Antología mínima de Luis Eduardo García

El poeta y periodista peruano Luis Eduardo García comparte con nuestros lectores una selección de poemas de su libro "Psicografías", un recorrido por las obsesiones cotidianas del escritor.

Publicado

4 Ene, 2024

Heterónimo

(en tanto leo a Pessoa ortónimo)

Vivir la vida como un drama en gente, albergar en el pecho hipotético más humanidades que Cristo, no querer ser nada aparte de tener todos los sueños del mundo, ser internado en un manicomio sin manicomio, aborrecer el límite porque para ser limitado basta existir, poseer un carácter femenino y una inteligencia masculina, tener la certeza de dos fechas: la de mi nacimiento y la de la muerte y, que entre una y otra, todos los días sean propios; llevar la vida como un desasosiego, ser un animal, mamífero, placentario, megalómano, con rasgos dipsómanos, poeta, con vocación de escritor satírico, ciudadano universal, filósofo idealista y un degenerado superior. Aparte, ser plural y fragmentario. Un dipsómano. Un hombre encerrado en un clóset. Un inválido para el amor carnal. Un grafómano. Una invención de sí mismo. Todos los poetas infelices se parecen unos a otros, pero cada poeta infeliz lo es a su manera.

Escena de bañista

(en medio de un sueño)

Desde la piedra inmensa, me arrojé al río para bañarme dos veces en las mismas aguas. La quietud no era la quietud. El aire no era el aire. Las piedras no eran piedras. Algo le faltaba y le sobraba a la vida. El agua era tersa, sin arrugas, pero tenía una riqueza mayor que este significado. Era clara, pero esta palabra era también innecesaria frente a la belleza que cubría el paisaje. El horizonte, con su relatividad interminable, volvía inútil cualquier esfuerzo verbal. Los árboles se agitaban y el aire envolvía los cuerpos que se encogían como fetos asustados. El lenguaje estaba más allá de su propia naturaleza y no cabía encontrarle un sentido al mundo. El sol se escondía lentamente por el oeste y la luz brillaba sin mi cuerpo ligero. Era un baño subrepticio, un desafío a los remolinos, a las profundidades, a los muertos que sumaban todos los veranos. Me quedé de pronto atento al sonido que no era sonido, sino más bien un raro silencio, un olor neutro, una corriente de aire que se introducía por todos los poros de mi piel. No lo supe nunca, pero esa, la que entraba en mi íntima piel de bañista, era la perfección esquiva, la estética universal, el Big Bang de mi existencia.

Agujeros negros

(el tiempo no existe, sino lo que hacemos)

Miles de millones de masas solares se concentran en un solo punto. En ese solo punto la masa se comprime y los atajos del tiempo nos llevan y nos traen a otros universos, incluido el que llevamos en el centro del pecho. Me asomo al horizonte de sucesos, una fuerza invisible me estira, me deforma y me lanza de regreso al punto de partida. El mundo, sin embargo, ya no es el mismo. La poesía de otros mundos ha venido conmigo. Ahora, ni siquiera la luz puede escapar de mí.

Partículas elementales

(en busca de más preguntas)

Si fuera posible encontrar el modo de dividirme en la partícula más pequeña, sin duda encontraría a la belleza. ¿Qué más se puede esconder detrás del misterio mágico de los cuantos? Unas diez mil millonésimas parten de un metro es el tamaño del ojo de una cerradura a través de la cual se mira la casa de Dios. La ciencia y la poesía comparten esta escala estética por una razón: mientras más insignificante parece la vida, más se incrementa el misterio de su monstruosa perfección. En cuanto a la poesía, ¿cuáles son sus partículas elementales? ¿Hasta qué profundidades microscópicas se pueden desarmar sus componentes? El camino no va por desestructurar el lenguaje, porque la poesía es la belleza, no el significado. Y a ella se llega por los mismos caminos que conducen al origen del universo.

Homo sapiens

 (en descuerdo con la ciencia)

Homo Neardenthalensis, Homo Erectus, Homo Heildelbergensis, Homo Ergaster, Homo Habilis, Homo Rudolfensis y otras sombras más. Desde que ustedes se extinguieron, cien mil millones de Homo Sapiens con cien mil millones de neuronas en su cerebro, iluminados por cien mil millones de estrellas colgando en el techo de la Vía Láctea han transitado por el planeta Tierra. Esas cifras no significan nada porque nada somos y en nada nos convertiremos.

Astronauta

(en medio de la Vía Láctea)

Veo a la esfera que se aleja azul, diáfana, inevitable. Yo estoy acá, en el vacío sideral, pero mi voz permanece allá, en el abismo de la finitud, de modo que hablo con mis ojos y veo con mi boca. Antaño, un frágil cordón umbilical me ató a la vida de mi madre, ahora una cadena de sucesos me ata a un vientre inesperado: un amasijo de ordenadores, tubos y sistemas eléctricos. Tierra, planeta mío, no me abandones en la gran noche estelar.

318 Hipótesis

(en busca del grado cero)

Hagamos el camino de regreso, como si nada hubiera sucedido. Retrocedamos las imágenes a una velocidad cuantificable, aunque rápida. En este caso, deberíamos caminar de espaldas a nuestro nacimiento, bípedos, erguidos y llenos de torpeza. Mientras más nos aproximamos a la guarida de donde salimos, más perdemos los artificios de la civilización. Si empezamos por la vida gregaria, las ciudades quedarían en silencio y los desiertos se llenarían de flores silvestres. Si continuamos con la filosofía y la poesía, el sonido del viento y el ruido de las hojas ocuparían su lugar. Si en nuestro camino llegamos a las cuevas de Altamira o Sulawesi o Lauricocha nos invadirían el miedo a estar solos, al silencio y a la oscuridad. Y si entramos, tendríamos que mirarnos en el espejo de la oscuridad.

Entropía

 (en medio del caos)

Cada vez que amamos, nuestros cuerpos envejecen más rápido que las ideas. Cada vez que buscamos anclar nuestras vidas, la existencia se torna un exilio interior. Cada vez que cosechamos los frutos de la tierra, los árboles y los mares no vuelven a ser benévolos. Cada vez que medimos el tiempo de nuestras vidas, la mente viaja a la velocidad de la luz. ¿Puede un saco de huesos y carne que miente, un asesino desorganizado que sobrevive, un depredador que ama a su prójimo y un Homo Sapiens relativizado creer en la simetría del azar?

Internet de las cosas

(el like de la vida)

 Finalmente, la simultaneidad de la realidad y la ficción estarán a punto de tiro, cerca de todas partes y de todo tiempo. Los datos serán más importantes que los sentimientos y el amor será evocado como una cursilería antigua y vergonzosa. El sentido, no los significados, serán sacados del camino, apartados de la mente con sendos manotazos, desconectados de su sinapsis milenaria, de su irracionalidad pasajera y brillante, de su hondura conmovedora. Poesía, tu deber es sobrevivir en la cotidianidad horrenda de las cosas, en la superficialidad atroz de lo vulgar. Amado poeta, no te detengas, dale like a la insignificante fotografía de las profundidades.

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