Escribe Carlos Enrique Saldívar
La novela histórica peruana ha calado a profundidad en nuestra literatura desde hace mucho y ha generado un particular interés en los últimos años. Me parece que esto se debe a una serie de factores de análisis pertinente (aunque este no es el espacio para hacerlo, habrá oportunidad en un futuro cercano, lo prometo). Puede ser por la alta calidad de obras de largo aliento que se escriben y publican hoy en día en nuestro país, sobre todo por las editoriales independientes, como Bisonte Editorial, la cual, en mi opinión, publica de muy buenos a excelentes libros de literatura general.
Sin necesidad de ahondar mucho en la relevancia de la novela histórica peruana, también puedo ver dos cosas. La globalización permite que nos acerquemos a otros países y nos acerquemos a sus problemáticas, ya sea uno investigador o lector de a pie. Los conflictos de cada nación se pueden abordar desde el presente, el futuro (así tenemos un boom notable de la ciencia ficción en Latinoamérica) y desde el pasado. En conversaciones con autores y editores he logrado enterarme de que a los lectores les gustan las obras de cualquier género, en donde aparezcan elementos históricos, porque eso les genera una sensación de que se enteran de acciones, eventos y personajes que han marcado, lo cual los alimenta; a su vez también les causa interés por viajar a esas épocas. Toda lectura es un viaje, pero dicha travesía hacia espacios, contextos y hechos es especial.
Y, en segundo lugar, existe el sabio dicho que pasa del mensaje a la práctica: hay que conocer la historia para evitar repetirla. Fuera de que las tres últimas palabras se cumplan o no, sí es primordial adentrarse en los eventos del pasado para reconstruir aspectos totales o parciales de nuestra patria. Nuestra identidad, por ejemplo. Para rememorar a nuestros grandes protagonistas y conocer más de ellos y sus circunstancias. Hay una necesidad por saber. Entre los terribles elementos que componen la historia universal y la de los países de modo particular (se va de lo particular a lo general y viceversa) está la guerra, que es un conflicto enorme que implica el enfrentamiento entre dos o más grupos masivos. No es necesario hablar aquí sobre los horrores que implica ese mal que ha aquejado al mundo, quizá desde los primeros hombres tuvieron disputas entre ellos, pues creo que estamos de acuerdo en que la paz es lo que todos los que estamos cuerdos queremos. No obstante, sí es algo vital hablar del terror en la novela que nos ocupa.
Carlos Rojas Taboada y su creación
Carlos Rojas Taboada ha creado una magna obra épica, la cual cuenta con demasiadas virtudes literarias. Nombraré algunas al final de mi exposición, ya que mi apreciación como lector se ha centrado (tanto en la lectura del libro) y piensa enfocarse en el contenido, así como en los efectos que produce su novela «Desde la tierra de valientes» que ya, desde el título, hace honor a varios de los héroes que destacaron en la Guerra del Pacífico, con mayor exactitud en el combate que se realizó en la hacienda de Sángrar, en la provincia de Canta, en la sierra peruana. Un hecho histórico que era importantísimo rescatar y mostrar al lector, para tener en mente a aquellos héroes nacionales, tanto civiles como militares. Para no olvidarnos de ellos jamás, pues, como dije, este libro es impresionante en su narrativa y en el estilo afinado que maneja el autor. Ya la imagen de portada nos despierta los sentidos.
«Quien conoce su aldea, conoce el universo», dijo una vez León Tolstói, frase famosa que se ha interpretado de variadas maneras con el curso de los años. «Pinta tu aldea y serás universal», por ejemplo. Llegando a la precisa: «Cuenta la historia de tu pueblo y estarás contando la historia del mundo». Si bien, en la novela de Rojas Taboada se nos narran diversos episodios de esa cruenta guerra, la historia se enfoca en el episodio que ocurrió en Sángrar y también en (ya lo mencioné) las consecuencias para los sobrevivientes de aquella terrible matanza. En la novela también me parecieron notables dos puntos de inflexión, en dos personajes, que representan lo dicho anteriormente. El soldado Aurelio Cauti y Melina Páucar, una niña que residía en aquella zona cuando inició la masacre. No es propicio detallar las historias de Aurelio y Melina porque, para conocer sus devenires, han de leer la novela. Sin embargo, ambos personajes conectan con nosotros de una manera tremenda, sentimos lo que ellos, la rabia, la impotencia, el miedo inmenso (por eso dije: el terror), la cercanía con la muerte, los efectos de esa cruel barbarie.
