Círculo de Lectores
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La furia, el drama y la nostalgia en «Mañana nunca llega» de Tadeo Palacios

El escritor piurano Tadeo Palacios publicó hace unos años la colección de cuentos "Mañana nunca llega", una radiografía social del Perú entonces

Publicado

11 Nov, 2025

Escribe Alex J. Chang

¿Qué hace cautivador al cuento? ¿Su lenguaje? ¿La historia per se? ¿La sensibilidad que golpea al lector? ¿Sus imágenes? ¿Su poética? Todas estas preguntas, y muchas más, serán resueltas —eso intentaremos, al menos— en el presente ensayo literario sobre Mañana nunca llega, primer libro de relatos de Tadeo Palacio (Piura, 1994).

Recordemos que, a fines del 2021, en diversas revistas, periódicos, webs y blogs, el presente título apareció en los rankings/recuentos literarios de ese mismo año. Lo cual es un indicativo que, a pesar de no tener un fuerte ruido periodístico/crítico, ha sabido ganarse un espacio en la escena literaria por su calidad y propuesta narrativa.

Por otro lado, sus relatos están conjugados en un binomio emocional: rabia/tristeza. En consecuencia, los personajes están siempre sometidos en circunstancias de espera, para luego ser decepcionados; casi siempre envueltos en dramas familiares, políticos y sociales.

En la mayoría de relatos presentes en esta obra vemos, como constante, la presencia de Piura representado por sus terrenos desérticos, por sus arenales, por sus calles, por su clima tropical, por su gente y por su peculiar geografía, como espacio vital/sentimental de las historias; personajes y escenas que se van hilando en una retahíla de tramas desgarradoras. Sin embargo, en un reducido número de relatos, Lima es el universo ficcional en el cual se desarrollan sus narrativas. Y la capital peruana dialoga e interactúa con sus personajes en una relación lejana, opaca y amarga. Y esto puede ser evidenciado en la nouvelle en el que se nos retrata a la ciudad de los reyes como un ser cargado de una violencia desenfrenada, de una atmosfera lúgubre y de trato hostil que devora a quienes se atreven a respirar en ella.

Así también, en Mañana nunca llega, somos cautivados por la bella sinfonía ejecutada a través del lenguaje; un registro lingüístico que es explotado plásticamente, adaptándose según determinados contextos y usos.

Sobre lo anterior, se inserta un sugerente pathos que no solo consigue golpear, mejor dicho, dejar anonadado al lector sin saber cómo reaccionar ante las historias tan brutales, tan conmovedoras y tan impetuosas (sin censura), sino de presentar escenas de violencia siempre enmarcados con una proximidad a la muerte, y sin posibilidad de remediarlo.

Dialéctica con los demonios personales

En este apartado comentaremos qué tanto influyo la familia y los amigos, su paso por la universidad, su experiencia vital, su hogar en Piura, su mudanza a Lima y su vida profesional/académica como profesor universitario y abogado.

Sin más rodeos, comenzamos:

La nostalgia por la familia, los amigos, la infancia y su tierra natal ―Tadeo Palacios es natural de Piura― es una huella permanente, tanto en forma como en fondo, en la narrativa breve desplegada en Mañana nunca llega (Pesopluma, 2021). Por lo tanto, hay elementos que provienen de los demonios personales utilizados en la empresa narrativa de Tadeo Palacios: la oralidad piurana, los paisajes piuranos, la familia, el hogar, la amistad y todos aquellos elementos relacionados a Piura; también, la imagen hecha recuerdo de la mudanza a Lima como un hecho trágico que acrecienta la nostalgia por su tierra norteña.

En este punto, podemos afirmar, con suma solvencia, que los demonios personales llevan la mayor carga para erigirse como empresa literaria. En otras palabras, la base de la narrativa breve de Mañana nunca llega se encuentra en los demonios personales de Tadeo Palacios.

Por otro lado, la nostalgia, un demonio personal tan presente en la biografía de Tadeo Palacios, que luego sirve como material primario para gestar sus ficciones narrativas, es un elemento literario muy presente en algunos narradores y poetas piuranos como Cronwell Jara, Marco Martos, Miguel Gutiérrez, Roger Santivañez… Entonces, podemos concluir que, en líneas generales, un gran número de autores piuranos escriben a partir de la nostalgia; y, desde allí, parten los primeros chispazos de la particularidad de la literatura piurana.

Tadeo Palacios
Tadeo Palacios cuando obtuvo el galardón de cuento en la Universidad del Pacífico

Dialéctica con los demonios históricos

Es fundamental conocer los acontecimientos históricos, sociales y políticos que enfrentó y sigue lidiando la generación de Tadeo Palacios: La dictadura de Fujimori, los Vladivideos, el Autogolpe de Estado en el 92, la constitución del 92, terrorismo de Estado y terrorismo civil/político ejecutados por Sendero Luminoso y MRTA y su impacto en la memoria nacional; la conformación y redacción del documento de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, presidentes condenados por corrupción (desde el primer gobierno de Alan García hasta el gobierno de Pedro Castillo), el 14 N que llevo la protesta de miles de jóvenes peruanos hartados de tanta corrupción provocando la salida del expresidente Merino, y la violencia que persiste hoy como los feminicidios, la delincuencia, los robos, los abusos policiales, etc. Todos estos demonios históricos son dibujados en la obrade Tadeo Palacios.

Dialéctica con los demonios culturales

*Influencias literarias:

A continuación, y en forma de resumen, señalaremos las principales influencias literarias, tanto en narrativa como en poesía, en la presente obra narrativa de Tadeo Palacios:

En narrativa: Miguel Gutiérrez, Pilar Dughi, Oswaldo Reynoso, Cronwell Jara, Mario Vargas Llosa (el primer Vargas Llosa), Mariana Enríquez, Liliana Heker y Ricardo Piglia.

En poesía: César Vallejo, Alejandra Pizarnik, Juan Gonzalo Rose, Charles Baudelaire y los demás poetas malditos franceses.

Sobre el anterior esquema, se resumen las principales influencias literarias palpables en la producción literaria de Tadeo Palacios. No obstante, un escritor piurano (coterráneo del autor) se manifiesta con mayor presencia y fuerza tanto a nivel de forma y de fondo. Tal como comenta Miluska Benavides —autora de La caza espiritual y seleccionada, por la revista británica Granta, en la lista de «Los Mejores Narradores Menores de 35 años»— sobre la presente obra, lo siguiente:

Ante todo, Mañana nunca llega es un libro que no teme. No teme construir desde los insumos locales: de la Piura bullente, de su habla, mar, desierto, sueños y miedos; su burocracia y estructuras verticales, que son las del país. No teme tampoco explorar zonas grises y los saldos de la violencia del conflicto armado interno, ni teme devolverle a la ficción la posibilidad de inquirir en lo inmediato —hoy dominio de la crónica—, como la memoria del 14N. Mañana nunca llega, primera entrega de Tadeo Palacios, responde a la urgencia de contar historias a partir de la recuperación de la memoria; construye desde un lenguaje que captura la densidad de la experiencia vivida. A partir de modelos mayores como Pilar Dughi y Miguel Gutiérrez, en los que el individuo es hechura de sus vínculos, Palacios recuerda el pacto histórico de la narrativa peruana con su dimensión política, colectiva y humana.

Miluska Benavides

*Otras influencias culturales

Debemos recordar que los demonios culturales no solamente son las lecturas literarias, sino también otras manifestaciones culturales. Tal como señala Mario Vargas Llosa, en García Márquez: Historia de un deicidio: «Entre los demonios culturales de García Márquez me he referido únicamente a fuentes literarias, pero, naturalmente, la literatura es sólo una de las vetas que forma culturalmente a un novelista. Los demonios culturales pueden proceder de las artes plásticas, de la música, de la filosofía, de la religión o de las ciencias, tanto como de la literatura».

