Círculo de Lectores
Círculo de Lectores

La costa de Lima: magma que Dios esculpió

Las fuerzas de la naturaleza esculpieron con sus furias las costas de Lima, la única ciudad de sudamérica con un mar al lado.

Publicado

20 May, 2025

Escribe Josefina Barrón

Lima es, para mí, el rumor del agua regresando sobre sí misma, colándose entre los cantos rodados de las orillas. Todas esas piedras guardan la historia antes de la historia en sus vetas, manchas y perfectas deformaciones. Pocos granos de arena encuentro en sus playas; casi ninguno en las de La Pampilla, Makaha y otras de nuestra costa que alegremente llamamos verde.

Camino, a duras penas, abriéndome paso entre la espuma briosa que el Pacífico ofrenda al de aquí, preguntándome por qué las inmensas paredes de los acantilados de Lima aglomeran piedras que quedaron sostenidas en ese limbo que nombramos con la palabra del tiempo. Esos cantos atrapados entre espesas capas de lodo atestiguan y sentencian a viva voz una serie de portentos que datan de glaciaciones y deshielos de millones de años, cuando el hombre no era sino un ejército de eucariotas, madre de todo lo que vive. Ese magma que emergió a la superficie y se esparció por el territorio costeño, llenó el cáliz de los vacíos hasta formar planicies donde se asientan hoy la ciudad y sus gentes.

Un cataclismo hizo crujir esta tierra hace quince mil años. En ese tiempo, el océano no se encontraba sino recién después de la isla San Lorenzo. Así de lejos de la costa estaba de nosotros el mar de Lima. La costa era mundo de pantanos, reino de perezosos gigantes, de cocodrilos que se asomaban entre espesos bosques de algas y helechos; el clima era caliente, lluvioso. Esta costa estaba cubierta por una cordillera fronteriza al mar que, con el dramático evento, se quebró.

islas pachacamac
Las míticas islas de Pachacamac, al sur de Lima, vistas desde la parte alta del Templo Mayor

Entre Paracas y Punta Illescas se resquebrajó esta cordillera, la Cordillera de la Costa como fue bautizada. Y se hundió, dejando sus huellas en nuestro cotidiano. Testigos de este magno evento son las islas Chincha, las islas de Asia, las Palomino, el Frontón y San Lorenzo. Al hundirse, aparece una corriente de agua fría que empieza a arrastrar de sur a norte todo el lodo y canto rodado que quedó del cataclismo; remolinos y corrientes carcomen la costa. Así se crean dos fenómenos geográficos que son hitos en la bahía de Lima: los acantilados y esa punta emblemática que desde cualquier lugar del litoral limeño se divisa. Lengua constantemente alimentada por la corriente de Humboldt.

Geológicamente, el puerto del Callao no existiría sin esa cordillera hundida y sin esta punta. La cordillera hundida, con sus islas que se asoman, protege al puerto de los vientos del sur. La Punta, a su vez, provoca un remolino al chocar con ella la corriente de Humboldt y desviarse para toparse con la isla San Lorenzo. Así, ese remolino ha ido escarbando las profundidades marinas por milenios, generando un puerto naturalmente, haciendo de él el más importante del Perú por siglos, hasta la presencia del de Chancay.

isla san lorenzo
Vista aérea de las islas San Lorenzo, frente al Callao

Son miles, millones los años los que fundaron esa punta con la que sueño. Este lugar donde mi padre abrió los ojos, y desde donde navegué con él muchas tardes de otoño. Yacen todos esos años en un canto rodado que aguarda la ola que, una vez más, acariciará esa piedra para seguir esculpiéndola. Quisiera tenerla entre mis manos pero la dejo allí, para sentir cómo el mar me arrullará alguna vez cuando duerma cerquita. Me la debo.

Josefina Barrón
Poeta, escritora, periodista e investigadora. Josefina Barrón es, además de licenciada en Lingüística y Literatura por la PCUP, especialista en biografías y piezas de comunicación. Ha colaborado con reportajes, ensayos y entrevistas sobre historia, cultura, personajes para distintos diarios y revistas del Perú y Latinoamérica.

Sigue leyendo…

Loading...