Cesáreo Chacho Martínez: “Los primos de mi primo”

El poeta peruano Cesáreo "Chacho" Martínez nos dejó hace veinte años, pero su poesía y la amistad que forjó quedaron para recordarlo. Juan-Víctor Ataucuri nos entrega esta sabrosa crónica.

Publicado

20 Ago, 2023

Escribe Juan-Víctor Ataucuri*

Han pasado más de veinte años desde que el inolvidable Cesáreo «Chacho» Martínez se marchó al parnaso, la patria eterna de los poetas. Se fue sin poder afianzar con nosotros una relación familiar que, sorpresivamente, había surgido unas semanas antes del fatal acontecimiento.

En realidad, conocíamos al autor de Cinco razones puras para comprometerse (con la huelga) desde antaño, no solo por su poesía de hermoso tinte revolucionario y socialista, sino porque frecuentábamos amistades comunes. Aunque estos encuentros eran casuales, unas veces en el local de un editor amigo común y otras en alguna reunión social organizada por clubes provinciales de Arequipa, le teníamos una especial consideración pues era un paisano notable de papá y mamá, también arequipeños, también Unionenses, nacidos en el distrito de Toro, a media hora de distancia de Cotahuasi, la amada ciudad natal de Chacho Martínez.

Poeta, periodista, funcionario público y bohemio incansable, Chacho no le escatimaba su amistad a cualquiera que se le acercara con ideas, proyectos o, simplemente para ayudar u orientar al novato. Esto último hizo con nosotros en una entrevista que nunca imaginamos se llegaría a concretar bajo una circunstancia bastante insólita.

El poeta peruano Cesáreo Martínez.

Era finales del 2001 y recibí una llamada telefónica de un primo arequipeño que nos dijo que estaba en Lima por motivos de trabajo (era flamante subprefecto de Cotahuasi) y quería darnos una sorpresa. Con mi hermano Víctor acudimos prestamente al hotel donde se hospedaba, allí nos alcanzó un papel con un nombre escrito.

—Tomen, primos —nos dijo—, yo sé que ustedes desde hace tiempo quieren presentar sus proyectos al Ministerio de Educación. Aquí tienen el nombre de mi primo que les puede ayudar, búsquenlo.

Leímos el papel y grande fue nuestra sorpresa.

—¿Cesáreo Martínez es tu primo? ¿Es acaso el mismo «Chacho» Martínez que conocemos?

—Pues él es periodista y también poeta, como ustedes.

Aunque la comparación nos pareció exagerada, comprendimos que se trataba del mismo hombre. Buscar a Chacho tenía ahora doble motivo: primero anunciarle que, además de amigos comunes, teníamos también familiares comunes; y, segundo, exponer nuestras ideas y proyectos para el ministerio.

Como estábamos a puertas de las fiestas de fin de año del 2001, decidimos ir a buscarlo de inmediato. Efectivamente, cuando llegamos al enorme terreno de San Borja donde se alojaban las oficinas del Ministerio de Educación (que por cierto el gobierno de Alan García más tarde vendería sin remordimientos), nos dirigimos la Oficina de Coordinación Universitaria que Chacho dirigía. Luego de esperar en antesala largo rato, por fin entramos a su despacho. Allí nos recibió con una gran sonrisa pues sabía que éramos amigos de Hernán Alvarado, el dueño de Ediciones Quipu; pero nunca imaginó que también éramos primos de su primo. Después de enterarse de la noticia, nos enfrascamos en una larga conversación sobre el lugar de nuestros ancestros, sobre el gran Cañón que corría río abajo, sobre los vinos de Cotahuasi, especialmente el del valle de Chaucalla y las famosas minas de oro coloniales. Luego hablamos de sus libros y del nuestro. La charla se alargó tanto que no le pudimos exponer nuestro proyecto y acordamos hacerlo en una próxima reunión. Pero antes de marcharnos le dimos un ejemplar de nuestro libro Fábulas peruanas y él nos dio su Crónica SINcrónicas, haciéndonos una peculiar dedicatoria: «Para los primos de mi primo».

Cesáreo «Chacho» Martínez y Gregorio Martínez.

Lamentablemente nunca hubo una segunda reunión. Chacho Martínez moriría unas semanas después. Pero nos dejó sus obras en donde descubrimos una poesía de profundo tinte político, pero con una hermosa lírica: Cinco razones puras para comprometerse (con la huelga) (1978), Donde mancó el árbol de la espada y el arco iris (Bando para que la dirigencia se alinee con las masas) (1980), Celebración de Sara Botticelli (1983), y El sórdido cantar de Lima (1993). Póstumamente se publicó Sol de ciegos (2008).

Chacho Martínez fue uno de los pocos poetas consecuentes con su posición revolucionaria y que se atrevió a manifestarla en su poesía sin ningún miedo a las críticas. En estos últimos años, parece que hay una seria intención de desaparecerlo por su posición política, más que por su talento; tal como se está haciendo con otros poetas de su misma posición.

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(*) Periodista, escritor y dibujante. Con su hermano gemelo Víctor es considerado como revitalizador de la fábula en el siglo XXI.

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