Por lo tanto, a continuación, vamos a identificar otros demonios culturales que han influido y que son visibles dentro de la ópera prima de Tadeo Palacios:

Cultura Rock, Pop y Electrónica

La vena musical está muy presente dentro de la veta narrativa de Tadeo Palacios. Por ello, utiliza referencias de canciones noventeras: la cultura Rock, Pop y Electrónica dialoga con suma naturalidad con los personajes y les brinda un compás armónico de acuerdo al contexto emocional y/o argumentativo en el que se encuentren, dándoles fuerza al desarrollo de sus tramas y de sus posteriores desenlaces.

Cultura Pop asiática                                            

La educación sentimental de Tadeo Palacios estuvo marcada, también, por el consumo de contenidos audiovisuales provenientes de la Cultura Pop Oriental: Mangas, cine, series de TV y comics provenientes de Asia. Todo esto forma parte del discurso narrativo, sentimental y poético —que sabe aprovechar— para crear sus propios universos ficcionales a través de estos demonios culturales.

Redes sociales, celulares, internet y la Deep web

En este apartado hablaremos sobre el uso de las nuevas tecnologías de telecomunicaciones en Mañana nunca llega: 

Las redes sociales (Facebook, WhatsApp, Instagram, etcétera), celulares (llamadas y SMS), internet (emails, transmisiones en vivo, noticias) y la Deep web (páginas web, blogs, foros) son herramientas tecnológicas que permiten, a sus personajes y sus realidades ficticias, desenvolverse a través de nuevos códigos, de nuevos símbolos y de una nueva cosmovisión del mundo más globalizado (menos individual, menos localista y más integrado a las masas). Todo esto sucede, por supuesto, en los cuentos de Tadeo Palacios.

tadeo palacios manana

«Mañana nunca llega», cuento por cuento y una nouvelle                 

A continuación, indagaremos en cada una de las piezas que, encajan perfectamente como unidad, componen este ingenioso rompecabezas. Por lo tanto, esto permitirá a los lectores armar el mapa narrativo del presente título de Tadeo Palacios.

«El legado»

En el primer cuento nos encontramos con una narrativa que remece al lector por su fuerte carga emocional: lidia entre la rabia y la tristeza; esto, por supuesto, conmueve al lector. Para ello, emplea imágenes sutiles, precisas y sugerentes; el narrador protagonista quien es fiel testigo de la historia de los lazos inquebrantables —hilos insospechados de la memoria y el legado— que transcurre entre su abuelo, su padre y su persona. En efecto, son tres generaciones que comparten un mismo destino: dar color, estética y armonía a los difuntos, así como acompañar a los familiares en su tiempo de luto.

La oralidad piurana, una constante en toda la obra de Tadeo Palacios, es verosímil con la historia que se cuenta. Tal como indica el título de este cuento vemos, pintado en un lienzo, los colores, las imágenes y la sensibilidad de la memoria, de la sangre y del legado familiar.

Esto, por supuesto, conlleva a sus personajes a cargar un peso sobre los hombros de tres generaciones: abuelo, padre e hijo; todos ellos comparten la tradición de acompañar en el luto, en la despedida de aquellos seres humanos quienes fueron en vida y quienes parten hacia la eternidad.

Yo seguiré aquí velando tu sueño, en tanto el frío gira sobre nosotros y el zumbido de la luz colma mi pecho.

Asimismo, El legado nos dibuja, como nuestro reflejo proyectado ante un espejo, el luto de millones de personas en esta pandemia de COVID-19; una memoria colectiva de lo que fue y de lo que compartimos como humanidad.

En otras palabras, somos testigos de una pluma que, a través del lenguaje y de la misma historia que narra, sabe provocar determinadas emociones al lector. Por lo tanto, Tadeo Palacios es un inteligente estratega para manipular y golpear la sensibilidad de sus lectores.

«La invitación»

Desde las primeras líneas nos interpelan con múltiples interrogantes: ¿Quién es Lequernaqué? ¿Por qué se dirige al restaurante con suma expectativa? ¿Por qué estaba tan preocupado por la hora? ¿Por qué se preocupa por su peinado y aspecto físico? ¿A quiénes espera en el restaurante? Es una jugada interesante iniciar con la narración in media res, pues permite al lector sumergirse en las acciones sin detenerse en los pormenores que ralentizan el ritmo narrativo: atrapar al lector por la lectura rápida e intrigante de la narrativa que se nos presenta.

Lequernaqué había llegado al restaurante antes de lo previsto. Mejor, la tarde debía ser perfecta. […] Faltaba media hora, según comprobó en la pantallita verde de su Nokia. Extrajo del bolsillo un peine y se lo pasó una, dos veces, como intentando recomponer la raya que partía su cabeza en dos parcelas de caña puntuda. […] Lequernaqué buscó y buscó, pero sus pupilas arañadas por el polvo no tropezaron con ninguna cara que le resultase medianamente familiar, o por lo menos conocida. […] Y pensó en que a veces hay esperas que dignifican.

Páginas 23 y 24

Luego, la historia da un giro inesperado que posiblemente enfurezca al lector por las escenas de injusticias que somos testigos día a día. Esto último da mayor fuerza y genera los cráteres (termino que Mario Vargas Llosa acuña para referirse a una escena de mayor intensidad en la ficción narrativa; también es denominado como tiempos vivos) que dejará una huella permanente en el lector debido a la intensidad narrativa que sugiere la presente ficción narrativa

Algo más:

Este relato ha sido comparado con los cuentos de Julio Ramón Ribeyro por la similitud del tono pesimista y por los personajes dibujados como eternos perdedores en el cual arguye su estructura narrativa que remece la sensibilidad social del lector. Sobre esto, Gabriel Rimachi (1), en su programa Fahrenheit 051, en Lima Gris TV, afirma que «Tadeo Palacios busca ahondar en aquellas oscuridades humanas; digámoslo poéticamente, en el resquicio, en el rezago de la luz».También comenta que el cuento más ribeyriano del conjunto ha sido La invitación por mostrar un cuadro tragicómico de una realidad absurda que debe aceptar su protagonista. También acota que «existe una rabia contenida —que es reflexiva e intelectual y que no es visceral— y una nostalgia muy marcada en los personajes de Tadeo Palacios».

Christian Briceño también observa el mismo demonio cultural en la presente pieza narrativa: «El personaje es el clásico perdedor de impronta ribeyriana, aunque está ambientado en Piura. Palacios tiene un talento evidente para prolongar la resolución del relato, y mientras tanto, mientras la narración dura, parece dilatar las circunstancias para que la desazón del final sea más catastrófica y desoladora».

«What is (not) love?»

Para comenzar, el título del presente relato nos remite a una canción de los noventas, «What is love?», interpretado por Haddaway; es un clásico de la cultura Rock & Pop que consumió y sirvió como educación sentimental a la generación de Tadeo Palacios. Cabe resaltar que se agrega la negación, (not), que da nombre al texto narrativo, para indicar que el amor es tan efímero como fumarse un cigarrillo. En otras palabras, la propuesta narrativa —al menos esa es la intención narrativa, a nuestro juicio, de este relato— es intentar definir lo contrario del amor: el desamor, la ruptura, el engaño. Es, en resumen, negar la existencia del amor. Este va ser el discurso narrativo al cual nos adentraremos como lectores.

Debemos agregar, también, que el epígrafe de Pilar Dughi (principal influencia literaria del autor), nos sugiere que nos adentramos a una historia sombría: Estoy como un búho en la oscuridad al que aún no le llega la hora del canto.

Ya con este preámbulo, nos centraremos, por fin, en el texto narrativo en sí:

Desde la mirada del narrador protagonista, nos va contando su historia a través de fragmentos de canciones de los 90; esto es utilizado como un eco repetitivo que mella en la conciencia tanto del personaje como de los lectores.

