Círculo de Lectores
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Todo lo que no llegaremos a leer

¿Cuántos libros podemos llegar a leer en una vida, digamos, larga? Depende, porque no bastan las ganas, nos juega siempre en contra, el tiempo.

Publicado

12 Abr, 2025

Escribe Diego Nieves

En uno de los episodios de la serie documental Cosmos: A Personal Voyage, el astrónomo y astrofísico Carl Sagan hace un conteo rápido dentro de una biblioteca de la cantidad de libros que se podrían leer a lo largo de toda una vida adulta. El supuesto es simple: un libro a la semana; la respuesta a su conteo también lo es: “unos cuantos miles”. Luego de caminar unos pocos metros a través de repisas llenas de libros antiguos, se detiene y concluye que todos los libros por los que ha pasado representan su respuesta. No son ni el 10% de los que alberga la biblioteca en la que se encuentra. Automáticamente surge la pregunta: ¿cuánto dejaremos de leer luego de nuestro paso por este mundo?

Es cierto que la cantidad de libros que uno puede leer depende de una serie de factores. Uno puede demorarse unas cuantas horas leyendo emocionantes novelas policiales de Agatha Christie, como también puede tardar semanas —o meses— en terminar En busca del tiempo perdido o Guerra y paz. Sin embargo, hay algo que no deja de ser verdad: no nos alcanzaría ni siete vidas para terminar de leer todo aquello que nos interesa. Son tantos los factores que explican esta imposibilidad que de seguro ignoro muchos otros. Pero, por encima de todo, y al margen de nuestra voluntad por querer leer, creo que nuestro tiempo es el principal causante de no poder priorizar la lectura.

A Marco Aurelio Denegri, en una amena y conocida entrevista de hace varios años realizada por Raúl Tola, se le preguntó cuántas horas se debe leer al día. Luego de unos segundos pensando, el sabio sexólogo respondió que el mínimo debería ser de cuatro horas. Cuatro horas. La pregunta ahora es: ¿de dónde sacamos, en estos tiempos, cuatro horas para leer en el día? Pongamos algunos supuestos bastante optimistas sobre la mesa primero. Asumiendo que uno ya tiene desarrollado el hábito de la lectura, así como los medios para adquirir todo aquello que le gusta leer —hoy en día, los libros no son especialmente baratos—, y que no sufre de todos los males que aquejan al peruano promedio, a saber, extorsiones, pobreza, delincuencia, etc.; en resumen, asumiendo que la persona que se propone leer cuatro horas diarias es una persona privilegiada, el reto sigue siendo grande.

Pero sigamos siendo optimistas y hagamos algunos cálculos sencillos: restémosles a las veinticuatro horas de nuestro día ocho de descanso, ocho de jornada laboral y un par de horas atorados en el tráfico —por supuesto que de seguro nos quedamos atascados en la Javier Prado mucho más tiempo, pero seamos optimistas—. El resultado de esa simple substracción, 24 – 18, es seis horas. Es decir, asumiendo todas estas cuestiones, nos quedan seis horas libres en el día. Pero ¿y la vida familiar, los hijos, la vida social, el deporte, los compromisos, etc.? Pensemos ahora en la gente que ni siquiera puede plantearse estas preguntas porque trabaja mucho más tiempo o tiene una realidad mucho más complicada. Es inviable.

Sin duda, hoy en día es completamente imposible leer cuatro horas diarias en el Perú a menos que uno ejerza de catedrático, trabaje en un medio relacionado, simplemente no trabaje o sea un Marco Aurelio Denegri, es decir, uno en un millón. Hay días en los que considero una gran victoria el siquiera tener tiempo para leer. Los espacios muertos son de mi entero aprecio pues me permiten disfrutar de unos minutos de lectura en la atareada semana laboral. Y no soy una persona importante, así que no puedo imaginar lo que le costará a gente con apretadas agendas el poder leer siquiera quince minutos o media hora al día. La vida avanza, todo es sumamente rápido y los momentos que acaso deberían ser memorables parecen ser escenas fugaces y mecánicas de nuestra vida. Así es el 2025, y así creo que serán los años venideros. No quiero ponerle un valor moral a ese hecho, solo creo que nuestro tiempo es cada vez más incompatible con la lectura.

libros
Libros y más libros pendientes por leer, libros que compramos fascinados pero que el tiempo no nos permite abrir.

Hace poco, un muy buen amigo me comentó que leyó un artículo de The New York Times titulado: Short books are perfect for our distracted age —“Los libros cortos son perfectos para nuestra era distraída”—. Es completamente cierto. Este artículo, escrito por Margaret Renkl, me pareció sumamente exacto al menos a lo que yo puedo percibir en mi ciudad. Y, además, me hizo repensar el cálculo que ya había hecho sobre las cuatro horas de lectura diarias. En los supuestos que utilicé para hablar de esas cuatro horas de lectura, no hablé del tiempo que le dedicamos a las redes sociales, al teléfono, etc. Es cierto que buena parte de ese tiempo lo utilizamos dentro de otros espacios, como el transporte o en la misma oficina o centro laboral, pero también lo usamos por fuera.

Quizá con el poco tiempo que nos queda libre del día, a muchos les parezca imposible plantearse la idea de leer una novela larga como 2666 o Moby Dick. Quizá les parezca lo que a la autora del artículo le llega a parecer: a shaggy beast —una bestia peluda—. Y no la culpo. Quizá prefiramos el teléfono o una serie en Netflix a la lectura de un clásico, pero quizá no a la lectura de una novela suave y corta. Quién sabe. En cualquier caso, pienso que leer siempre tiene que ser una convicción. He aprendido mucho leyendo por obligación, pero he aprendido el verdadero placer de la lectura a través del hábito por puro ocio de devorar una novela. Así sea Desayuno en Tiffany’s o La montaña mágica, así sea una novela de cien páginas o una de mil, lo importante es leer por puro convicción, por la certeza de querer conocer otro mundo de ideas ajeno al nuestro. Eso es lo que importa, después de todo, en estos tiempos o en los que estén por venir. A menos que aspiremos a los niveles de uno de nuestros intelectuales bandera: Marco Aurelio Denegri. ¡Esa es otra historia!

Diego Nieves
Diego Nieves. Licenciado en Administración. Ha llevado cursos y seminarios de Literatura en la PUCP, y el taller de Escritura Creativa de Alonso Cueto. En 2024 publicó el libro de cuentos El mundo está hecho así (Summa). Ha publicado, también, ficción en una antología de cuento peruano bajo el sello Palabra Herida en 2023.

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