Círculo de Lectores
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Carlos Germán Belli, un adiós (1927-2024)

El 10 de agosto falleció Carlos Germán Belli, el último poeta de la brillante generación del 50. El poeta James Quiroz lo recuerda en este texto homenaje.

Publicado

11 Ago, 2024

No llegué a conocer en persona al poeta Carlos Germán Belli. Cuando me animaba a buscarlo durante alguna estadía en Lima, su edad avanzada me sugería declinar, no importunar su sosiego. 

He leído su poesía con respeto. No era asiduo a su poesía, debo admitirlo, pero siempre encontraba elementos atractivos en su pensamiento más allá de su original escritura. Belli fue un cultista de las formas clásicas, de la música y el ritmo. Pero no era un poeta cegado por el lenguaje o el sonido por si mismo, la poesía “pura” sobrecargada de adorno, ese oficio combinatorio sin ningún sentido de aquellos que no tienen nada que decir. Belli fue un poeta con sustancia, estratos emocionales y existenciales que desarrolló en toda su obra, por lo que sería un error reseñar a Belli como un poeta barroco o complejo entretenido en el lenguaje. Su aporte ha sido condensar sus temas de interés con una forma de versificar inusual, original y que no deja epígonos en la poesía peruana.

La voz de Belli

Desde su primer libro, Belli ya iba trabajando un sonido de tono distinto, una mezcla entre lo antiguo y lo moderno en donde ya se notaban los intereses personales del autor, cierta crítica social con una seria preocupación formal que llegó a manifestarse plenamente en ¡Oh, hada cibernética! (1962) con el cual obtuvo el Premio Nacional de Poesía, un poemario en el que alterna ese lenguaje culto o refinado con un lenguaje moderno en donde alterna la jerga y otros usos lingüísticos pocos convencionales que enriquecieron su sonido y lo ensalzaron como uno de los poetas más originales de su generación, llegando a ser el segundo poeta peruano más seleccionado en las antologías, después de Vallejo, hasta la última década del siglo XX, a decir de Ricardo González Vigil citando a su vez a Siebenmann en el prólogo de Versos reunidos (1970-1982).

A su edad madura, Belli fue reconocido, con justicia, con destacados premios literarios como el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda 2006 y el Premio Casa de las Américas 2009 por el poemario “El alternado paso de los hados”; también fue galardonado con el Premio Casa de la Literatura Peruana el año 2011 y cuatro años antes, el 2007, había sido nominado al Premio Nobel de Literatura.

Carlos German Belli 1
Entre los reconocimientos que Carlos Germán Belli recibió destacan el Premio Nacional de Poesía (1962), el Premio Pablo Neruda (2006) y el Premio Nacional de Cultura (2016). (Foto: Richard Hirano)

Al igual que otros poetas como José Watanabe o Roger Santiváñez, cultores de la forma y el sonido, Belli también fue depurando su técnica durante toda su vida, a tal punto que su estilo es reconocible desde el primer verso. Belli fue un artesano de la palabra. Ejerció su oficio con disciplina y rigor y sus libros son un ejemplo de autoexigencia. Cierto es que una vez que congenió con su propio estilo, nunca lo abandonó y escribió hasta el final de sus días sin cambiar de voz. Una voz que a medida que pasaba el tiempo se volvía más meditativa, más irónica frente al predominio de la muerte, tema cada vez más recurrente, no sin abandonar la serenidad y esa necesaria dosis de buen humor que siempre lo caracterizaron. Tal vez por esa razón su poesía, para un lector distraído, puede sonar monótona y retórica, a veces repetitiva y, por momentos, densa, como si fuera escrita hace siglos. Y es que Belli nunca fue a la moda, fue, más bien, un poeta insular que siguió su propio pulso, su propio ritmo creativo y persistió en sus propias inquietudes vitales.

El poeta Belli ha abandonado el mundo terrenal, ha ido siguiendo el paso de los hados y ahora escribe siglos de oro en las hospitalarias bóvedas celestes, sobre las que siempre escribió.

No hay mejor manera de enaltecer su memoria que volver a su poesía. Yo elijo ¡Salve, Spes! (2000), ese monólogo extenso y ambicioso, uno de sus más sólidos e intensos poemarios.

(…)

Es la obra mayor de la arquitectura
alzar por entre la impoluta bóveda
dondequiera allá sus recintos íntimos
entrando en las alturas más secretas,
cuya naturaleza contradice
al ávido mortal esperanzado,
no otro que el arquitecto
que desde que se aleja de la cuna
o se acerca a la Parca
osa elevar castillos en el aire.

                                                                  De ¡Salve, Spes! (2000)

Alfa y omega

Debajo de la bóveda celeste
ahora feto, ahora neonato
ahora muerto, más viviente siempre
por la gracia de Dios.

                                                                        De El alternado paso de los hados (2006)

James Quiroz
James Quiroz (Trujillo, 1984). Estudió Derecho en la Universidad Nacional de Trujillo y siguió una Maestría en Derecho Penal por dicha casa de estudios. Ha publicado los poemarios La noche que no has de habitar (2010), Rock and roll 2015 y El libro de los fuegos infinitos (2018).

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