Desde las primeras líneas, nos impacta por sus imágenes cinematográficas, por su agilidad narrativa, por su alto vuelo poético y por el intenso drama que nos presenta esta breve ficción. Es, desde ese punto de partida, que el lector desea saber más del protagonista que se nos muestra como un personaje ansioso: mira el reloj constantemente. Y este personaje es quien espera la llegada de alguien. Sí, una espera angustiante; pero al parecer ella todavía no ha llegado. Todo esto va acompañado con las descripciones precisas e inteligentes del narrador sobre su sensibilidad y su ubicación urbana. Todo nos da entender que, entre ambos, hay una afinidad amorosa, alguna relación de pareja, de enamorados o de compromiso.

Le quedan tres cuartos de hora el sábado y yo sigo en la esquina del parque, detrás del timón del Lada, con el tufo del trago que rasguña mi garganta y la nariz roja (…). Pero ella no aparece y la busco en los numeritos fosforescentes del reloj…

Página 39

Luego, somos testigos, en «What is (not) love?», de la interesante propuesta sensorial: juega con los sonidos del reloj que se repiten constantemente (Clip-clop-clip-clop). Por lo tanto, crea una atmosfera de tensión intermitente. Y, en efecto, se exhibe la psicología del personaje y de su posterior evolución recreados y potenciados a través de una atmosfera angustiante.

Resaltamos, también, que cada estado de ánimo va relacionado a una letra de una canción particular; como una especie de leitmotiv a punto de explotar en la psique tanto del personaje principal como del lector (quienes son testigos y espectadores de esta tragicomedia).

Y esto también sirve para jugar, una vez más, con las letras de la canción que se hace presente con determinada frecuencia: recrea un ritmo musical, un ritmo vital y un ritmo sentimental que experimenta el protagonista.

Entonces, a través de ingeniosos phatos, el relato nos hechiza por su fuerte verosimilitud; y, en términos vargasllosianos, a través de su poder de persuasión (forma y fondo; tema, estilo y orden narrativo) logra emocionar al lector.

Al proseguir, vamos conociendo a Camila, la amada, la Dulcinea de nuestro protagonista. Y, al mismo tiempo, descubrimos quien está narrando esta historia es un poeta rebelde odiado por el padre de Camila, su enamorada. También nos enteramos de un pretendiente de Camila, Toño, un joven adinerado, estudiante de Medicina.

Después, pasamos a una escena de mayor intensidad emocional, intercalado por versos, pensamientos e ideas plasmados en papeles desechables. Esto se logra gracias al acertado uso de la técnica del collage.

Lamentablemente, a mi parecer, este relato se cae, pues pierde fuerza, impacto, en el cierre. Por lo tanto, se va desmoronando ligeramente la propuesta narrativa de este cuento que, en ciertos momentos, intenta recobrar mayor vigor narrativo: emplea el tono dramático en sus líneas finales (pero no logra su cometido). No obstante, el resto del relato es una interesante propuesta narrativa.

«Hora de Baño»

Ramiro, personaje principal de la historia, es quien narra el relato. Ramiro es el hijo de Laura, una señora adulto mayor con enfermedades (propias de la edad) que requiere los cuidados especiales de él. Ramiro es un escritor, periodista (despedido recientemente) y profesor de talleres y clases, además tiene ingresos de la pensión de su “viejo” padre.

Al seguir con el relato, nos enteramos que la madre tiene Alzheimer; ella ya no recuerda nada de su vida ni de su familia. Para su hijo esto es un hecho muy doloroso. Una fuerte nostalgia golpea la sensibilidad de Ramiro quien desea volver a tiempos aquellos de la infancia donde ella ―Laura, su madre― consuela sus lágrimas.

Esta fuerte nostalgia viene a revelarse como una rabia contenida a lo efímero: el pasado, la infancia de Ramiro, quien siente el afecto y la protección de su madre; todo aquello ya no volverá. Y, en estos momentos de mayor intensidad, aparece un símbolo que se va repetir a lo largo del relato: el agua caliente. Este elemento viene a representar el calor de hogar, el calor de los sentimientos familiares; así también, es la forma como la piel dibuja las imágenes de la memoria familiar. Y esto convierte una historia cotidiana en un relato muy conmovedor.

En resumen, un drama familiar que nos conmueve por su intensidad narrativa tan verosímil y tan persuasivo que es imposible que el lector salga ileso de la misma. Todo esto es posible gracias al uso de una fuerte dosis de nostalgia y de una pequeña dosis de humor cálido, que sirven de combustible para explotar esta enternecedora ficción.

«Las últimas flores mueren con la tarde»

Para comenzar, el nombre de este cuento nos remite al título del poemario Las flores del mal (1987) de Charles Baudelaire; también nos recuerda a los poetas malditos franceses de la talla de Arthur Rimbaud, Paul Verlaine, Stéphane Mallarmé, Tristan Corbière y el autor de El spleen de París. En efecto, esto nos permite algunos atisbos sobre lo que sucederá más adelante en Las últimas flores mueren con la tarde: rebeldía, oscuridad, violencia desenfrenada, pesimismo y una poética metafísica.

Tadeo Palacios escritor
Escritor peruano Tadeo Palacios

Vamos al grano:

Un narrador omnisciente nos cuenta la amargura y la tristeza de Hilarión que al comienzo se nos va revelando como una intriga. Él se aísla de todos, no participa en el festival ni en toda la algarabía del pueblo. Un hombre que vive y trabaja en el mar. Ha puesto un letrero “No”. Se niega a participar en un evento en el que se agradece a Dios por todo.

No encuentra sentido agradecer por las desgracias que ha vivido recientemente. Hilarión, que nos remite a sus recuerdos, nos cuenta como conoció a Consuelo, al amor de su vida, y como ella, con el paso de los años, se ira enfermando con un cáncer terminal. Ella, de muy joven, era técnica en enfermería, y justo coincidieron en el hospital. Él había tenido un accidente grave en altamar, y ella lo atendía en sus tratamientos. Así fue naciendo una relación cercana. Una historia de amor.

Ya cerrando el cuento nos acercáremos a la despedida de ambos. De alguna forma nos muestra como la vida puede ser cruel, violenta e injusta. Sin embargo, esta misma vida nos puede regalar recuerdos inolvidables: «Arrastró la pequeña nave en cuya proa estaba pintado el nombre «PALOMA BANDIDA», una canción que les gustaba a los dos. Y mientras se empeñaba en acercarla al mar, pensaba en que hubiera preferido enterrarse junto a ella…».

Podemos comentar, desde un punto de vista técnico, que este relato utiliza, con suma inteligencia, pericia y agilidad, los diálogos indirectos, los diálogos directos y los diálogos indirectos libres.

Así también, subrayamos la gran naturalidad en la que despliega las repeticiones en forma de eco y los breves monólogos interiores que ayuda a dibujar la psicología del protagonista (Hilarión).

También debemos destacar el uso de los flashbacks que nos permite empatizar mucho más con el protagonista.

En pocas palabras: un hermoso cuento.

«No tarda en amanecer»

En esta ficción breve se nos muestra la locura y el fanatismo de los jóvenes peruanos que apoyaron la revolución armada, sangrienta y genocida del grupo terrorista Sendero Luminoso.

Es un cuento que sirve de memoria histórica, que nos ayuda entender los traumas, las dudas y las peripecias que vivieron ―y siguen viviendo en la actualidad― jóvenes sin rumbo.

Desde un punto de vista formal, nos ofrece un mosaico de perspectivas o puntos de vista (mudas espaciales); el uso de frases —publicados en cursiva en el libro— que nos dibuja la ideología/psicología de aquellos jóvenes que conforman Sendero Luminoso y su intentona revolucionaria a punta de bombazos (se observa el uso de la técnica del collage) que sirve para dividir la historia en episodios o capítulos; flashbacks intercalados que sirven para conocer un poco más la biografía y psicología de los personajes; agilidad en los diálogos indirectos libres, directos e indirectos que aportan subjetividad y humanidad verosímil en los personajes y esto hace más creíble la ficción que se narra a partir de hechos reales (elementos históricos, políticos y sociales de un Perú dividido, fragmentado, irreconocible en los años 80).

