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Cuatro poemas de Gary Daher

El destacado poeta, narrador, traductor y ensayista boliviano Gary Daher comparte cuatro poemas de su celebrada trilogía poética.

Publicado

27 Mar, 2026

Cartas quemadas

Las has guardado tanto tiempo
que solo huelen a escándalo
una tras una nos hablan de otros días
de deseos inimaginables y lejanos
y de uvas
y de vinos escanciados hasta las heces
aquello que no se completó
de tan prohibido.

Quemadas en el patio
ya no significan nada
solamente el carbón de los años
y tu fruta alguna vez
supuesto nido de ternura
apenas una brizna de bandera de papel negro con el viento.

Las fotografías también
encargadas a la feracidad de la tierra
se multiplicarán en la memoria
como tu nombre lo hizo alguna vez
en cada aliento.

Nada eres nada soy
esto que fue nunca sucedió
y la memoria siempre traicionera
será hoy por hoy
nuestra única playa incierta.

Cartas del Líbano

Un hombre llegó del Líbano
en Beirut vestía uniforme.

Olvidado.

Junto a la selva amazónica
repara y vende relojes.

Piensa que en los engranajes
de oro y de rubí
descansa el misterio del tiempo.

No sabe que el diecinueve
pasará como una ventisca
tal lo harán los otros siglos.

Y en el fin
cuando arribe la noche sin manecillas
ningún tictac será necesario
apenas la montaña
y el mágico cedro
última luz de la memoria
perdida
la sangre nada consigna
de sus oraciones maronitas
ni de su pesadumbre
por una antigua callejuela de Kobayat
donde desparramara la infancia.

Raramente
en el silencio llega
una añoranza del árabe
y su grafía secreta.

Señera lengua
a merced de la cual
acaso bajo frondosos mangos
y al son de extrañas orquestas tropicales
habrá recibido
largas cartas del Líbano.

Soldado de Marrakech

Golpeado
mis ropas trasminan olores
y el aliento guarda el tufo de la dura batalla.

Cerca
el fragor aun sostiene
los últimos rayos del prolongado día.

Ahora
a tientas y lastimado
busco el inútil reposo
de la sombra de las piedras
mientras en el costado laten
la herida y las hierbas
como si curar se pudiese
lo que adentro aun persiste
como fuego y como daño.

Un poco de agua es suficiente
pues al igual que en las fiebres
los enemigos tienen mi cara
y la cantidad de repente crece.

Nada digo
en silencio me preparo
cuando tranquilo el corazón
esgrima
nuevamente
la violenta espada
pensando en mi dama
(la de los velos sagrados)
muerto sea yo
degollando las impuras cabezas
de ojos sorprendidos.

Sostenida es la guerra santa
en las Navas de Tolosa.

El hilo cortado

Ya se oscurece la tarde bajo mariposas de oro
como avalancha de hojas arrancadas al verano.

Así recibo fuerte fin a tu lado en el valle alto.

Oigo a mi muerte crujiendo llegar en gran caballo.

Nací, Octavio Alas de Cañedo, señor de Lobo Rancho
y hasta donde van nuestras miradas mías son las chacras
también las mujeres de grandes y prodigiosos pechos
y los peones que cargan el trigo sobre sus espaldas de indio.

De mí los caseríos, las sendas, los violentos ríos
entre las quebradas, la miel y los enjambres de abejas.

¿Ves cómo son los muchos vientos que arrastran a los hombres?

Nada queda y me queda todo: el mundo se va cerrando.

Abre las ventanas, que entre el alud negro de agua y tiempo
y se lleve mi garganta que cantó por un momento
la navaja de la ausencia, el juego de la palabra
tu piel tan nueva, el reír, y las voces de los muertos

En los nombres que me precedieron, títulos muy nobles
lee Franz, Jaime, Edmundo, José Eduardo, Oscar y Ricardo
don Arturo Borda, ávido por los ácidos de La Paz
cada uno cubierto en la capilla de Santa Vera Cruz.

Cuida que éste, mi cuerpo, ocupe lugar entre esa gente
para que las cenizas guarden de mí la inútil seña
de gran fama y tesoros y fuego y memoria y olvidos.

Pues nadie conoce cómo será el golpe de la muerte.

Y uno camina perdido entre los días, chato o grande
escribiendo un papel que luego representa fiero
por ser el mismo que le dijeron, o sea, Octavio
y si no ¿quién puedo ser, mejor que este Alas de Cañedo?

Morir creyendo que al cortarse el hilo todo es eterno
las agujas y el sonido de la luz contra mis ojos,

el martes que te amé en la casa de la calle Argentina,
el abrazo de mi padre, las buenas noches de enero
Y sin tocar la luna, vida dada cual humo ciego.

___________
Gary Daher (Bolivia, 1956). Poeta, narrador, traductor y ensayista. Magíster en Estudios Avanzados de Literatura Española e Hispanoamericana en la Universidad de Barcelona. En narrativa, tiene tres novelas. En traducciones, ensayos y estudios, tres libros, donde destaca Ezra Pound: una luz entre Homero y Dante, publicado en 2024, que contiene la traducción y lecturas de los primeros siete cantares de este poeta. En poesía, 12 poemarios donde resaltan Viaje de Narciso, 2009, Antología Personal y otros poemas, La Senda de Samai, 2013); y Jardines de Tláloc, 2017. Estos tres últimos libros conforman una trilogía en la medida de una propuesta que marca un rumbo intenso hacia la indagación humanista, la preponderancia del desafío de la consciencia, y una metafísica que parte del trabajo de los cuerpos, publicada como Piedra Sagrada (2018), por la Editorial Vitrubio, Madrid.

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