Círculo de Lectores
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Ribeyro en dos ensayos de Miguel Gutiérrez

En "Ribeyro en dos ensayos", el escritor Miguel Gutiérrez examina al Ribeyro cuentista y al novelista; facetas en las que gozó disímil fortuna.

Escribe Horacio Hidalgo Ledesma

Parece haber unanimidad sobre la importancia de Juan Ramón Ribeyro en la historia de la literatura peruana. ¿Pero se puede decir que cotiza la misma importancia en el panorama más amplio de las letras latinoamericanas? ¿Qué hay de fundamental en su literatura? ¿Por qué generaciones de lectores han conectado estética y emocionalmente con sus cuentos, si bien narran el largo y tortuoso camino del individuo hacia la derrota y la resignación? En Ribeyro en dos ensayos, el escritor Miguel Gutiérrez se pone manos a la obra para examinar al Ribeyro cuentista y al Ribeyro novelista; facetas en las que «El Flaco» hubo de gozar disímil fortuna.

Cualquier iniciado en la obra cuentística de Ribeyro aceptará como verdad incuestionable que sus personajes son entidades grises y por lo general desapasionadas; también que las historias de todos o muchos de ellos son en definitiva el recuento de incidencias que en su germen traen consigo el anuncio de un fracaso inevitable, y que cualquier señal de chispa es castigada con la concreción de un nuevo fiasco. ¿Pero es válido decir, como señala el crítico argentino Alejandro Losada, que la obra de Ribeyro es una antiliteratura, un antihumanismo?

Por ser Ribeyro el vástago de la rama venida a menos de una familia aristocrática en la que abundaron magistrados y ministros de Estado, Gutiérrez rastrea en las raíces del escritor el punto de origen del pesimismo y la decadencia que impregnan sus cuentos, pero también de su sensibilidad refinada y gusto por las formas clásicas. Irónico trovador que se autodefine como un hombre marginal y desclasado, Ribeyro habría experimentado una apertura humana y democrática que lo acercó a los grupos más desamparados, a las gentes que nacieron derrotadas. Aquí Gutiérrez se permite reflexionar sobre la obra de Ribeyro al trasluz de las tres famosas preguntas kantianas: qué puedo saber, qué puedo hacer y qué puedo esperar. Si no puedo alcanzar un conocimiento de las verdades absolutas debido al papel preponderante que juega el azar en el devenir de los acontecimientos, si pese a todo me engarzo en una lucha sin cuartel que no tiene mayor norte ni sentido, entonces al hombre, debemos concluir, solo le espera la nada. Gutiérrez nos ayuda a reflexionar sobre estas preguntas mediante el repaso de uno de los cuentos más emblemáticos de Ribeyro: Silvio en El Rosedal.

Escritor peruano Miguel Gutiérrez Correa
Escritor peruano Miguel Gutiérrez Correa

Del muchacho frustrado en su ambición de dedicarse a tocar el violín debido a las prepotencias de un padre tiránico y obsesivo que lo entierra en vida tras el mostrador de la ferretería familiar, pasando por el hombre todavía joven que, muerto ya el padre, hereda una cotizada propiedad en Tarma cuando quedaba poco y nada de aquellas inclinaciones musicales, Silvio en El Rosedal nos muestra a un solterón maduro y apático que renace en su vitalidad perdida al advertir un arcano en el hermoso rosedal ubicado a espaldas de la casa hacienda, y que ante la inanidad de sus intentos por desentrañarlo, preso una vez más de la desidia y la grisura de una existencia sin propósito alguno, encuentra en la llegada de su prima a la hacienda, pero sobre todo de su bella sobrina, la clave para resolver el misterio del rosedal; esto le confiere un nuevo impulso a su vida marchita, una vida cuyos últimos acontecimientos —la aparición de su sobrina, las ilusiones románticas y los desmesurados proyectos que teje en torno a ella— han de desembocar en la postrer revelación de que quizás no hay tal cosa como un mensaje oculto, de que no hay sentido ni atisbo alguno de trascendencia. Al hombre solo le espera la nada, es decir la muerte y la desaparición. Apenas nos queda la realidad de un mundo donde campea la injusticia. Es frente a esta injusticia, a esta realidad plagada de imperfecciones, que el desilusionado héroe riberyano se planta firme a pesar de saberse de antemano derrotado en su defensa de un ideal, por lo que «difícilmente se puede sostener que la obra de Ribeyro constituye un antihumanismo y una antiliteratura».