El tiempo, una vez más, es un elemento crucial en el desarrollo tanto como trama y conflicto narrativo.

La maleta es un objeto que viene a ser «La pistola de Chéjov». Un elemento que va ser el catalizador narrativo de la historia. Sin ella, esta ficción carece de cráteres o tiempos vivos que estimulan la curiosidad del lector en saber qué se esconde dentro de ella.

Lo interesante de esta propuesta narrativa es mezclar el amor no correspondido con la soledad. Y esto es lo asombroso: a pesar de la violencia y de los tiempos confusos que enfrentan sus personajes, anhelan beber de las aguas del amor correspondido, de sentirse amado; el amor como el arma más poderosa que explotará para crear, tal vez, un nuevo mundo. Ellos, jóvenes entusiastas, guiados por la pasión y escapando de la soledad, están dispuestos a sacrificarse por aquella quimera: morir por amor, por un mejor país y por un mundo más justo.

Cabe señalar, una vez más, la presencia del tiempo como marca de ansiedad (tensión narrativa) y el uso de todos los sentidos, con el fin de acrecentar el suspenso y la adrenalina que acompañan las acciones de los personajes de este cuento.

Este relato concluye con un giro narrativo insospechado. Tanto así que el final abierto permitirá a los lectores participar en la ficción.

«Cuando salta la liebre»

Es un cuento que nos recuerda el quehacer profesional de Tadeo Palacios: abogado en ejercicio, licenciado por la Universidad Nacional de Piura. Este demonio personal sirve como material literario para componer este relato de ficción de gran factura por su sensibilidad, por sus imágenes y por su poder de persuasión.

***

Se nos cuenta la historia de un joven practicante —pronto se graduará como abogado— que realiza las tareas más extenuantes y rutinarias que nadie desea realizar en el despacho judicial: entregar documentos, sacar fotocopias y redactar papeles; un vil secretario. Pero en su camino se cruza con una anciana, que lo llama “doctorcito”, a pesar de no serlo, como bien lo aclara el narrador protagonista; de todos modos, decide escucharla e intentar apoyarla con encontrar a su hijo detenido (le da pena contarle que su hijo es un delincuente que no tiene remedio; lamenta que una madre tan buena haya criado a un sujeto como ese). Para luego, como desenlace brutal, emotivo y poético, llegar a conocer que tanto el practicante como la madre se encuentren en la carceleta de aquel delincuente detenido y que este va purgar en la cárcel por muchos años.

Christian Briceño afirma que nos encontramos con «un relato sin concesiones al humor o la ironía, a diferencia del anterior». Además, acota que «es un buen relato, aunque exista, en el cierre, esa advertencia moral» Y, sobre ello, podemos agregar que es innecesario el elemento moral en el cierre de Cuando salta la liebre porque deforma la naturaleza de una ficción narrativa. En otras palabras, un final que no sabe rematar, redondear, un conmovedor relato.

Desde nuestro punto de vista con el siguiente diálogo pudo finalizar con mayor fuerza narrativa el presente relato:

De pronto en las celdas contiguas un hombre rompe en llanto.

—¡Madrecita, yo no quise…! ¡La cagué, la cagué contigo!

No llora por él, sino por la vieja que, al escucharlo, se ha postrado contra los barrotes en un vano intento de abrazarle.

—¡Ay mijitu, mi Jesucito, tasaquí, tasaquí, tasquí! ¡Si Dios todo lo perdona, mijitu, con más razón una madre!

De esta manera, mostrando una escena enternecedora, nos sugiere un final dramático que sirve de catalizador sentimental cargada de tristeza tanto de los personajes como de los lectores. Este debió ser el final ideal para este hermoso cuento.

«Todo lo solido se desvanece en el aire»

Este cuento policial comienza con un interrogatorio en la comisaria de Piura; es allí donde conocemos a Nadia, que supuestamente fue la esposa de Jorge Montoya (conocido como “Veneno”). Sabemos que Veneno ha muerto y ella fue, supuestamente, su cónyuge. Por esta razón, ella se encuentra en la comisaria acompañada de su abogado.

Nadia se rehúsa, a lo largo del cuento, en responder. Y esto desespera a los policías por saber más sobre el occiso y el motivo de su deceso.

Nadia ha llamado confesando su crimen. Pero no puede responder al mayor Valladares quien le recuerda muchísimo al teniente Montoya (su esposo), quien le rememora a un joven buenmozo y bien hablado que algún día la enamoró (eso fue al principio). Y, con el paso de los años, se convertiría en un animal salvaje con enormes colmillos. Además, se nos cuenta que Nadia perdió un hijo debido a un accidente doméstico, una caída por las escaleras. Ella lamente haberse salvado. Pues desde ese día se le tuvo que extraer el útero y, como consecuencia, quedando estéril por siempre.

Posteriormente, se sugiere que ella nunca pudo denunciar los abusos y la violencia que sufría porque Veneno siempre estaba protegido por sus colegas, amigos y familiares. Era intocable.

Nadia, al fin, después de varias horas, confiesa y afirma ser la asesina de su esposo. Sí, admite su delito, acompañada de su abogado, ante el fiscal y el Comisario. Es allí donde la tensión narrativa aumenta gracias a la descripción exhaustiva sobre el crimen que nos cuenta Nadia.

Gracias al narrador omnisciente somos testigos de esta historia que va focalizado la mayor parte del tiempo en ella, Nadia.

Esto es, a todas luces, un crimen pasional que se repite en toda sociedad encubierta de mentiras, de complicidades atroces y de la escasa o nula conducta moral y ética de los ciudadanos de todo el mundo. Este es, en pocas palabras, un cuadro trágico de la humanidad que se pinta de tonos oscuros e imperceptibles tonos claros.

Se resalta, sobre todo, sus detalladas descripciones cinematográficas tan explicitas que sugieren múltiples lecturas. Y estas descripciones son tan gráficas: nos proporcionan unas imágenes vívidas que se fijan en la memoria del lector; esto es posible gracias a la prolijidad del lenguaje, la bella poesía que emerge de ella y el humor negro que se desprende, en algunos momentos, en esta ficción breve. Y esto el lector exigente lo agradece.

El desenlace, en esta oportunidad, no decepciona; por el contrario, deslumbra por jugar con una muda de nivel de realidad sutil, imperceptible, entre realidad y fantasía, entre sueño/pesadilla o estar despierta. O ella ha muerto o ella sigue viviendo la pesadilla que es su vida. Tal vez nunca lo sabremos. Tal vez ella nunca confesó su crimen y todo fue producto de su imaginación.

«Perdona que haya vuelto»

Vemos, una vez más, la huella que la familia nos hereda, del cual no podemos escapar ni negar (aunque deseáramos no ser parte de ella). Un padre terrorista que viajaba proclamando luchar por un mejor país. Al final, su padre termina en la cárcel El Frontón donde muere acribillado por los militares en 1986, en el primer gobierno aprista de Alan García.

Este cuento empieza con un epígrafe de Juan Gonzalo Rose que nos sugiere que el lector se encontrará con la historia de un personaje derrotado que, por circunstancias de la vida, busca su redención después de varios años de ausencia.

             Estar ausente tantos años hace

Sentirse un muerto al vivo más presente

         y por eso perdono (yo al culpable)

                                      tanto naufragio,

tanta rotura de alma impunemente

Juan Gonzalo Rose

Este cuento se divide en 9 episodios breves similar al formato de una serie de televisión.

En el primer episodio, se nos revela que el padre del protagonista los abandonó. Y lo más asombroso es el despliegue técnico en el primer párrafo: existe una muda espacial, pasa de un narrador en tercera persona a un narrador en primera persona, de un narrador que se ubica fuera de lo relatado a un narrador que está dentro de la realidad ficticia. Esto es una clara referencia de dos demonios culturales presentes en Mañana nunca llega: Miguel Gutiérrez y Mario Vargas Llosa.

