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Jhemy Tineo, ideas para un disfraz imposible

¿Buscas un disfraz para impactar en Halloween? Descubre en "Los restos de la piel", de Jhemy Tineo, una estremecedora posibilidad.

Publicado

31 Oct, 2025

Escribe Jhemy Tineo

Sé que quieres lucirte esta noche. Llevas meses pensando y te has dado cuenta de que ya no te convencen los personajes de siempre… Los años te han enseñado que, tras media hora de estrenado, el disfraz por el que te devanaste los sesos varios meses pierde su encanto: es cosa ya vista. Tengo la solución. Te presento a la cuda. Comparto un fragmento para que te enteres de sus características. Lee y sabrás que ser la cuda esta noche sería el disfraz ideal.

Los restos de la piel (Fragmento)

He dejado las ramas de la pomarrosa y te miro desde los ojos de una de las escolares que sale al pasadizo. No garras, no plumas, no pico… Sí, un lunar pequeñito, apenas visible, en mi rostro adolescente. Blusa y brasier ceñidos. Falda por encima de las rodillas, malcriadez, berrinche para los auxilia- res. Delante de la puerta de tu salón, te veo despidiéndote de los alumnos.
Ya estás solo. Guardas registros, lapiceros y libros. Maleta al hombro, sales del aula.
Llega un nuevo mensaje de Liliana:
Salí hace cinco minutos.
¿Me estás cochineando?
Siempre hablo en serio, Charapa. Mira.
Liliana te envía un selfie que la muestra sentada en un bus interprovincial.
¡Para que no desconfíes, hombre de poca fe!
Entonces llegas mañana sábado a esta hora. Te espero en el terminal.
Dijimos sin riesgos, Charapa. En el terminal estarán mi suegra y mi vieja.

¿Tu marido también es de la selva? ¿Marido y amante amazónicos?
Jajá. ¡Yo sí amo la selva, di, Charapa!

Te sigo viendo, nunca dejo de hacerlo. Desde el aire, mis ojos de ave. En la tierra, mi voz de gente. Acabo de quitarme el uniforme escolar. Vuelvo a la piel de siempre: alas, plumas, pico y una pata en forma de mano, la que todos imaginan, pero nadie ve. Estoy en las pomarrosas que rodean la fachada del colegio. Bajo las sombras de las ramas, los escolares se be- san o se apedrean con las frutas caídas. Continúas dentro de la institución educativa. Caminas hacia el portón de salida, tapándote la bragueta. Que empuje, que haga lo que quiera: total, el peso del maletín puede más.

Doy la espalda a los árboles. Queda atrás el colegio. Tus pa- sos guían mi vuelo. Rápido, ahorita, dejo mi pata de mano, mis alas, mi trino de ave, el punto de carne al lado de mi pico… Ya soy una mujer vestida de blanco saliendo de su hogar. ¿Me están mirando? ¿Algo les dice mi persona? Ciegos, soy yo, la Cuda.
Buenas tardes, maestros, saludo.
¿Notan la burla con que les hablo? ¡Qué lo van a notar!
Estoy en la piel de una enfermera respetable.
Buenas tardes, señora, tú y Loco Libros me contestan.

Estás en el hotel Mil Estrellas. Te apartas del árbol en que Liliana te dejó con los pantalones abajo. Merodeas. El lugar es una meseta poblada de árboles y césped. Desde donde es- tás puedes ver el río Mayo, al que se llega por un camino casi fantasma que desaparece bajo matorrales. Literalmente, cami- nas cerca de las nubes. Los pájaros vuelan, apenas, a un par de metros por encima de ti. Le tomas una foto a uno de ellos y, antes de enviársela a Liliana, descubres que es el mismo vola- dor al que ya fotografiaste en el árbol.
Mira, este pájaro me está persiguiendo. Se me notan las alas y el cuello en la foto.
No es un ave, es la Cuda, la mujer pájaro, te contesta Liliana. No creo en leyendas urbanas.
Deberías creer, Charapa.
Escondo mi pata de mano tras las hojas, aleteo desde el árbol para llamar tu atención.
Para que creas, allí te mando su nido.
Liliana te envía la foto de su vagina rasurada. Hermoso nido.
Te reenvía una foto donde ella aparece con la falda re- mangada en la cintura. Sus piernas llenan la pantalla del celu- lar. Su sexo te da un beso, imaginas que en tus labios.
Charapa, allí te mando las piernas de la Cuda.
¿Cómo sé que no son fotos pirateadas de internet? Hombre de poca fe, mañana lo compruebas.
Será un placer, Liliana.
¿Será un placer? ¡Qué cursi eres, Charapa! Oye, ¿será cierto que la Cuda tiene una pata en forma de mano?
Eso dicen.
¿Será cierto que toma la imagen de la persona en quien estás pensando?

Es cierto, canto para ti. Estas patas, una de ave, la otra de mano de persona, se vuelven piernas de mujer; este buche se transforma en tetas, explico. Soy la mujer o el hombre en quien están pensando los amantes. Y nadie sabrá que amaron a la mujer ave, a la Cuda, eso cuentan de mí, eso digo. Tú, por supuesto, solo escuchas un gorjeo.
¡Si aparezco en este instante o más tarde, no soy yo, Charapa! ¡No te vayas a tirar a la Cuda! Recuerda, recién llego mañana, Charapa.
Ojalá te aparezcas ahorita para hacer las previas con la Cuda.
Jajá. ¡Te pasas, Charapa! Oye, ¿te acuerdas de que, cuando éramos niños, desaparecían personas de Moyo- bamba? La Cuda se los lleva, decían las malas lenguas.
Nadie se los llevaba, se metían de narcos. ¿Te acuerdas de que, después de varios años, algunos volvían con plata?
Volvían con plata y otra vez desaparecían o amanecían muertos. Tienes razón, Charapa. Los narcos y los terroristas inventaron la Cuda para meternos miedo.
Oye, ¿y si la Cuda se transforma en mí y te la mete? Dicen que, cuando se vuelve varón, tiene espinas en la pichula.
¡Qué rico sería eso, Charapa! Sería mejor que una verga de gente. Jajá. Te ofendes, di, Charapa.

jhemy tineo
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