Un poco de bondad lo justifica todo
(Homenaje a Eliseo Diego)
Un poco de bondad lo significa todo
que no diera mi cuerpo por un poco
de bondad, cuando resuena el eco
atormentado del mar en las agujas vacías,
de un templo que ya está construido
por mis sueños, fabricante conocido
por sus torpeza y abandonos, en el seco arroyo, en el seco espanto.
Que no diera por un arroyo rojo
y un silbato verde, por ser y no,
la tonadilla.
El atardecer
Ladea hombro de anciano que dormita
oscuridad murmullo de raíz.
De la luna pelirroja
acompasa los cometas.
El cielo, cobarde de utopías
retarda los vórtices
de un lucero culpable, chapuceros brochazos.
La luna se retira y acordona zapatillas,
negro chal en el hombro, se compone un ritual
hinchada por las centellas la lluvia la enceguece.
Embriaga a la tarde.
Y se va distanciando del mediante
Si este no es el atardecer en engaste de la joya
pregúntale al joyero mayor:
si se llevó la aurora.
Alexandros
No merecía morir yo en el campo de batalla
entre mi sino y el destino como Aquiles,
y estas corruptas fiebres que me aniquilan,
cobardemente me destruyen:
¿a quién dejaré mi imperio?
¿Qué trae mi sangre que no redime la culpa terrible de hacer
como Cronos
con el hijo de los tiempos?
¿Por qué voy, distante de mi patria, tan pronto a partir?
hijo yo, de Zeus, como mi madre de Epiro.
¿Qué cobarde culpa expío?
Ya no podré a plena luz, sobre mi caballo
destronar más sátrapas.
Hoy hasta Darío me ha superado.
Mirad como muero, valientes de otras épocas,
como un anciano en su cama
rodeado de perros avarientos y de generales que me suceden.
Mirad, fíjense bien, y no crean
que en la gloria hay gloria posible. Conmigo se va mi
imperio, conmigo y con mis secretos, homicida de mi padre
homicida de mí mismo dirán todos que fui.
Y aquí, lejos de mi amada Macedonia, odiado y venerado,
como un dios de los mortales
mis últimos suspiros extiendo al áurea inmortal
que me levanta del lecho
para convertirme en el sepulturero de mi tiempo.
Yo que glorioso pasé por Dardanelos, que a la India
conquisté y hasta seduje a enemigos–
en cama, como un inútil devorador de imperios
voy a dejar a mi pueblo a merced de los ambiciosos
que atraje a mi servicio y que quizás sean los ejecutores
de la levedad de que me aquejo.
Yo, Alexandros
Los versos que escribí hoy
Los versos que escribí hoy
no volverán
a nacer, ya no.
Los versos que tengo escritos no son poemas
son otra cosa
son diferentes estrofas, rimas o pares
de alas que me han cortado
son lo que me ha quedado de lo que no devolví.
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Madelin Zeida. Escritora, poetisa, ensayista e investigadora con un poemario publicado en Italia y autora en la revista Meer magazine. Ha publicado en revistas académicas en Portugal y Colombia. Su obra ha sido presentada en Italia y Brasil en prensa escrita y televisión, ha participado en eventos literarios y académicos en Brasil, Argentina, Cuba, Portugal e Italia. Licenciada en Estudios Socioculturales (cum laudem), estudia dos maestrías en la Universidad de Buenos Aires Argentina, es clasicista y egiptóloga. Se encuentra preparando varios libros de poesía, narrativa y del periodo ptolemaico en Egipto. Es miembro del CEHAO de la UCA en Argentina, del Seminario de Historia, filosofía y sociología de la Antropología Mexicana, DEAS- INAH México, de la Red Iberoamericana de Estudios del Helenismo, entre otras.