Una noche de 1986, meses antes de morir en una isla, lejos de su mujer y de su único hijo, mi padre nos abandonó.

Luego, va jugando una vez más con la muda espacial; y, en esta oportunidad, pasa de un narrador-protagonista a un narrador colectivo (que representa la voz narrativa de la familia; madre e hijo). Ambos, madre e hijo, comparten el dolor de aquella ausencia (el esposo, el padre que se fue); sigue vigente en la memoria que tanto ha mellado en la sensibilidad de ellos (madre e hijo).

Mi madre y yo lo habíamos visto cruzar cientos de veces la puerta de un hogar que hoy solo existe en los escombros de mi memoria.

Ellos, madre e hijo, recuerdan que eran felices (paradójicamente) cuando su padre regresaba y luego se iba; y viceversa. Un acto tan repetitivo en el esposo y padre que siempre llegaba herido y solo, y, en otras oportunidades, venía acompañado de extraños.

Aquí lo inusual es que el narrador colectivo, guiado por la nostalgia, distorsiona la realidad haciendo de un recuerdo triste, rabioso y trágico en un recuerdo alegre, impoluto e inocente.

Posteriormente, cierra el primer episodio con la noticia trasmitida en la televisión de la muerte del padre y esposo en El Pentagonito, sucedido el 18 de junio de 1986. Nadie reclama sus restos ni lo velaron. Así cierra este episodio del pasado.

Iniciamos el segundo episodio quince años después, marzo del 2011, tal como refiere el narrador protagonista (el hijo) que se ha convertido en padre, también, de dos pequeños.

Este segundo episodio es breve y reflexivo. En pocas palabras: vemos a un personaje que ha crecido con la marca de su padre, con aquel pasado que le permite pensar en los mismos pasos que ha tomado: abandonar a su familia.

En el tercer episodio, es un fresco de aquellos años después de la muerte de su progenitor terrorista, y cómo este legado manchó el honor de él (su hijo) y su madre. Y así fue que el rencor se apoderó de él y lo llevo a vagabundear por el mundo. En esta oportunidad, ya adulto, regresa a su hogar y va a visitar el nicho de su madre; solloza ante los restos de su progenitora.

En el cuarto episodio, el hijo, que de niño sufrió el abandono de su padre, se dirige al paradero para tomar el bus que lo lleve a su destino: encontrarse con ella (su esposa) y sus hijos. Piura se dibuja, en él, como el escenario de la nostalgia de aquellos días que en su memoria se ha perpetuado. En ella recuerda a Mercedes, su amor idílico, que refleja su arrepentimiento sobre sus pasos que ha heredado de su padre; se cuestiona, tal vez, la posibilidad de qué hubiera sido si su padre nunca se hubiese marchado de casa; tal vez nunca hubiese tenido esa fatalidad; tal vez hubiese evitado el drama y la tragedia de su madre; tal vez nunca hubiera abandonado a Mercedes ni a su hijo; tal vez su destino hubiera sido distinto.

En el quinto episodio, el narrador personaje nos remite su nostalgia a través de acertadas figuras literarias que da un relieve estético a la prosa. Recuerda la pasión, el amor desenfrenado y los afectos «(…) furiosos como los huracanes cuando tocan tierra» (Página 135). Continúa hastiado, resignado, afligido con ser señalado por la mancha que ha dejado su padre. Siempre esa verdad que se desperdiga como el viento.

Ha llegado a la universidad, y sigue mancillado su honra por aquellos actos de su padre: el rumor de ser hijo de un padre terrorista lo perseguirá hasta el fin de su existencia. Hasta los camaradas de su padre lo acosarán hasta el hartazgo con seguir los pasos de la revolución armada y de la venganza. Ni de ellos se librará. Sin embargo, Mercedes secará sus lágrimas y calmará sus temblores.

Al comenzar el sexto episodio volvemos al bus que llevará de regreso al protagonista al espacio sentimental que evocara su memoria: «Atrás queda la enorme tienda del chino Chong Shing, las ópticas que se apiñan a lo largo de la avenida y los puestos de lata celeste en los que banderean los periódicos de hoy, de ayer, destiñéndose en la tarde». Y continua la narración descriptiva en el cual la protagonista pasa a ser todas aquellas calles, avenidas y personas que se mueven en la ciudad de Piura. Aquí vemos una notoria influencia de Conversación en la catedral de Vargas Llosa: el narrador se enfoca en la ciudad como un personaje vivo y en movimiento.

Y vuelve la nostalgia de aquellos días en el que Mercedes y su febril amor lo hipnotizaba y todavía recuerda su figura, puede describirla, con un tono erótico, que nos va envolviendo en una musicalidad que nos atrapa. Y es el mismo bus que ahora lo lleva tras sus pasos perdidos. En el mismo bus donde su romance idílico floreció. Al final, cede ante el sueño.

Ya en el séptimo episodio los lamentos del narrador protagonista prosiguen: el estigma lo persigue vaya a donde vaya. Plinio, su padre, fue un terrorista; y al hijo le esperaba el mismo destino. Para la sociedad, era, es y sigue siendo un hijo que vengará la muerte de su padre terrorista: «El terrorista que busca vengar a su padre abatido en el amotinamiento de una cárcel asquerosa».

Es, a partir de estas páginas, que se narra las razones de ser un eterno prófugo de la justicia. Un día algunos camaradas de su padre siempre lo invitaban a unirse a ellos, pero él se negaba rotundamente. Era imposible alejarse de ellos: conocían de su familia y siempre los vigilaban. Hasta que llegado el día en que fueron capturados por las autoridades y, que, a través de torturas, mencionaron su nombre como un cómplice de los actos terroristas. Ellos esperaban salvarse. Y eso no pasó. Al final, tuvo que dejar a Mercedes y a su hijo que, lamentablemente, lleva su mismo nombre Plinio (y es el nombre que siempre ha decidido negar), pero del cual no puede desligarse. Por ello, lamenta haber aceptado, después de la petición de Mercedes, que su hijo lleve su nombre.

En los dos últimos episodios —8 y 9— se da un conmovedor desenlace en el cual el regreso puede ser la nostalgia de aquello que nos perdimos y de aquello que deseamos recuperar. Volver a caminar por los tiempos, lugares, sentimientos y personas a los cuales has amado. Y el narrador protagonista al fin logra, al parecer, su ansiada reconciliación con su padre y su hijo. Una redención que se forja en los primeros años de los 2000, una época de esperanza y de nuevas luces para los años venideros

Por lo tanto, como acabamos de notar, el tema central, que se repite en la mayoría de relatos de la presente obra, es el drama familiar del cual sus protagonistas intentan evadir.

Una historia que dialoga con la misma ciudad —Piura—, con sus casas, sus construcciones, sus calles y todo lo que su memoria evoca. De algún modo, tal como indica el título del cuento, es imposible, casi inevitable, el regreso a nuestros pasos, a nuestras raíces: la familia, la sangre, siempre nos hace un llamado a volver con ellos.

Luego, continua con diálogos directos libres, en el cual se inserta las voces de varios narradores (el cobrador y el chofer), haciendo de esta una ficción coral: «el cobrador chasquea las monedas, pasaje, pasaje, y que lo asencille el chofer, y baja, baja, pérate que sube». Y estas voces polifónicas nos permiten escuchar la oralidad piurana, un elemento de la cultura popular, que da color a la narrativa de Tadeo Palacios.

«¿Cuánto más vas a resistir?»

El epígrafe de un verso de Pizarnik nos hace un giño a lo que vendrá en la presente ficción: el drama de lo prohibido del cual sus personajes están envueltos. Y esto es un atisbo que Tadeo Palacios nos va sugiriendo antes de adentrarnos en el presente título.

Desde las primeras líneas nos va sugiriendo que la protagonista esta atraída, enamorada, obsesionada por «un te amo abominable, horrible, diría tu madre, porque sabes bien que, apenas lo confieses, perderías el derecho de llamarte su hija. Un te amo, uno solo basta».

