Historias al ritmo de Chacalón

Reseña | «Historias al ritmo de Chacalón», de Fernando Carrasco

«Historias al ritmo de Chacalón», de Fernando Carrasco, es una viva muestra de que los bajos fondos, las vivezas criollas, el personaje popular, si son tratados con la firme estética de la palabra, puede quedarse, gracias a la literatura, en un estamento superior.

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Escribe Carlos Rengifo

El arte del cuento literario radica en su brevedad y concisión, en el manejo de la trama, en las pinceladas de sus personajes y la buena urdimbre narrativa que nos conduzca, sin tropiezos, hacia un óptimo final. Su elaboración requiere de habilidad descriptiva y una voz propia, seductora, que es lo que ha conseguido Fernando Carrasco en «Historias al ritmo de Chacalón», viva muestra de que los bajos fondos, las vivezas criollas, el personaje popular, la violencia y la vulgaridad, si son tratados con sutil escalpelo, con la firme estética de la palabra, pueden llegar a niveles apreciables para quedarse, gracias a la literatura, en un estamento superior.

El volumen consta de siete relatos, engarzados por la impronta de Lorenzo Palacios Quispe, «Chacalón», el mítico cantante de música popular, a quien este libro le rinde manifiesto homenaje. Cada historia, de forma velada o abierta, inserta entre los tejidos de la anécdota el ubicuo legado del músico y lo que su marcado vestigio ha dejado en los personajes que aquí se pintan. Un tono de confidencia, de murmurante secreto, enriquecido por la oralidad, baña la totalidad de los cuentos. Y para dicho efecto, el autor ha ejecutado un trabajo de filigrana, amasando y modelando el habla callejera, el lenguaje coloquial, que nos lo muestra con toda su mejor frescura, picardía, sonoridad, ingenio, para deleite de los lectores.

El barrio populoso, el bar de clientes fijos, las muchachas deseadas, los faites, los provincianos emergentes, la mujer alcohólica, los «del otro equipo» y la música, de manera especial la música chacalonera, están presentes. Es un variopinto universo de colores grises y chillones, como los carteles encendidos de la Carretera Central; un mundo de hombres y mujeres comunes en situaciones a veces dramáticas, a veces hilarantes, pero enmarcados en el mismo cuadro que intenta sobrevivir, unidos por la necesidad, la falta de algo, desgajando sus vanas existencias sobre un mapa irregular que devela su verdadera naturaleza.

Si en los años cincuenta, Julio Ramón Ribeyro dio voz a los mudos y marginales, describió la decadente clase media, en esta era virtual y digital Fernando Carrasco sede la palabra a los malandrines, a los choros y achorados, a los lúmpenes que gozan con chaveta en mano de las oportunidades inmediatas, que viven el hoy, el ahora, porque saben que mañana pueden estar muertos. A la manera de Oswaldo Reynoso, que pintaba personajes callejeros, empobrecidos, sin un horizonte claro, aquí también se pintan figuras que tienen que vérselas como puedan, a cualquier precio, de modo legal o ilegal, sin preguntarse si lo que hacen es bueno o malo.

Ilustración de Lorenzo Palacios «Chacalón».

El puñado de cuentos es armonioso; todos los textos se relacionan, se intercomunican, se hablan, pues hay personajes que saltan de un cuento a otro, son nombrados en una historia y aparecen en otra, y esta otra da pie a la siguiente, y así se va tejiendo un mundo oscuro y marginal que tiene a Chacalón como telón de fondo. Las canciones del intérprete están bien engarzadas en la narración misma, sus letras sirven de puente para las emociones y palpitaciones que allí se están contando, a la vez que acercan el ritmo musical chichero al hilo narrativo. Como los relatos clásicos que se contaban alrededor de una fogata, en este libro alguien, uno de los personajes,  está relatando la historia, pero ya no en el campo, con el sonido de los grillos, sino en torno a botellas de licor y dentro de bares. Un recurso que el autor ha sabido trabajar, insertando además los modismos lumpenescos, y plasmar sobre el papel sin fisuras ni baches.

Aparte del soundtrack chichero que acompaña cada historia,  el tema del alcoholismo se ve reflejado en «El retorno de Carmela», donde una mujer lucha contra el vicio de la botella enquistado en sus venas. La discriminación y marginalidad están presentes en «Carehueco», apelativo de un muchacho que, sin embargo, encuentra su reivindicación en la misma supuesta ofensa. «Pagarás tu traición» apela a la hilaridad y la ironía para mostrarnos las actitudes de un amaneramiento vengativo. La delincuencia inevitable, forzada por las circunstancias, se halla en «Robacarros», lucha interna entre lo correcto e incorrecto, y la nostalgia por un concurso de baile durante la niñez, es muy bien descrita en «¡Al ritmo de Chacalón!».

El tema de la amistad que no distingue colores ni maldades ni actos lascivos, tan solo la simpatía por un juego común que une y hermana, es lo que hace de «Los once chavetas» un cuento logrado. Pero donde el autor consigue comunicarnos con mayor entereza las intenciones de este volumen, en cuanto a frescura narrativa, rociada de un hilo musical, es en el último cuento, «Tú serás la causa de mi muerte», que contiene todos los ingredientes del relato crudo, realista, populoso y emocionante, al que no se le pierde el interés en ningún momento. Si ya en sus anteriores libros, Fernando Carrasco mostraba pericia narrativa, dominio estético y libre imaginación, con esta nueva entrega logra confluir sus mejores cualidades para intensificarlas y ahondarlas, dentro de un conjunto armónico de textos encumbrados que, a la par de entretener, resaltan la riqueza del lenguaje popular, los matices de la expresión ordinaria, y rescatan también, lejos del discurso academicista, el poder de la sencillez oral.

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Carlos Rengifo (Lima, 1964). Premio de Novela del Banco Central de Reserva del Perú. Premio Internacional de Novela Altazor. Estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad San Martín de Porres. Es autor de las novelas El lenguaje de los espejos (2018), El jardín de la doncella (2011), La casa amarilla (2007), El dolor en los labios (2012), Un aliento en el ocaso (2014), La chica del sótano (2011), No me gustan los lunes (2017), El sillón del abuelo (2018), La morada del hastío (2001) y de los volúmenes de cuentos El puente de las libélulas (1996), Criaturas de la sombra (1998), El rumor de la tormenta (2007), además de las glosas Prosas impúdicas (2005). Su obra ha sido incluida en antologías nacionales e internacionales como El cuento peruano 1990-2000 (2001), Cuentos pigmeos. Antología de la minificción latinoamericana (2005) y La mala nota. El colegio en el cuento peruano (2008).

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Jun 12, 2021

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