Círculo de Lectores
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“¿Y la literatura? Aquí solo se habla de dinero”

Hablar de dinero cuando se habla de literatura parece vulgar, opuesto a la creación, como si cobrar por escribir contaminara la obra. Es una trampa.

Publicado

15 Feb, 2026

Escribe Guillermo Schavelzon

Este ha sido el comentario de un lector de mi blog, publicado hace un par de semanas: «¿Y la literatura? Aquí solo se habla de dinero” (en realidad escribió «plata», no dinero). Pocas palabras, pero certeras. Me llevó a reflexionar: ¿es un reproche, o una constatación?

Este lector tiene razón: en este espacio no hablo de literatura, no comento ni analizo novelas, no reseño libros, no doy consejos para superar el bloqueo, no hablo de tendencias. Hablo del ecosistema que rodea y contiene al libro y la edición, y muy seguido de la situación profesional del escritor (contratos, derechos que se ceden y no se utilizan, adaptaciones audiovisuales, máximo aprovechamiento de los derechos derivados, la forma de obtener más ingresos de un mismo libro, y de cómo hacer para que los autores y las editoriales también puedan ganar más. Este tipo de temas.

Existen excelentes blogs de literatura y crítica literaria, pero hay un enorme vacío cuando se quiere leer sobre los problemas de quienes quieren viven de escribir. Ese es el territorio del que más me ocupo, el que conozco bien.

Escribir es un trabajo

Que escribir es un trabajo parece obvio, pero no todos lo ven así. Arrastramos durante siglos una idea nociva: la del escritor como aficionado inspirado, sostenido por mecenas o rentas familiares. Así fue durante siglos, pero solo para unos pocos, sin embargo, el mito persiste.

La consecuencia es un tabú: hablar de dinero parece vulgar, opuesto a la creación, como si cobrar por escribir contaminara la obra. Es una trampa. Victor Hugo —escritor indiscutible— fue quien comenzó a plantear la necesidad de profesionalizar la escritura: defender el derecho del autor a vivir de su trabajo no es traicionar la literatura, es defenderla.

Escribir exige el mismo compromiso, rigor y dedicación que cualquier otra profesión. Pero escribir bien exige algunas cosas más: una escritora o escritor necesita mucho tiempo para leer, para investigar, para alimentarse de otras expresiones artísticas como el cine, la plástica y también de la vida cotidiana. No es solo un espectador más, es alguien que tiene que absorber de su entorno, comprender una época, y procesarlo todo de una manera especial. Es un trabajo que requiere mucho tiempo, muchos años, y será determinante para la calidad de su obra. Esto también es “tiempo de trabajo”, aunque nadie le pague por hacerlo. Por eso es tan importante hablar de dinero, porque es lo que se necesita para poder dedicarse a todo lo anterior.

La industria editorial, que tiene una responsabilidad especial con los autores, son quienes aportan su materia prima, pero funciona con modelos obsoletos que no le permiten jugar a fondo este importante rol. Las editoriales necesitan cambiar, modernizarse, porque no solo están perjudicando al autor, también a las mismas editoriales e incluso a los lectores.

Víctor Hugo
Víctor Hugo y uno de los clásicos universales de siempre

Un sistema que no funciona para nadie

¿Cómo perjudica este modelo al escritor? Simple: debe invertir años de trabajo sin remuneración. Esto lo condena a depender siempre de otro: otro trabajo u otro que lo mantenga. Solo quienes pueden permitirse no cobrar o tienen la fuerza necesaria para escribir después de otro trabajo del que vive, puede dedicarse a la escritura.

Es difícil hacer cambios, porque las editoriales tampoco ganan lo suficiente como para ejercer todas las responsabilidades que debería asumir. El problema es que mantienen un modelo económico que cada vez deteriora más su rentabilidad, y necesitan recuperarla con urgencia, porque si los números no son buenos, los accionistas trasladan su capital hacia sectores más lucrativos, algo que ya está sucediendo en los grandes grupos.

Curiosamente, cuando la edición tenía un objetivo educativo o cultural además del económico, ganaba dinero. Desde que se industrializó y su objetivo principal es ganar, gana menos. Una paradoja que da mucho para pensar.