Ella y su amor prohibido están condenados al escrutinio de los demás. Entonces, ¿Quién es ese amor pecaminoso? Esta inquietud se mantiene en vilo para que el lector sea atrapado por la realidad ficticia que plantea el autor.

En el transcurso de las pocas páginas de esta ficción, vamos conociendo a ella, una estudiante universitaria, enamorada del docente que, pronto se iría a un master pagado por la universidad, a quien nunca le ha confesado sus sentimientos. Un dilema moral que pronto se resolverá cuando la protagonista se decida, antes de entregar su examen, hablar sobre su amor; y el lector descubra la verdadera identidad de aquel profesor universitario.

Otro punto a resaltar: una narrativa que te va envolviendo por su lenguaje diáfano, por sus imágenes románticas/eróticas/dramáticas y por su prosa lírica. Así también, podemos subrayar que el autor acierta en usar un narrador en segunda persona permitiendo la verosimilitud narrativa; por otro lado, en ciertos momentos de la narración en segunda persona es una prolongación a un monologo interior y, en otros momentos, es la proyección de una voz omnisciente. Y, en ambos casos, estas variantes sutiles del narrador ambiguo provocan, en el lector, intriga, suspicacia, tensión narrativa que, finalmente, se convierte en un perfecto embrujo del cual no podemos salir ilesos.

«Un par de cuencas vacías»

En este cuento que juega mucho con los múltiples enfoques, cuadros y planos que tiene a su disposición el narrador omnisciente. Y esto permite que nosotros, sus lectores, nos podamos acercar y alejar de los personajes, de los objetos y de todo aquello que forma parte de la escena narrativa.

No sólo eso:

Juega con la intriga al revelarse que estamos ante una pareja que, aparentemente, lucen fatigados. Y él se levanta, después de haberse dormido con su esposa y observando su espalda, pues siente un dolor en el costado izquierdo. Y ahí se nos revela el drama que él padece: «Sentado al filo del colchón, se palpaba el costado izquierdo. Desde aquel preinfarto que lo tuvo hospitalizado hace dos años en el Hospital Militar, las punzadas ocasionales llegaban tan rápido cómo se iban».

Luego, con el transcurrir de la narración, vamos descubriendo un poco más sobre este hombre frágil: su pasado, su presente y futuro serán contados de manera progresiva. Nos enteramos que estamos ante el coronel Milla, que ha sido condecorado y distinguido a lo largo de su carrera; y, en la actualidad, vive con su esposa cerca de la Costa Verde y toma algunas pastillas para aliviar sus dolores físicos. Sin embargo, las imágenes recurrentes se convierten en recuerdos de un pasado del cual no ha olvidado: sus años de servicios en el norte, en aquellos tiempos en donde ejercía la violencia en la sierra de Huarmaca, condensado a través del lenguaje poético.

Y, en el siguiente párrafo, el narrador nos va interpelando con la duda de saber quién es ella, quién es la niña que evoca en sus sueños/pesadillas, quién es aquella presencia que aparece, repentino, en los desvelos del coronel Milla. Entonces, desde este momento se nos presenta el dato escondido que, a través de una prosa poética, nos atrapa y del cual indagaremos a través de la lectura de las siguientes páginas: «¿Por fin ella vendría a verle? No, siempre estuvo ahí, calibrando el momento justo, tal y como él lo había hecho hace veintitrés años. Podía escucharla gemir todavía. Podía sentir el calor de su pequeño cuerpo en la oscuridad de la habitación de ese piso catorce. Y a pesar de tener a su mujer al lado, podía percibir el ruido de uñas arañando la pesada tela del sacón camuflado. La niña, sus piernas, sus manitos, su cálida estrechez…».

Luego, se va creando un ambiente angustioso que nos va penetrando por sus imágenes eróticas, por su sensibilidad y por la carga poética del lenguaje: «Desesperado, intentó refugiarse en la silueta carnosa de la durmiente y miró, sin mirar de veras, su espalda blanquísima. Quiso tocarla, despertarla para que lo ame, aunque solo fuera por un instante. Pero luego desistió: en la quietud del cuarto, la percha había golpeado la alfombra y su saco quedó inmóvil sobre el suelo. Luego percibió una rápida sucesión de pasos o más bien brincos, saltos como de un conejo que huye a su madriguera, y quedó petrificado por instinto».

De inmediato, en las siguientes líneas, nos enteramos de la razón de su soledad: «Nunca tuvo hijos, el problema era suyo, pero prefirió achacárselo a su mujer. El médico, un coronel amigo, decidió guardar el secreto. […] Sin embargo, nunca como ahora el hombre había lamentado su porvenir solitario e infecundo. ¿Iba alguien a llorar su muerte?». Por lo tanto, podemos afirmar que una serie de hechos vitales marcaron el menoscabado presente del coronel Milla.

Y los sufrimientos corporales del protagonista prosiguen al igual que los recuerdos tan vívidos, reales y vigentes. Y todo este padecimiento va ir aglomerándose a su pasado, a través de un interesante flashback, un pasado cargado de nostalgia, que nos llevara de regreso a los remotos días de pleno servicio militar: «Pronto repararía en las consignas lanzadas al vacío y el griterío de mujeres que había hecho suyas a la fuerza. […] ¿Iba a sentir de nuevo la textura frágil de gargantas quebrándose con la presión de sus manos enormes como manoplas de soldador?». Y es aquí donde somos testigos de aquellas fotografías borrosas sobre la violencia sexual contra las mujeres y de aquellos días de ser el dueño del mundo.

Posteriormente, escucharemos los cánticos de guerra:

YA LLEGAMOS

(ya llegamos)

A BARRERLOS,

(a barrerlos)

YA LLEGAMOS

(ya llegamos)

A JODERLOS

(a joderlos)

TERRUQUITOS,

(terruquitos)

NO SE ESCONDAN,

(no se escondan)

TERRUQUITOS,

(terruquitos)

QUIERO VERLOS

(quiero verlos)

EN LA FOSA,

(en la fosa)

DE SUS TRIPAS

(de sus tripas)

SACO SEBO,

(saco sebo)

SE LAS DOY

(se las doy)

A MI PERRO

(a mi perro)

En las siguientes páginas se nos narra la violencia ejercitada tanto por Sendero Luminoso y por los militares en los años 80.

Este es una guerra en el que para sobrevivir debes matar, debes ser más fuerte y más violento que los enemigos. Es así como los superiores de Milla imponen su instinto salvaje: «Al enemigo, la punta de la bota, el plomo en el cerebro».

La narración continúa mostrándonos imágenes del coronel Milla, con la complicidad de sus colegas, violando a una menor de edad, inocente, que lucha, se resiste ante las fuerzas de él.

Y nos vamos adentrando a las escenas detalladas y explicitas de aquellos días donde ultrajaba, sin remordimientos, a mujeres de todas las edades: «Ahora era su turno, era la onceava de la jornada, pero el resto habían sido siempre mujeres añosas y de carnes sueltas, amoratadas, esta sería la primera presa tiernita para él [Milla] (¿Te gusta conchatumadre?). Y la niña luchando por librarse de sus músculos firmes y mohosos, de su cara calcinada por el resplandor de los incendios…». Y vemos también el juego de ecos (voces) del pasado de aquellas mujeres violentadas y de los victimarios —los militares— que gozan, sin pena, de la orgía. Y estas escenas crudas pueden provocar al lector repugnancia, rabia y desazón.

Y se va transformado de un relato realista, de tinte psicológico, a un relato gótico. Una ingeniosa muda en el nivel de realidad que se da de manera sutil e imperceptible para el lector. Y esto nos recuerda a la audacia literaria de Aura de Carlos Fuentes, de La hora azul de Alonso Cueto y de La casa tomada de Julio Cortázar; todos estos textos narrativos contienen ese salto cualitativo, esa atmósfera tétrica y esos personajes ambivalentes (tanto a nivel físico y psicológico) que comparten con Un par de cuencas vacías: «Ahora por fin la tenía de pie, con la faldita de algodón pudriéndose, carachosa, un resto de carne malcomida por las hormigas y los gallinazos. De pie y a un palmo de su nariz». Para luego, agonizar lentamente y esperar la llegada de la muerte (o tal vez algo peor) tal como experimentaron en carne propia el sufrimiento que infligía a sus víctimas.

