Wertherismo (o la toxicidad del amor)

En 1774, la publicación de “Las penas del joven Werther” significó una pequeña revolución social y cultural, imponiendo la moda por el amor prohibido y el tópico de la sensibilidad herida. Incluso el vestir de Werther se hizo popular entre los jóvenes.

;

Seguir leyendo

Sep 5, 2022

Escribe Pedro Casusol

El amor tóxico tal vez haya sido un invento de Johann Wolfgang von Goethe, cuando a los 25 años plasmó sus cuitas sentimentales en la novela “Las penas del joven Werther”, el primer best-seller, el libro que ocasionó lo que se conoce como “efecto Werther”, una ola de suicidios en varias ciudades de Europa. Los amantes se quitaban la vida con aquel libro abierto sobre la mesa o un ejemplar en el bolsillo. De la obra también se deriva una de mis palabras favoritas: “wertherismo”, término utilizado en literatura para describir al héroe romántico subyugado por un amor imposible. Porque Goethe, el genio nacido en Frankfurt, Alemania, supo plasmar el espíritu de una Europa que marchaba, triunfal, hacia el romanticismo y la exaltación de los sentimientos.

La historia de Werther parte de las experiencias personales de Goethe. En 1771, el joven abogado llegaba a Wetzlar para ejercer una carrera que había estudiado solo por presión de sus padres, ya que siempre había mostrado claras inclinaciones artísticas. De hecho, cuando llega a Wetzlar, ya había sido parte del “Strum und Dang”, el movimiento contra el racionalismo que precede al romanticismo alemán. En dicha ciudad, hace amistad con Karl Wilhelm Jerusalem y Johann Christian Kestner, quien además estaba comprometido con la hija de un oficial llamada Charlotte Buff. Sin saberlo, estas cuatro personas serían convertidas en personajes de ficción para protagonizar uno de los triángulos amorosos más celebrados de la literatura y una historia morbosamente sentimental.

En “Las penas del joven Werther”, el protagonista conoce a su amada Lotte en un baile y ella le concede una pieza de minué. Desde que llegó a la ficticia ciudad de Wahlheim, Werther no había hecho más que dedicarse al arte y a la observación de la naturaleza. Ahora conoce a quien sería el gran amor de su vida y a la vez su mayor desgracia. Lotte, diminutivo de Charlotte, le confiesa esa noche que está comprometida con Albert, once años mayor. Eso no parece amilanar a Werther, quien se vuelve un amigo cercano y la visita con frecuencia. Más adelante, cuando conozca a Albert, lo veremos entablar una buena relación con su oponente. Todo esto nosotros lo vemos desde la perspectiva del mismo Werther, porque se trata de una novela epistolar y casi todos los capítulos son cartas que el protagonista le envía a su amigo Wilhelm.

“Las penas del joven Werther”, de Johann Wolfgang von Goethe, fue adaptada a una ópera por Jules Massenet en 1892.
Foto: Getty Images

La amistad íntima que cultiva con esta pareja será para Werther una tortura, dolor que destila su alma. Las escenas, a menudo repletas de ideas y hondas reflexiones filosóficas, lo conducen al círculo vicioso de la amistad y el rechazo. Así como Goethe en la vida real, Werther abandona la ciudad sin despedirse, escapando del amargo destino que significa el inminente matrimonio de sus amigos. Solo volvemos a saber de él una vez que llega a Weimar para trabajar con un embajador al que no soporta. Pasan los meses y se entera por correspondencia, sus amigos han contraído nupcias. Esto lo mortifica y su aburrida vida de funcionario termina por quebrarlo. Después de reflexionar regresa a Wahlheim, donde encontrará su fatal destino. Decide que tres son multitud, uno de ellos tiene que morir. Lo prepara todo con cuidado, escribe una larga carta a Lotte, a quien roba un beso en su última cita, y pide prestadas dos pistolas a Albert, excusando que son para un viaje. Escribe hasta la medianoche y, una vez que suenan las campanas de la iglesia, a las doce en punto, Werther se dispara en la sien.

En la vida real, quien se quitó la vida fue Karl Wilhelm Jerusalem. Goethe se enteró que el motivo había sido un amor no correspondido por la esposa de un amigo. Ese incidente, junto a su breve experiencia con Charlotte Buff, se convirtió en “Las penas del joven Werther”, novela que marcará un cambio en la sensibilidad de una Europa que ansiaba sacudirse de los moldes clásicos. En 1774, la publicación del libro significó una pequeña revolución social y cultural, imponiendo la moda por el amor prohibido y el tópico de la sensibilidad herida. Incluso el vestir de Werther se hizo popular entre los jóvenes: un frac azul hasta la rodilla, chaleco amarillo de cuero, pantalones de montar y botas altas. Desde entonces, Goethe se convirtió en una de las primeras celebridades literarias, e incluso décadas más tarde, cuando se hizo casi un ritual visitar al maestro en Weimar, le seguían preguntando por las desventuras de aquel joven Werther.

4/5 - (15 votos)
<h4>Círculo de Lectores Perú<h4 />

Círculo de Lectores Perú

Círculo de Lectores Perú es una comunidad que crece, poco a poco, alrededor de aquello que tanto nos gusta: los libros y la lectura. Vive con nosotros la aventura de leer.

Quédate un poco más, tenemos contenido que te puede interesar.

John V. Murra: la odisea intelectual

John V. Murra: la odisea intelectual

Gracias a sus estudios de antropología y sociología, John V. Murra reconstruyó la economía inca, esclareciendo el modo de producción y tenencia de la tierra, la manera en que funcionaban las prestaciones laborales, el valor de la ropa. Caracterizó a la economía incaica como una economía “redistributiva”, que distribuía la producción de algunos segmentos de la sociedad en beneficio de otros.

«Lo que no sucede y sucede», el discurso de Javier Marías en el Rómulo Gallegos de 1995

«Lo que no sucede y sucede», el discurso de Javier Marías en el Rómulo Gallegos de 1995

A partir de una página determinada, como si con ella se levantara el telón de un tesoro, fingimos olvidar toda esa información y nos disponemos a atender a otra voz -sea en primera o tercera persona- que sin embargo sabemos que es la de ese escritor impostada o disfrazada. ¿Qué nos da esa capacidad de fingimiento? ¿Por qué seguimos leyendo novelas y apreciándolas y tomándolas en serio y hasta premiándolas, en un mundo cada vez menos ingenuo? Un texto que el desaparecido Javier Marías leyó al recibir el premio Romúlo Gallegos en 1995.

«Los hijos del orden», de Luis Urteaga Cabrera (Fragmento)

«Los hijos del orden», de Luis Urteaga Cabrera (Fragmento)

El crítico literario Abelardo Oquendo escribió de este libro: «Nadie ha escrito en el Perú una novela tan violenta como ésta. Aquí, con una dureza cuya implacabilidad no desvirtúa la hermosa y lúcida ternura que subyace en sus páginas, Luis Urteaga Cabrera historia la rebelión en una cárcel de menores que convergen a ese lugar de horror. A través de las confluyentes biografías de los hijos de un orden atroz, se revelan, tanto algunos rostros del país que por primera vez acceden a la literatura, cuanto la calidad extraordinaria de un autor que, de lo inédito, da un salto definitivo a la primera línea de la narrativa peruana de hoy». Los dejamos con un fragmento de esta estupenda novela.

Suscríbete a nuestro boletín

Suscríbete a nuestro boletín

Únase a nuestra lista de correo para recibir las últimas noticias y actualizaciones de nuestro equipo.

Excelente, pronto tendrás noticias nuestras.

Pin It on Pinterest

Shares