A pocos días de presentarse el libro Tiempo para escribir, el cual reúne los mejores trabajos de los estudiantes del Programa de Escritura Creativa de la escuela Capítulo Uno, conversamos con Dallana Pahuara, geógrafa y escritora, quien participa de esta colección con dos relatos. En la siguiente entrevista, comentó acerca de sus procesos creativos, sus referentes y la escritura.
¿Qué representa la escritura para ti?
Significa intentar ordenar mi propio caos. Todas esas ideas sensaciones, miedos, dudas, contradicciones. Al menos, por ahora, eso significa.
¿Cómo inicia tu proceso de escritura?
Imagino que soy un sensor que va capturando información del exterior, de las lecturas, la música, las películas, la coyuntura o cualquier situación cotidiana. Algunas cosas pasan desapercibidas, otras se me olvidan y, finalmente, algunas persisten. Escribo sobre esas cuestiones que sobreviven, pero es solo el inicio. Luego pienso en la estructura, en la forma de darle sentido a esos pedazos de información. Cuando ya tengo una primera versión, me concentro en releer, en escuchar cómo suenan las palabras. Me toma tiempo terminar un cuento, porque muchas veces inicia siendo una cosa y luego se convierte en otra.

¿Cuáles son tus motivaciones al escribir?
Ahora mismo, mi motivación principal es ver una evolución entre lo que escribo hoy y en lo que escribiré, digamos, dentro de seis meses. Es una meta a corto plazo, pero sé que ahí no termina: es un trabajo interminable. Me emociona pensar en la cantidad de cosas que todavía tengo por escribir, leerlas después y ver cuánto cambié como escritora y como persona.
Todo autor tiene referentes literarios, ¿cuáles son los tuyos?
Más que referentes diría que hay obras que me han mostrado cosas que, de otra forma, habría tardado más en descubrir; algo así como un baldazo de agua fría. «La casa de Asterión», «El inmortal», «El gato negro», «Al pie del acantilado», Frankenstein, La metamorfosis —en mi segunda lectura—, La pasión según G. H., El acontecimiento y Demasiada felicidad. Disfruté mucho también La vegetariana, de Han Kang; buscaba cualquier excusa para traerla a las conversaciones con amigos, pero no siempre lo lograba. Seguramente hay muchas otras lecturas que estoy olvidando ahora mismo. Actualmente estoy leyendo a muchas autoras latinoamericanas, ecuatorianas, mexicanas y argentinas; me interesa especialmente el terror de lo cotidiano y lo sensorial. En cuanto a poesía, Casa de cuervos siempre me conmueve. Hace poco descubrí los poemas de María Emilia Cornejo y estoy leyendo con más atención a Vallejo.
¿Cómo nacieron tus dos relatos que serán publicados en Tiempo para escribir?
Ambos cuentos fueron ejercicios del taller de Técnicas Narrativas del Programa de Escritura Creativa de Capítulo Uno. Tenía muchas ideas en mente, pero también un plazo de entrega, así que partí de frases que oí. Las primeras oraciones de «Ellos se ríen de mí» y «La rendición del cuerpo» son palabras que dijeron personas cercanas a mí en una conversación. Las anoté, las pensé, y tomé un momento para sentarme a escribir a partir de esas ideas iniciales. En ambos cuentos el vínculo amoroso está presente, aunque de formas distintas. Sin embargo, no creo que sean historias de amor, al menos no para mí.
¿Qué significa para ti participar en una antología en la que das a conocer tus primeros relatos? Esta sería la primera vez que publico algo que no sea una tesis. Para mí, publicar significa quitarme la armadura y exponerme por completo, me lean o no. Estos cuentos pueden ser ficción, pero revelan cómo veo —o cómo veía— las cosas. A estas alturas de mi vida, el miedo al juicio aún persiste, pero no es algo que me paralice. La emoción es más grande que el miedo.