Estoy convencido que, por sus méritos literarios, este cuento merece estar en infinidad de antologías nacionales e internacionales. Por ello, celebro su reciente inclusión en la antología «El tiempo es nuestro», publicado por el sello Seix Barral, a cargo del editor Víctor Ruiz Velazco, un capo de la edición y rescates literarios.

«Horizonte de eventos»

Es el cuento más corto del conjunto, apenas dos páginas, que podría considerarse un microrrelato. Es, de algún modo, el cierre de la primera parte de la obra compuesto de un compilado de cuentos eminentemente realistas (con excepción de algunos cuentos) para dar pie de entrada a la novela corta que lleva el mismo nombre de la obra.

Sin más rodeos, pasemos a la lectura de esta microficción:

En primer lugar, nos vamos sumergiendo en las orillas de esta realidad ficticia ambigua, del cual no sabemos si estamos en una pesadilla o si realmente la historia que nos narra la niña es real.

Una posible lectura sería que la niña es un fantasma, un alma que divaga acompañando y cuidando de su madre y de su hermanito que crece en el vientre de su progenitora.

Ella, la madre y esposa, atenta, observa el horizonte del mar, buscando al esposo y al padre de sus hijos; y, en eso, un marinero se acerca informándole sobre el estado de la búsqueda de su esposo:

Un marinero se acerca corriendo por el malecón en el que revienta la espuma.
—Hacemos lo posible.

Y la niña le acompaña, pero su madre no responde a su presencia: «Toco el hombro de mamá y se va. Pero ella no lo ve, continúa atenta al horizonte, como esperando al barquito de papá. Si lo veo yo primera, se lo diré, así que también miro de lado a lado para que nada se me escape».

Luego, nos enteramos que la madre tampoco la escucha ni responde sus preguntas: «Pero nadie me contesta». Es aquí en el que podemos afirmar que estamos ante un espectro que trata de comunicarse con su madre, pero que es inútil intentarlo.

Este relato nos recuerda a la primera tesis de Ricardo Piglia sobre el cuento: «El cuento siempre cuenta dos historias». Y, por lo tanto, esto nos lleva a la segunda tesis del autor de Blanco nocturno: «La historia secreta es la clave del cuento moderno». No cabe duda que hay una fuerte influencia de la obra de Piglia en la presenta obra narrativa de Tadeo Palacios. Por otro lado, esta ficción sigue el modelo kafkiano del cuento moderno, pues nos cuenta la historia secreta (H2) como algo normal y la historia visible (H1) como algo extraño. En otras palabras, se nos cuenta, desde la perspectiva de la niña, la muerte de su abuelito y la desaparición de su padre en el mar (los marineros lo están buscando) (H1) y se nos narra la historia de la niña que acompaña a su madre en la búsqueda de su padre y vela por la integridad de su hermanito que pronto nacerá (H2).

Para finalizar, el lenguaje inocente, enmarañado y la oralidad de una niña provoca el efecto de estar encaminados en un relato hipnótico.

P. D: ¡Enhorabuena este cuento se ha adaptado a un manga! Este es un golazo para un narrador joven en sus primeros pininos literarios.

«Mañana nunca llega», una nouvelle fallida, experimental y temeraria

Esta novela corta es el trabajo más arriesgado y más experimental del libro, que lleva el mismo título de la obra, que se juega el todo por el todo. Sabe de las posibilidades de fracasar con su empresa narrativa, pues intentará romper esquemas, romper estructuras narrativas clásicas (sobre todo en el lenguaje; usa el famoso lenguaje inclusivo), va a cambiar de perspectivas, va haber movimiento constante de personajes, escenarios y sensibilidades.

Cabe aclarar a los lectores que este es un universo narrativo caótico que puede confundir al lector (tal vez, en nuestra opinión, de aquí a unos años, en una próxima edición, se haga una nueva corrección/limpieza al texto, ya con la mirada de un autor más maduro y con mayor recorrido de lecturas y con más experiencia vital).

Sin embargo, podemos encontrar algunas deficiencias dentro de la estructura narrativa que intenta crear Tadeo Palacios. Sobre esto, Christian Briceño comenta lo siguiente: «La idea de una representación de los acontecimientos, si bien en varios momentos parece encontrar un equilibrio, se ve debilitada por la incesante inclusión de referencias generacionales para otorgarle a los protagonistas una singularidad forzada en ciertos tramos que mengua la verosimilitud o, en todo caso, la pone en cuestión».

No solo eso:

Existe una intención evidente en mostrar un panfleto, en convertir la ficción en un discurso político que contamina, pervierte la naturaleza artística/literaria de Mañana nunca llega; tanto así, que, en ciertas escenas, se pierde dirección/horizonte narrativo claro. Un intento sombrío que no termina de cuajar en el rompecabezas que intenta construir: opaca el arte literario del libro.

Es menester recordar a tres maestros de la literatura peruana, que, alguna vez, comentaron acerca del abordaje de la política dentro de sus producciones novelísticas:

En primer lugar, y con gran relevancia universal, Mario Vargas Llosa, revela en múltiples entrevistas que su obra maestra, Conversación en la catedral, fue la novela que más canas le ha sacado; es en ella que aborda el ambiente pesimista derivado de un tenso escenario político, en el famoso régimen denominado «El Ochenio de Odría». Para ello, tuvo que deshacerse, a través de una inteligente estrategia narrativa, de aquello que pueda contaminar la realidad ficticia de la novela; que destaque la literatura en si misma por medio de narradores objetivos y por las voces de sus personajes que impriman una distancia a la materia política: evitar a toda costa que una obra literaria se pervierta en un vil panfleto. Esto, por supuesto, es comentado por José Miguel Oviedo, en su libro Vargas Llosa: invención de una realidad, en el cual resalta que Vargas Llosa se documenta de materiales que sirvan para dar forma a su empresa literaria:

Su propósito es siempre la invención: de personajes, de historias, de formas y de estilos narrativos apropiados. Los datos sociales y políticos son sólo un marco de referencia dentro del cual esas vidas, esas peripecias y esos procedimientos se justifican y cobran fuerza alusiva, su exacta gravitación y significado. 

Lo mismo ocurre con Óscar Colchado, maestro indiscutible de la narrativa peruana y latinoamericana, al comentar sobre su obra maestra, Rosa cuchillo, en el cual imprime la cosmovisión andina, su mitología, en contraste con el terrorismo que azotaba en los años 80 y 90 en la sierra peruana. Pues en ella se impregna la humanidad, la sensibilidad, antes que la materia política, que solo sirve de mero contexto. Al respecto, en una entrevista para el diario Perú21, Colchado afirma lo siguiente: «Tenemos la mentalidad mítica, representada por Rosa Cuchillo, y la racionalidad occidental, representada por Sendero. El gran mensaje de Rosa Cuchillo es que los peruanos debemos conocer nuestra literatura oral, nuestro pasado, porque Latinoamérica es un subcontinente hirviendo en mitos, leyendas, cuentos, que casi nuestros escritores no lo han aprovechado». Sin embargo, esto no sucede en la nouvelle que da título al libro: se enfrasca en consignas políticas, en panfletos y discursos; en lugar de enfocarse en la sensibilidad, en la cultura y en la idiosincrasia de sus personajes.

Sobre lo anterior, en un ensayo titulado 4 anotaciones sobre Rosa cuchillo de Óscar Colchado, por César López, asevera que «Los narradores no son dueños de la verdad, sino que la participación de una gran cantidad de voces tejidas va demostrando la amplitud del universo de la verdad de la relación; la verdad como intersección de miradas. Vivos y muertos cuentan sus respectivas historias, sus transformaciones y el viaje es una constante de sus modalidades de existencia. Rosa, quien peregrina hacía su origen, Liborio, quien se sujeta al desplazamiento de la lucha, y Mariano, quien realiza un viaje por la memoria a modo de recherche».

