Escribe Gabriel Rimachi Sialer
El anuncio de la producción de una serie sobre “Cien años de soledad”, obra cumbre de Gabriel García Márquez, despertó entusiasmos y arqueos de ceja en 2018, cuando el gigante del streaming se hizo con los derechos del libro. Cuando este año se anunció su estreno para el 11 de diciembre, muchos en todo el planeta esperamos la medianoche para vivir la maratón de la primera temporada de esta megaproducción, pero a las pocas horas empezamos a leer comentarios y “críticas” negativas en las redes sociales. ¿Es “Cien años de soledad” el gran fracaso de Netflix como hemos leído? No. En absoluto.
Cada vez que un libro es llevado al cine surge la duda inmediata sobre su apego a la historia original, sobre si el séptimo arte conseguirá atrapar el alma de aquello que el papel impreso nos cuenta, sobre si los actores serán capaces de alcanzar la dimensión que poseen los personajes en el libro. La gran mayoría de las veces no lo consigue. Para muestra un botón: “El perfume”, de Patrick Süskind, es una joyita que perturba incluso tu forma de percibir ciertos olores (si te metes bien en la historia), pero la película de 2006 dirigida por Tom Tykwer es cualquier cosa menos algo parecido a lo que “se siente” en la novela, y no la salva ni la presencia de Dustin Hoffman o Alan Rickman.

Pero también hay de las otras, películas que sí se acercan o igualan o superan (esto último contado con los dedos de una mano) a los libros en las que se basan. Ahí tenemos “La naranja mecánica”, adaptación de Stanley Kubrick de la novela homónima de 1962 escrita por Anthony Burgess. O “El padrino”, adaptación de Francis Ford Coppola y ganadora del Oscar, de la novela de Mario Puzo. O “Stand by me”, cinta de Rob Reiner basada en el cuento “The body”, de Stephen King”. O, ya que estamos hablando de King, ahí tenemos “The Shawshank Redemption”, dirigida por Frank Darabont y basada en la novela breve del maestro del terror. Y así la lista es larga, aunque no tanto como quisiéramos.

Desde que salió publicada en 1967, “Cien años de soledad” ha sido uno de las grandes tentaciones de los productores de Hollywood. Sean Penn y Marlon Brando viajaron a México para convencer a García Márquez de que les vendiera los derechos de la novela, pero no lo consiguieron. El Nobel colombiano tenía las cosas claras: no quería que su novela fuera llevada al cine, y menos con actores gringos en una megaproducción hollywoodense que redujera el universo de Macondo a una película de dos horas. Quizá por eso ahora la serie de Netflix tenga ese “algo” particular, y sea la voz colombiana de actores colombianos (incluso el peruano Salvador del Solar que interpreta al general Moncada tiene ese acento caribeño) en una de las producciones jamás vistas en esas tierras del Caribe.
¿Qué nos atrapa entonces tanto en la novela de García Márquez como en la serie de Netflix? Quizá sea el hecho de que estamos asistiendo como espectadores al nacimiento de un universo particular, a la construcción de un mundo propio desde sus cimientos. Desde la famosa frase que pronuncia José Arcadio Buendía a Prudencio Aguilar tras la victoria de su gallo en el primer capítulo: «Y tú, anda a tu casa y ármate, porque te voy a matar«. Esa frase, que inicia el éxodo que termina con la fundación de Macondo mientras se busca el mar, es también la que nos sumerge en el mundo mágico de las almas en pena y de los hechos insólitos que ocurren con una normalidad absoluta. ¿Que la serie no se parece al libro? Por supuesto que no, pero se le acerca bastante.

¿Podría reclamarle algo a la serie de una forma particular? Sí, el darle un rostro a los personajes que imaginé cuando leí la novela por primera vez, hace ya muchos años. Pero eso era algo previsible. ¿Reclamarle quizá que no está todo tal cual el libro? Por supuesto, pero hay que ser un necio para hacer algo así, sabiendo además de que estamos ante un imposible, toda vez que hay cosas de esa novela que el cine no podría alcanzar mostrar. Pero, vamos, hay que entender que son narrativas que se manejan de acuerdo a leyes o reglas particulares, y aún así estas fueran universales, responden al ojo del director. “Queremos honrar el legado de la obra”, explica la directora, Laura Mora. “Pero también es importante señalar que el libro es el libro y que nada puede igualarlo. Son dos lenguajes distintos, que el lenguaje audiovisual muchas veces tiene limitantes y que en muchos casos no podemos competir con la imagen que construye cada lector”.
¿Por qué nos atrapa Cien años de soledad?
Mencioné hace un momento el hecho de ver la creación de un universo. Al respecto, Mario Vargas Llosa escribió en “Historia de un deicidio”: “«Cien años de soledad» es autosuficiente porque agota un mundo. La realidad que describe tiene principio y fin, y al relatar esa historia «completa», la ficción abraza toda la «anchura» de ese mundo, todos los planos o niveles en los cuales esa historia sucede o repercute. Es decir, «Cien años de soledad» narra un mundo en sus dos dimensiones: la vertical (el tiempo de su historia) y la horizontal (los planos de la realidad). En términos estrictamente numéricos, esta empresa «total» era utópica: el genio del autor está en haber encontrado un eje o núcleo, de dimensiones apresables por una estructura narrativa, en el cual se refleja, como en un espejo, lo individual y lo colectivo, las personas concretas y la sociedad entera, esa abstracción. Ese eje o núcleo es una familia, institución que está a medio camino del individuo y de la comunidad. La historia total de Macondo se refracta —como la vida de un cuerpo en el corazón— en ese órgano vital de Macondo que es la estirpe de los Buendía: ambas entidades nacen, florecen y mueren juntas, entrecruzándose sus destinos en todas las etapas de la historia común”.

Muchos años después, frente al virtual pelotón de fusilamiento, la obra magna de Gabriel García Márquez sería nuevamente consultada, revisada y revisitada por sus lectores de siempre y por sus nuevos lectores. Según estadísticas, la descarga de “Cien años de soledad” en portales de descarga libre de libros ha sido de poco más de dos millones en las últimas 24 horas ¿Puede alguna producción actual tener semejante alcance a nivel global? Lo dudo mucho. Por eso, antes de creer cualquier crítica de Facebook -los tumba-la-fiesta que nunca faltan- piensa en esto: ya lo sabíamos.
Ahora solo queda disfrutar de una producción que jamás pensamos que podría ser posible. Y volver a abrazar ese libro maravilloso, ese mundo maravilloso. Miles de espectadores que jamás se acercaron al libro de García Márquez lo buscarán en librerías, bibliotecas o lo descargarán gratis de la red.
Ese sólo hecho basta para ganar muchos, muchos lectores. Y eso es algo que hay que agradecer.