Por fin el ensayista aborda la complicada tarea de elucidar el lugar que ocupa Ribeyro en el canon del cuento latinoamericano. En mérito a la calidad de sus cuentos, ¿se puede incluir a nuestro autor en una lista donde figuran gigantes como Borges, Cortázar, Rulfo, Onetti o García Márquez? Fuera ya que lograran desmarcarse de los regionalismos y criollismos inherentes a la cultura de su país de origen, o que los preservaran pero depurando de sus textos todo aquello que no participara de un rol funcional en las historias que contaban; fuera que desarrollaran, como Borges, formas literarias que antes de ellos no existían, o que renovaran el género mediante la introducción de nuevas técnicas narrativas, cada uno de estos autores se ganó a pulso un lugar en el panteón de los grandes cuentistas latinoamericanos. ¿Por qué vacilamos cuando es Ribeyro el escritor aludido? ¿Será porque su prosa nos suena muy tradicional? ¿Será porque no habría incorporado en sus cuentos los aportes de la narrativa moderna? ¿Y qué lo distingue de otros autores? ¿En qué temática Ribeyro saca varios cuerpos de ventaja?

Ribeyro

Debido a la calidad de sus cuentos y a la fama que estos le granjearon casi desde el momento mismo en que nuestro autor ingresó al circuito editorial, no debería extrañarnos que Gutiérrez tenga un poco menos que decir sobre las novelas de Ribeyro. En este segundo ensayo no vacilará en mostrarnos a un Ribeyro inseguro de sus capacidades para llevar a buen puerto el proyecto de escribir una novela, tarea que en gran medida le sobrepasa —según apreciación del mismo autor, que luego había de escribir Crónica de San Gabriel, Los geniecillos dominicales y Cambio de guardia— porque considera que le resulta imposible apoyarse en una tradición novelística peruana por entonces tan pobre en comparación a la de otras latitudes, como la francesa; solo es natural, por tanto, que las novelas de Ribeyro tengan su primer anclaje en los máximos referentes universales del género, de los que se habría nutrido como se puede advertir en la elegancia clásica de su estilo, pese a las evidencias que apuntan a que también le eran familiares Joyce, Kafka, Proust y los escritores estadounidenses de la Generación Perdida, si bien decidiera distanciarse de la ola vanguardista que las obras de estos autores produjeron.

En relación a Crónica de San Gabriel, Gutiérrez subraya una influencia que hasta entonces no había sido lo suficientemente explorada; esta es la que habría ejercido sobre su autor una de las novelas más famosas y celebradas —sino la más— del gran escritor alemán Thomas Mann, La montaña mágica. Al igual que la obra maestra del escritor alemán, Crónica de San Gabriel pone el foco en el tema de la decadencia, plantea un lenguaje que se mantiene a caballo entre las formas clásicas y las innovaciones formales y abunda en reflexiones de tipo filosófico y cultural. Aunque la primera novela de Ribeyro fuese objeto de la apreciación positiva de críticos y lectores al momento de su publicación, Gutiérrez propone una nueva revisión en la que espulga aquellos primeros entusiasmos. Sin dejar de ser una novela bastante apreciable, ¿a qué se debe que Crónica de San Gabriel sea un fracaso en tanto novela formativa? ¿Cuáles son sus méritos y sus puntos flacos, y por qué sus otras novelas, Los geniecillos dominicales y Cambio de guardia, han corrido con una suerte parecida?

Julio Ramón Ribeyro
Julio Ramón Ribeyro (Foto: Baldomero Pestana)

Aunque Gutiérrez parta de un lugar de admiración por Ribeyro, mal podría decirse que en estos ensayos caiga en el elogio desmesurado, o que por evitar a toda costa cualquier mínima señal de fervor se incline más bien hacia el lado de la crítica fría y excesivamente severa. Ambos ensayos son, en esencia, un ejercicio de equilibrio y elegancia, la exploración de un artista respecto de la obra de otro artista, incluso a pesar de que ciertos sesgos y preferencias —que Gutiérrez procura no desarrollar en extenso— le hacen al ensayista plantear una jerarquía en cuanto a la significación histórica y social de una obra literaria; jerarquía según la cual Ribeyro quedaría rezagado por no haber incorporado en su trabajo una perspectiva proletaria y revolucionaria.

Esto último no hace mayor mella en el análisis; porque Gutiérrez, escritor inteligente y sensible, ha de concluir su examen apuntando hacia el enigma que conforma la obra de Ribeyro cuando buscamos abarcarla de una sola mirada y confrontarla con el empuje creativo de su autor. Veremos un paisaje donde campea el escepticismo y la ironía, la derrota anticipada, la negación de todo propósito; y también veremos a un escritor que se inspiró en todo ello —es decir, que trató de impulsarse plantando ambos pies en el vacío— para lograr «una producción literaria tan profunda y continuada. Creo yo que este es el más asombroso y feliz de los enigmas».

Horacio Hidalgo Ledesma
Horacio Hidalgo Ledesma nació en 1982. Contador público por la Pontificia Universidad Católica del Perú, desde 2021 dejó de los números para contar historias. Su obra se compone de tres novelas y decenas de cuentos. «Parusía» (Centro de Desarrollo Editorial) es su primera novela.

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