En el caso del novelista piurano Miguel Gutiérrez, autor de la novela La violencia del tiempo, en una entrevista publicada en la web Cuadernos del Hontanar (2), comenta con respecto a la división entre materia política, la ideología y la creación literaria, lo siguiente:

Un escritor, me parece, debe poner entre paréntesis, en la novela, sus ideas, su ideología, aunque sea socialista, comunista […]. El escritor debe tener su pensamiento político, es imposible que no lo tenga, pero eso debe ponerlo entre paréntesis y dejar que triunfe la coherencia narrativa.

Con lo explicado previamente podemos concluir lo siguiente: el autor ha incurrido en un vicio que todo escritor debe evitar: imponer un discurso político en desmedro de la calidad literaria, de la calidad estética y de la fuerza hipnótica que debe impregnar en sus lectores. Esa es su única obligación: entregar buena literatura para el deleite de los amantes de los libros.

P.D.: El libro incluye interesantes dibujos, diseños y viñetas realizados por el mismo autor de Mañana nunca llega.

Bonus track

En esta sección, del presente ensayo literario, nos enfocaremos en seleccionar y comentar brevemente (en su conjunto) los cuatro mejores relatos del conjunto de «Mañana nunca llega»: El legado, Hora de baño, La invitación y Horizonte de eventos.

Estos cuatros relatos se pueden considerar como las principales avenidas, arterias y calles de una ciudad en donde sus personajes literarios están envueltos en dilemas familiares, políticos, éticos, humanos y sociales.

Estas composiciones narrativas engloban todas las virtudes de la presente obra de Tadeo Palacios, que ha demostrado maestría literaria tanto en el lenguaje, en el ritmo, en el tono, en la ambientación, en la construcción de diálogos, en la estructura narrativa y en la técnica.

Para cerrar con broche de oro

En resumen, los doce cuentos y la nouvelle que lleva el mismo nombre del libro (Mañana nunca llega) son de excelente factura por la interesante propuesta poética/narrativa, por el adecuado manejo de la oralidad piurana, por la recreación armónica de los ambientes en los cuales se desarrollan sus relatos (la mayoría de ellos en Piura), así como por la fuerte sensibilidad que aflora en su narrativa breve: rabia/tristeza enmarcados en ambientes dramáticos. Al respecto, Bryan Paredes, en el diario El Correo, apunta: «El debut literario de Tadeo Palacios con “Mañana nunca llega” está marcado por uno de los grandes retos que tienen los escritores: encontrar una voz particular, alejado de un lenguaje estándar, que tenga una música personal nacida de un legado». Paredes agrega sobre lo anterior: «Y el conjunto de cuentos que ha publicado el autor peruano ha logrado esto. Su prosa es poética y crece con la atmósfera, el mar y el habla de Piura».

Octavio Paz, en su compilado de ensayos políticos, Tiemplo nublado, afirma lo siguiente: «Una sociedad se define esencialmente por su posición ante el tiempo». Entonces, esta es la ética que persigue la narrativa breve en Mañana nunca llega de Tadeo Palacios: marcar su posición frente a los tiempos convulsos de los últimos 30 años que ha sufrido nuestra generación: corrupción, crisis económica, violencia, protestas, delincuencia, desorden, pandemia, etcétera. No obstante, esta se convierte en una actitud desmesurada que mella en la calidad literaria de su última pieza narrativa —Mañana nunca llega— que no cierra —como merecía cerrar— un libro de relatos de gran envergadura literaria. Sobre esto, Christian Briceño apunta lo siguiente: «Sin embargo, el punto fuerte de este libro son los relatos precedentes. En ellos, Palacios se lanza de lleno a la evocación de Piura y los mecanismos íntimos de esta ciudad, de la familia y de la relación del individuo con la violencia y la contemplación». Por lo tanto, podemos afirmar que lo mejor de la presente obra son sus relatos; empero, su novela corta decepciona.

Asimismo, nos demuestra, con gran destreza cuentística, su oficio como narrador en su primer libro de ficción (solamente se evidencia en sus cuentos; pero esto no pasa en su nouvelle).

¿Cómo sabemos del oficio de un autor? ¿Cuáles son aquellos elementos literarios que lo demuestran? Al observar diálogos inteligentes, sugerentes, que aportan información, pero sólo lo que el lector debe o necesita saber. Entonces, oculta aquello que mantiene en vilo al lector hasta llegar a su punto máximo de clímax. De esta forma crea un ambiente de suspenso que se va desarrollando y resolviendo en el transcurso de cada relato. Así también, atrapa a sus lectores, ya que el drama, y, sobre todo, la ternura, se compensa, por intervalos de tiempo, con un toque de humor ácido. En consecuencia, enriquece la propuesta narrativa de Tadeo Palacios en Mañana nunca llega. Y es así como sabemos que estamos ante un autor con oficio.

No cabe duda: la editorial Pesopluma (Perú), al apostar por nuevas voces literarias, al refrescar nuestra tradición, incluidos en su Serie Iceberg, ha hecho un golazo de media cancha para la escena editorial independiente y para la escena editorial peruana en general.

Esta empresa cultural ya cuenta en sus filas con autores de gran calibre literario: Romina Paredes, Famulus; Giacomo Roncagliolo, Ámok; Natalia Rozenblum, Los enfermos; y Tilsa Otta, Antimateria: gran acelerador de poemas.

A pesar de los puntos en contra que previamente hemos señalado, nos encontramos ante un interesante debut literario de Tadeo Palacios dentro de la escena cultural nacional. Por lo tanto, esperamos, con muchas expectativas, el crecimiento y la madurez de esta joven promesa de la literatura peruana en sus siguientes producciones literarias.

Recordemos que Miguel Gutiérrez y Pilar Dughi alcanzan la consagración literaria con La violencia del tiempo y con Ave de la noche, respectivamente. Esto es posible gracias a un esmerado trabajo literario, a un esmerado tratamiento de los materiales literarios y a un esmerado estudio de la tradición literaria; y, por supuesto, se suman materiales de la experiencia vital y literaria de ambos narradores peruanos. Esperamos, entonces, que suceda lo mismo con Tadeo Palacios: con el devenir de los años, de las experiencias vitales, de las experiencias literarias, lograr la madurez literaria en sus próximos libros de ficciones, pues tiene todas las condiciones para lograrlo: llegar a su pináculo literario.

Para cerrar, tanto la portada como el título de la obra tienen poco impacto visual: no incita la curiosidad, y, por lo tanto, espanta, a primera vista, a sus potenciales lectores. A nuestro parecer, es demasiado sobrio como producto cultural. No obstante, en cuanto a la edición, corrección de estilo, el diseño y diagramación elogiamos el estupendo trabajo realizado por la editorial Pesopluma en el primer libro de ficción narrativa de Tadeo Palacios.

Ficha Técnica:

Autor: Tadeo Palacios

Título: Mañana nunca llega

Año: 2021

Género: Narrativa breve

Editorial: Pesopluma (Perú)

Tiraje: 500 ejemplares

Serie Iceberg

  1. Fahrenheit 051: Conflicto social y literatura (YouTube): https://www.youtube.com/watch?v=QEIsYkQ-MzE&t=299s
  2. Entrevista al escritor Miguel Gutiérrez: https://cuadernosdelhontanar.wordpress.com/2020/07/15/si-intenta-decir-la-verdad-el-escritor-necesariamente-tendra-que-ser-incomodo-una-conversacion-con-miguel-gutierrez/
Alex J. Chang
Alex J. Chang es un joven poeta, escritor, conferencista y periodista cultural peruano. Autor de las novelas "La mujer de los tacones rojos" y "La Viuda Negra", ambos publicado por la editorial Ameleer.

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