No recuerdo si fue en mis años de estudios en la carrera de Literatura en la universidad o en una tertulia literaria con amigos escritores, en donde me enteré de que si hay un hecho que marcó a los peruanos y está presente de forma sólida (aunque tímida en casos aislados, como si no se quisiera quedar mal con otros) es la guerra con Chile. Para los amigos del país del sur, un evento que los ha marcado, y los ha invitado a analizarse como sociedad y estado, lo cual está patente en su ficción, es la dictadura de Pinochet. En el caso peruano, ni siquiera el temible asunto del terrorismo de los años ochenta y noventa, o que somos un país hoy en día bastante violento, ha calado tanto en nuestro dolor como nación como lo fue aquella guerra. Aún hay heridas que no se cierran. Es importante acotar que muchas veces los medios de comunicación no ayudan. Por ejemplo, en el fútbol se habla mucho de aquel revanchismo sin tomar en cuenta que los amigos chilenos (yo tengo varios en el medio literario) del hoy no son los mismos del ayer, y los del ayer no fueron en su totalidad los verdugos; en definitiva, hubo quienes estaban en contra de la guerra, porque la guerra no es buena, precisamente por la vergüenza que provoca, y la sangre derramada aún visible.
«Desde la tierra de valientes» es un título oportuno, hablo de estas cinco palabras, porque desde aquí se va a radiografiar aquel episodio que nos provoca un sufrimiento que es importantísimo sentir, para extrapolar diversos hechos, hacernos preguntas, encontrar respuestas y conocernos más. Como en las obras de Françoise Sagan, aquí, en la novela que nos atañe, los personajes saltan de las páginas (por todas las emociones que manifiestan), los podemos ver, tenemos empatía con ellos de inmediato, con una rapidez que pocas veces había visto en nuestras letras. También la he atisbado en algunas películas y cómics de guerra. Empero, aquí los mecanismos narrativos del autor son impresionantes, deslumbran. No solamente hace un recorrido por variados puntos de la guerra (memorable es el episodio de Leoncio Prado), sino también nos brinda con un arte envidiable las escenas del cruento conflicto en Sángrar, reuniendo diversos elementos, como la crueldad del invasor, la indefensión de los civiles, la injusticia, y, sobre todo, el heroísmo de nuestros soldados.
Valientes que lo dieron todo y que, como en ciertos imperios o culturas, ponían su vida por encima de su futuro, por el sueño de que esa pesadilla terminara y se lograra la «paz» tan querida, al menos una armonía entre naciones, porque hablar de paz es una utopía en los tiempos que corren. No obstante, se puede hablar de una paz personal al leer un documento tan valioso, no solo para al Perú. Yo creo que este libro ha de ser lectura invaluable no solo para los compatriotas, sino también para los que considero hermanos: los chilenos. No es nuevo que exista una autocrítica a partir de las letras hechas en el país de origen o en el extranjero. La Guerra del Pacífico es un fragmento de nuestras existencias que no vivimos, pero es parte de nosotros porque pasaron por esta nuestros ancestros. Hay que sumergirnos en esta historia con un final excelente, el cual (el autor se enfoca en mostrarlo con nitidez) es duro, pero es justo revisitarlo, pese a los eventos que, en definitiva, van a lacerar a cualquier lector. Ahora tenemos la oportunidad de acercarnos a este periodo de inflexión e iniciar un diálogo humanístico, gracias a este libro asombroso que pervivirá en la memoria.
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El presente texto fue leído en la 44° Feria Internacional del Libro (Lima), el 30 de noviembre de 2023, con motivo de la presentación de la novela «Desde la tierra de valientes», de Carlos Rojas Taboada.

