Círculo de Lectores
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Lima y sus mercados en épocas virreinales  

La historia de los mercados es tan necesaria como fascinante. En este artículo descubrimos los primeros mercados de la Lima virreynal.

Publicado

28 Abr, 2026

Escribe Antonio Coello Rodríguez

Durante la época colonial Lima no presentaba un lugar central en donde se pudiera comprar y vender productos para la alimentación diaria de la ciudad. No contaba con mercados tal como los conocemos hoy en día. Se contaba más bien con pequeñas plazas públicas conocidas con el nombre de “Catos, Ramadas, o Plaza de abasto”, ubicadas siempre en los atrios de las iglesias o de plazas públicas. Estas incluían a la misma Plaza de Armas, así como a plazas secundarias tales como la Plaza de la Caridad, la Plaza Bolívar o del Congreso, la Plazuela de Santo Tomas ([1]); la Plazuela de las Nazarenas, la antigua Plazuela de la Recoleta (hoy Plaza Francia), y la Plaza Guadalupe, mientras que para el Rímac se contaba con la Plazuela del Baratillo.

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Sin embargo, por ser el lugar más importante y neurálgico de Lima, la Plaza Mayor se convirtió en el lugar central para estos intercambios económicos, pero también en un espacio de consumo, pues aquí recalaban los limeños para departir, beber y comer, congeniando alrededor de una mesa todas las castas y clases sociales.

Pero esta actividad constante convirtió a la Plaza Mayor en un mercado informal en donde imperaba el caos y el desorden, acumulando además gran cantidad de basura. Ante este problema sanitario las autoridades municipales realizaban intervenciones para erradicar constantemente a los vendedores ambulantes y trasladarlos a la Plaza de la Inquisición, lugar propicio para ser un mercado.

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Plano de Lima de la época en que los mercados se ubicaban en plazas y patios.

El cronista Reginaldo Lizárraga, quien recorrió tanto el Perú, como Argentina y Chile, nos dice, respecto a Lima: “…la plaza es muy buena y cuadrada y tiene frentes cercados de arcos de ladrillos. Estos portales y arquerías adornan mucho la plaza, debajo de estos portales hay muchos oficiales de todo género que en la plaza se sufre haya”.

En la obra de Bernabé Cobo, Historia de la Fundación de Lima, se describe que el mercado principal de la ciudad se encontraba en la Plaza Mayor. Allí se instalaban los «cajones» o puestos de venta donde se ofrecían productos de consumo diario como carne, pan, frutas y verduras para el sustento de los habitantes.

Debemos tener en cuenta de que, además de los mercados, existían también los llamados rastros y las pescaderías. Los rastros venían a ser el lugar de matanza de las reses para su posterior venta, incluso hasta el día de hoy hay diversas calles que fueron designadas con ese nombre, como el “Rastro de San Francisco”, actual cuadra 2 del Jirón Ancash, calle donde se estableció el primer rastro o local de venta de carne, así como el primer matadero que luego sería mudado al barrio de San Lázaro.

Tiene la ciudad desde su fundación todo el sitio de la cuadra donde está edificada la carnicería mayor de esta ciudad y va al convento de San Francisco y a la vuelta” (Bromley, 2019).

En Lima existieron otros rastros más, tal como lo menciona Duran (1994), existía uno en la calle Amargura, mientras que otros estaban cerca de los Niños Huérfanos en Santa Catalina, la Barranca de San Francisco, Santa Ana y San Marcelo.

Para 1599 el Cabildo dispuso que se construyera un matadero y carnicería para Lima, pero al otro lado del rio, en San Lázaro. Se escogió esta zona por razones higiénicas pues el río serviría para limpiar toda su actividad y, a la vez, porque estaba fuera de la misma ciudad, este rastro fue el más grande (Duran 1994).

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Mercado de Lima en la Plaza Mayor en 1680

Sin embargo, aunque los llamados rastros no eran sitios higiénicos, se empezaron a poblar inmediatamente de viviendas y tiendas colindantes, incluso el Cabildo de Lima rápidamente notó aquello y lo consideró “una ventaja”, nombrando comisarios para los respectivos arbitrios municipales (Tomo XIV, junio de 1603).

Por otro lado, el pescado se vendía en diversas calles de Lima, hasta que en 1601 se nombró un lugar específico: la calle de la Pescadería (lado este del actual Palacio de Gobierno); sin embargo, dicha zona sufrió continuos cambios, pues se vendía pescado por otros lugares, tal como la misma plaza y sus inmediaciones. En el LCL Tomo XVII, se habla de construir pescaderías como estructuras dedicadas exclusivamente a esta actividad, pero tampoco se llegaron a edificar.

Pese a estas disposiciones —que se pueden consultar en los Libros de Cabildo de Lima, que muchos mencionan, pero pocos leen—, se entiende que la Plaza Mayor siempre fue una preocupación para las autoridades por mantenerla limpia y ocupada solamente para funciones gubernamentales. Al respecto mencionamos este documento inédito en donde se puede constatar la preocupación de las autoridades por mantener la plaza libre de comercio:

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“…queda en lo sucesivo destinada exclusivamente la Plaza Mayor de esta capital, para la parada, distribución de la tropa a sus respectivos puestos, revistas generales de comisario, ejercicios doctrinales y generalmente cuanto sea y concierna al servicio militar, lo previne a Vuestras Señorías, para que por su parte cuiden de que ninguna clase de vivanderos o vivanderas tome asiento y lugar en ella y sus portales, esquinas y calles que conduzcan a aquel destino.  Para que el público de esa extendida capital se beneficie al mismo tiempo, y por efecto de esa misma disposición logre toda la comodidad que le deseo y procuro, he resuelto también que los expresados vivanderos se coloquen en las plazuelas de Santa Ana, Universidad, San Francisco, San Agustín, San Marcelo y San Juan de Dios y distribuya el abasto de manera que en todas se encuentre de todo”.  Archivo Histórico de la Municipalidad de Lima.

Lima siguió creciendo, pero nunca contó un lugar destinado exclusivamente para ser mercado, pues este se identificaba con plazas y lugares públicos a donde acudían todos a comprar e intercambiar productos. Será recién para épocas republicanas que Lima tendrá un ambiente dedicado a ser mercado, con todas las medidas de higiene e incluso con un reglamento que ordenará y sancionará a los ciudadanos de aquella Lima del ochocientos.

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[1] Consideramos que los mercados conocidos como el Mercado de la Plaza de la Inquisición, así como el Mercado de Santo Tomás eran los mismos, pues sendas estructuras ocupaban una sola plaza y estaban separados por una cuadra de distancia.

Antonio Coello Rodríguez
Antonio Coello estudió Arqueología en la Universidad Nacional Mayor de san Marcos, donde obtuvo el título de licenciado en Arqueología; a la par estudió Historia, siendo egresado de la carrera. Ha realizado estudios de maestría en Historia en la misma UNMSM. Realizó y dirigió diversas excavaciones arqueológicas en diversos sitios virreinales de Lima, como en el Hospital Real de San Andrés de Lima, proyecto financiado por la National Geographic y que tenía como director al Dr. Brian Bauer, docente de la Universidad de Illinois, Chicago; en la Casa de la Columna, Convento de Santo Domingo, y diversas casas limeñas.

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