Escribe Erik Díaz Sandoval
Annie Ernaux es una novelista francesa nacida en 1940, ganadora de numerosos premios, entre los que destacan el Prix Marguerite Duras 2008, Prix Francois-Mauriac 2008 y el Premio Strega 2016 por su novela Los años; y por el conjunto de su obra,el Prix de la langue francaise 2008, Prix Marguerite-Yourcenar 2017, Premio Ernest Hemingway de Lignano Sabbiadoro 2018, Premio de la Academia de Berlín 2019, Premio Formentor de las Letras 2019 y el Premio Nobel de Literatura 2022.
Memoria de chica es una novela que se enmarca, como gran parte de la obra de Annie Ernaux, en el género de la autoficción y en ella trata de entender lo que pensó y sintió su yo de dieciocho años respecto de sus vivencias que transcurren en 1958, preguntándose si es posible comprenderlas a sus setenta y cuatro años, en las que está escribiéndolas y corre el 2014, cuando ella y su contexto social y moral son otros.
En la yuxtaposición entre esos dos yos, rememora su primera experiencia sexual y su primer desengaño, el desarrollo de su sexualidad confrontada con la mirada acusadora y cruel de sus pares, y su reacción frente a ellos contrapuesta con su deseo de pertenecer al grupo y participar de sus fiestas y diversiones:
“No es la vergüenza, de eso estoy segura, la que ha fijado el recuerdo de las palabras con dentífrico rojo, es lo erróneo del insulto, del juicio de ellos, de la inadecuación de la palabra puta y ella. No veo nada en aquel período que pueda llamarse vergüenza”[1].
Asimismo, nos comparte sus incertidumbres y dudas para elegir qué estudiar y dónde hacerlo, observando que estas le obligaron más de una vez a variar su rumbo y que a ellas subyacen profundas inseguridades por ser hija de pequeños comerciantes de provincia y la única de su familia con la posibilidad de acceder a una educación superior, debido a un precoz talento académico:
“Veo esos meses de instituto como la extinción lenta de las ambiciones universitarias de Annie D, debido a la interiorización, sin rebelarse, de su puesto en la sociedad, ciertamente no sospechado, piensa ella, por sus condiscípulos – no susceptibles de descubrir la tienda-bar de sus padres en Yvetot -, pero que desde luego podían percibirlo por otros indicios (…) La heroína escolar ha dejado de existir (…) Las carreras largas se le presentan como túneles interminables, agotadores, sin dinero, tristes, que costarán muy caro a sus padres a la vez que la mantendrán bajo su dependencia (…) Ahora lo que quiere es la vía y el futuro preparados por la sociedad y la Educación Nacional de 1959 para los hijos listos de los campesinos, de los obreros y de los tenderos”[2].
![“Memoria de chica”[1], de Annie Ernaux 1 annie ernaux 1](https://circulodelectores.pe/wp-content/uploads/2025/11/annie-ernaux-1-1024x576.jpg)
En dicha búsqueda existencial, descubre la Filosofía para cuestionarlo todo, especialmente a ella misma, volver sobre sus pasos y ayudarla a reinterpretar su vida y su posición en la sociedad:
“Al querer volver a la colonia, no buscaba sentir algo, era aún demasiado joven para concebir un deseo así – y aún no había leído toda la Búsqueda del tiempo perdido -. Volvía para manifestar hasta qué punto era diferente de la chica del 58 y afirmar mi nueva identidad – brillante y formal estudiante de Filología, que se destina a la oposición de agregado de instituto y a la literatura -. Para medir la distancia entre ambas. En el fondo volvía no para que ese lugar del 58 me “dijera algo” sino para que yo, yo dijera a los muros grises del edificio del siglo XVII, a la ventanita de mi cuarto en lo alto de la fachada, bajo el tejado, que ya no tenía nada que ver con la chica del 58”[3].
Simone de Beauvoir irrumpe entonces como una luz definitiva que guiará su camino como ser humano y sobre todo como mujer:
“De todas maneras, en abril de 1959, lo que cuenta es el futuro. Certeza de que la estudiante de filosofía ha hecho suya la necesidad íntima de elegir de Simone de Beauvoir en la última página: “Pensamos que ella [la mujer] tiene que elegir entre la afirmación de su trascendencia y su alienación en objeto”. Recibió la contestación a su pregunta – que es más o menos la de las chicas de aquella época – ¿Cómo hay que comportarse? Como sujeto libre”[4].
En ese transcurrir formativo, haciendo suya y citando la frase de Nietzsche “Tenemos el Arte para no morir de la Verdad”, descubre y nos comparte su vocación literaria: “Me dirijo hacia el libro que escribiré como dos años antes me dirigía hacia el amor”[5].
Es así que, con una prosa transparente e íntima, Annie Ernaux rememora el desarrollo de su identidad como mujer y artista, tratando de entender – sin juzgar ni moralizar – a la Annie de su primera juventud.
[1] Ibid, 81.
[2] Ibid, 137 y 138.
[3] Ibid, páginas 194 y 195.
[4] Ibid, 143 y 144.
[5] Ibid, 192.
[1] ERNAUX, Annie. Memoria de chica. Editorial Cabaret Voltaire S.L. Tercera edición, octubre de 2022. Traducción de Pedro Lydia Vásquez Jiménez.

