Escribe Carlos Enrique Saldívar
Siempre es grato, enriquecedor, para mí hablar de los relatos, de los libros de Rafael Miranda, una voz literaria hoy consolidada y una de las figuras culturales imprescindibles de Lima Sur. Un autor que lleva a cuestas (de buena manera) un sinnúmero de experiencias vitales. Mencioné en algún espacio lo notable que era su volumen El encanto de Rita H, Cuentos fantásticos (2003), e incluso después presenté ante un amplio público, en un evento memorable, Muerte en Praga y otros relatos de guerra (2018); pueden encontrar mi reseña de ese libro en la web Amazing Stories. El autor también ha publicado poesía: Un cuadro en movimiento (2013).
En esta oportunidad comento su nuevo libro : En el Haití y otros cuentos. Rafael nos brinda, de modo brillante, una vez más, un apreciable conocimiento de la historia mundial y del arte, sobre todo el de la cinematografía. Aunque este es un libro heterogéneo y plural, que nos brinda diversas visiones de nuestro globo y de los seres humanos que lo habitan, en especial las mujeres, las cuales adquieren un perfecto tratamiento en las siete historias del libro.
A estás alturas, y desde sus anteriores entregas narrativas, se puede ver una espléndida evolución, sobre todo en las técnicas narrativas y el modo de contarnos los relatos. El estilo es elegante, aun en los giros más impactantes, y nos sentimos a gusto, como si la voz narrativa nos susurrara por momentos los hechos y luego nos hablara con tono nervioso para decirnos las sorpresas y conflictos.
Rafael es, al día de hoy, uno de los autores más relevantes de la literatura de género en nuestro país. Ha transitado por la ciencia ficción, la fantasía, el terror; además del policial, lo extraño, lo que yo llamo el texto de sobresalto, el new weird (fusión de géneros); y, de modo muy particular, la fantasía histórica, donde comparte el podio con escritores de la talla de José Güich Rodríguez e Iván Meza Vélez. Un subgénero muy llamativo, difícil de trabajar, pues exige rigor histórico y una amplia imaginación para estructurar una narración en un radio de acción establecido, a fin de sorprender al lector y aportar nuevas ideas, teorías, motivos.
Eso puede verse en el primer cuento, que da nombre al libro, en donde un encuentro entre un periodista y una misteriosa mujer desemboca en una interesante trama de intriga, en el marco de los rezagos de la segunda guerra mundial y los fantasmas del nazismo. La vuelta de tuerca final genera cierto éxtasis.
En Erna Gruhn y el caso Blomberg tenemos una adictiva narración en tono policial, con asesinatos y búsquedas, también con el marco de la historicidad del nazismo. Además hay que rescatar el manejo del estilo al tratar el espionaje en este cuento, que me remite a dos magos del género: John Le Carré y Eric Ambler.
París tiene piernas de mujer posee, al inicio, un estilo muy evocador, con un bello poema de por medio. Luego se transforma en una obra teatral, con el formato correspondiente. Aquí se puede ver el sueño realizado. La fuerza del personaje femenino. Y esa maestría para hacernos dudar de lo que es real y lo que es producto de ciertos deseos, algo que ya se pudo ver en los textos anteriores.
Si hay un relato aquí que refuerza el desmantelamiento de la realidad en consonancia con Philip K. Dick, es Robinson Crusoe, que, como el célebre personaje literario, se encuentra atrapado en una isla, pero de ideas, de sueños, de una abstracción enigmática. Narración que juega con los elementos de la ciencia ficción y luego se acopla a una visión integradora de los géneros de la imaginación, con un desenlace que nos lleva al miedo.
La mujer repetida, mi cuento favorito del libro, incide en la salud mental, el dolor y los desvaríos, pero desde una perspectiva original, como los mejores José B. Adolph o Antonio Gálvez Ronceros. Un texto costumbrista, con matices insólitos, contados de una forma tan convincente que se bebe con naturalidad. ¿Podría pasar o no? Sí, quizá no del modo en que está contado, pero algunas peripecias ahí son metáforas y alegorías. Otro relato que nos da sobresaltos, que toca múltiples temas: el compromiso matrimonial, la paternidad, el alejamiento, la toxicidad, y que merece estar en cualquier antología de lo mejor de la narrativa breve peruana actual.
El vuelo de los pájaros es una carta de amor a la literatura. Aquí un escritor va en busca de una idea para una novela. Se topa con un personaje extranjero que le narra (al estilo de Stephen King) una historia secreta, de horror y violencia, en un episodio de la historia Argentina, donde volvemos a la trama de la guerra, ese monstruo que nos amenaza y muchas veces nos muerde y desangra, con heridas pasadas y coyunturales. Esto impactará de un modo inesperado en el receptor del cruel discurso.
Mi segundo cuento preferido del libro es aquel que lo cierra: Lina, sí, como el personaje de Clemente Palma, y con la esencia de este escritor. También tiene influjos de Kafka y Patricia Highsmith (cuando se pone retorcida) e incluso del cine de Christopher Nolan y Alfred Hitchcock (versión sin censura). Un hombre empieza a chatear en línea con una hermosa mujer y esto lo lleva a límites inimaginables de goce, pero todo ello da un giro siniestro, y, con el cuento-pesadilla, se presenta de nuevo la descomposición de la realidad de la escuela dickiana, incluso se visita de nuevo el terror psicológico cuando la percepción del entorno se torna en desastre.
Caso aparte, el excelente manejo de la sexualidad. Estilizada y con un erotismo bien medido y provocador en el último relato y en algunos de los anteriores. Una clase magistral de encuentros carnales al servicio de la historia, cuales complementos efectivos. Leer este libro es como sentarse a la mesa del café miraflorino del título y alimentarse con deliciosos potajes, que nos harán volar por los rincones más oscuros de nuestras ciudades, mentes y otros países, a fin de darnos un nutritivo balance de aventuras, tristezas, desgracias, placeres, equilibrios y desequilibrios. Un volumen que está escrito con buen gusto y es la consagración de Rafael Miranda.

