra en el Hotel Macondo.

“Yo nunca me olvido de quién soy, soy el hijo del telegrafista de Aracataca”, dejó dicho García Márquez. Siete años después de su muerte (el pasado sábado habría cumplido 94 años), y a la espera de la serie de Netflix en la que sus hijos Rodrigo y Gonzalo son productores ejecutivos, el lector puede sumergirse en los libros que exploran la génesis de su novela más popular.

____
* Tomado de La Vanguardia.

3.5/5 - (4 votos)
<h4>Círculo de Lectores Perú<h4 />

Círculo de Lectores Perú

Círculo de Lectores Perú es una comunidad que crece, poco a poco, alrededor de aquello que tanto nos gusta: los libros y la lectura. Vive con nosotros la aventura de leer.

Quédate un poco más, tenemos contenido que te puede interesar.

John V. Murra: la odisea intelectual

John V. Murra: la odisea intelectual

Gracias a sus estudios de antropología y sociología, John V. Murra reconstruyó la economía inca, esclareciendo el modo de producción y tenencia de la tierra, la manera en que funcionaban las prestaciones laborales, el valor de la ropa. Caracterizó a la economía incaica como una economía “redistributiva”, que distribuía la producción de algunos segmentos de la sociedad en beneficio de otros.

«Lo que no sucede y sucede», el discurso de Javier Marías en el Rómulo Gallegos de 1995

«Lo que no sucede y sucede», el discurso de Javier Marías en el Rómulo Gallegos de 1995

A partir de una página determinada, como si con ella se levantara el telón de un tesoro, fingimos olvidar toda esa información y nos disponemos a atender a otra voz -sea en primera o tercera persona- que sin embargo sabemos que es la de ese escritor impostada o disfrazada. ¿Qué nos da esa capacidad de fingimiento? ¿Por qué seguimos leyendo novelas y apreciándolas y tomándolas en serio y hasta premiándolas, en un mundo cada vez menos ingenuo? Un texto que el desaparecido Javier Marías leyó al recibir el premio Romúlo Gallegos en 1995.

«Los hijos del orden», de Luis Urteaga Cabrera (Fragmento)

«Los hijos del orden», de Luis Urteaga Cabrera (Fragmento)

El crítico literario Abelardo Oquendo escribió de este libro: «Nadie ha escrito en el Perú una novela tan violenta como ésta. Aquí, con una dureza cuya implacabilidad no desvirtúa la hermosa y lúcida ternura que subyace en sus páginas, Luis Urteaga Cabrera historia la rebelión en una cárcel de menores que convergen a ese lugar de horror. A través de las confluyentes biografías de los hijos de un orden atroz, se revelan, tanto algunos rostros del país que por primera vez acceden a la literatura, cuanto la calidad extraordinaria de un autor que, de lo inédito, da un salto definitivo a la primera línea de la narrativa peruana de hoy». Los dejamos con un fragmento de esta estupenda novela.

Suscríbete a nuestro boletín

Suscríbete a nuestro boletín

Únase a nuestra lista de correo para recibir las últimas noticias y actualizaciones de nuestro equipo.

Excelente, pronto tendrás noticias nuestras.

Pin It on Pinterest

Shares