Es muy extraño que, cuando aparecen tecnologías disruptivas y potentes como la inteligencia artificial, las editoriales la usan para automatizar procesos y recortar gastos, no para reinventar su modelo de negocio.

Y el lector ¿qué culpa tiene?

Ninguna, pero paga las consecuencias y los errores que no comete. El sistema de superproducción de novedades genera montañas de devoluciones de libros no vendidos, porque la velocidad y cantidad de novedades no le da posibilidades a aquellos libros que requieren de un poco de tiempo para despegar. El tiempo y la velocidad de lectura no ha cambiado con la digitalización. Se penaliza al lector en el precio: por cada libro que compra también tiene que pagar por otro ejemplar que no se venderá. Es la ineficiencia de un modelo que no da para más.

El escritor de hoy tiene nuevos roles, pero la misma paga

El trabajo del escritor ha mutado. Ya no basta con escribir bien, ahora debe ser su propio community manager, negociador de contratos, estratega de marketing digital y relaciones públicas. Debe promocionar activamente su libro en redes sociales, conseguir reseñas, organizar presentaciones, cultivar una «marca personal». Todo esto para vender, cuando vender se supone que es el trabajo de la editorial. Todas estas tareas se han trasladado al autor, sin que cambien las condiciones de su retribución.

Por eso los escritores necesitan conocer la economía de la edición. No para convertirse en empresarios, sino para sobrevivir en un ecosistema que ha cambiado las reglas sin aviso previo, y volverá a cambiar. Este blog aborda esas cuestiones «para-literarias». Nunca hablo de cómo escribir mejor una novela, sino de cómo navegar en este mundo una vez que la novela ya está escrita.

¿Es esto algo ajeno a la literatura? Para nada. Ricardo Piglia, Enrique Vila-Matas, Bertolt Brecht, Hemingway, Pierre Bourdieu y muchos otros han reflexionado sobre estos temas, que consideran parte del oficio.

Dos extremos igualmente peligrosos

En el mundo hispanohablante, hablar de dinero sigue siendo incómodo. Aunque la actitud está cambiando, lo hace lentamente. En contraste, los escritores estadounidenses no pierden oportunidad de hablar de cifras: cuánto cobraron de adelanto, cuánto por los derechos audiovisuales. Ambos extremos son problemáticos. El silencio puede hacer creer a los lectores que el dinero no importa, que se escribe por amor al arte. El otro extremo, poner el dinero como legitimador del éxito, puede hacer creer que solo se escribe para ganarlo.

literatura
Otros clásicos de la literatura.

El borde entre creación y negocio

En este blog llevo años ocupándome de estos temas. Ninguno de mis suscriptores ha llegado aquí esperando encontrar un taller literario. El encabezado es claro: «Un espacio para escritores sobre el libro y la edición».

Que no me dedique a la literatura no significa que no la respete. Al contrario: justamente porque la respeto y disfruto, quiero que quienes la hacen puedan vivir de ella. No confundo literatura y mercado. Pero sé que ambos tienes que estar bien articulados, lo queramos o no.

Mi aporte está en esa frontera, en esa tensa zona entre la creación y el negocio. Los escritores necesitan herramientas para transitar ese espacio, sin perder el equilibrio. Necesitan entender los contratos que firman, los derechos que ceden, las plataformas que usan. Necesitan información para tomar decisiones, para poder vivir del trabajo de escribir. Justo cuando terminaba este texto, apareció otro comentario en el blog: «Gracias, Guillermo Schavelzon, por ocuparte siempre de estos temas tan relevantes para los escritores».

Este blog tiene un propósito específico: habla de lo que hace falta para que la literatura exista en condiciones dignas para sus creadores.

Guillermo Schavelzon
Guillermo Schavelzon tiene más de 50 años de experiencia en el sector editorial como director de grandes grupos y editor independiente en Buenos Aires, México, Madrid y Barcelona. Ejerció durante 25 años como agente literario y audiovisual. Actualmente, se dedica a la consultoría editorial para escritores profesionales. Dirige además schavelzon.com de donde compartimos sus textos.

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