Escribe Gabriel Rimachi Sialer
Salman Rushdie aparece en la cámara ante un grupo de periodistas para conversar sobre su último libro, «La penúltima hora» (Random House), editado en Estados Unidos el pasado otoño y que ahora llega a las librerías en español. Lleva puestos unos anteojos donde uno de los cristales es negro, a manera de parche, tras el brutal ataque que sufrió el 22 de agosto de 2022, donde un hombre de 24 años llamado Hadi Matar, lo apuñaló en el rostro, el cuello y el abdomen. Producto de esto, el escritor británico-estadounidense de origen indio, entregó a los lectores «Cuchillo», su libro de memorias, que terminó mientras se realizaba un documental que acaba de ser estrenado en Sundance. Con él conversamos sobre literatura y política, sobre Borges y Trump, ahora que el mundo está tornándose, en sus palabras, cada vez más «oscuro».
El mundo está cambiando rápidamente; con los hechos ocurridos en Irán ¿Qué cree usted que pasará con los Ayatolas?
No soy bueno con las profecías, la verdad. Ya he tenido suficientes profetas en mi vida, no sé cuál habrá el asunto.
Después de todo lo vivido ¿siente que la literatura sigue siendo una forma eficaz de resistencia o es ante todo una forma de supervivencia?
Creo que pueden ser ambas cosas. Para mí la literatura siempre ha sido la mejor manera de responder al mundo en el que vivo. Las historias que he contado siempre han sido como pasos en esta vida o en el viaje. Y a medida que el mundo cambia, la escritura también cambia. ¿Que sea una herramienta buena de resistencia? A ver, hay una escritura que cumple esa función muy bien, por ejemplo, George Orwell y su escritura nos ha dado maneras de pensar en la opresión y en la tiranía y escribir puede hacer esto, nos puede dar maneras de pensar, no puede ignorar o no puede derrocar los regímenes con frecuencia, pero en los tiempos difíciles en los que vivimos como ahora, que lo hacemos, creo que es una manera de incrementar la comprensión de los lectores sobre lo que está sucediendo.
El libro termina con una frase: “Nuestras palabras nos fallan”. Para un hombre que ha hecho de las palabras única defensa y arma ¿es esa frase una rendición o el reconocimiento de que hay experiencias que ni siquiera la gran literatura puede abarcar?
A ver, creo que es una advertencia, creo que estamos viviendo un momento en que la sociedad está colapsando. Hablo especialmente de Estados Unidos. La profundidad de la división en este país es alarmante, parece que es como gritarle al vacío. Por un lado, realmente no puedes entender lo que el otro lado está diciendo y creo que en una sociedad que está tan dividida, el idioma es insuficiente para la comunicación y esto es algo peligroso para la sociedad.
En uno de los relatos de Oklahoma aparece Francisco de Goya como personaje, en concreto, en la etapa en que vivió en la quinta del sordo ¿De qué manera le ha inspirado Goya y el cuadro de Saturno devorando a sus hijos? ¿Siente usted que los jóvenes lo han decepcionado?
No, no tengo problema con los jóvenes, pero a veces he pensado en Goya como una inspiración y cuando estuve la última vez en Madrid pude visitar El Prado, estar delante de estas pinturas negras de Goya y estaba pensando en las circunstancias de Goya, en cómo vivía cuando hizo estas pinturas. Había salido de la corte, por ese cambio de atmósfera hacia algo más totalitario y creo que hay una manera en la que ese aspecto de los últimos momentos de Goya tiene cierta resonancia contemporánea porque se parece mucho al mundo en el que vivimos ahora, o por lo menos una versión de él, y entró de manera muy natural en la historia. Y en esa misma visita al prado también visité la sala de Bosch, y por supuesto tenemos al frente al “Jardín de las delicias”, que es una maravilla absoluta. Pero también había un cuadro muy pequeñito llamado “La extracción de la piedra de la locura” y eso tuvo un efecto muy profundo en mí porque no pensé en la locura como algo físico y que se pudiese sacar… Esa visita fue “mi historia española”.

Por qué volvió al relato corto al cuento cuando su perfil como escritor en los últimos años había sido de novelas largas y tramas profundas.
Bueno, los cuentos también pueden ser muy profundos. Algunas de las mejores historias del mundo son relativamente cortas. “La metamorfosis” de Kafka tiene muy pocas páginas. “La muerte en Venecia” de Thomas Mann tiene 60 páginas. De hecho, son algunos de los libros más profundos que se han escrito nunca. No he publicado ficción corta en mucho tiempo, y el libro previo que hice fue “Este oeste” hace muchísimos años. Quería volver a ese formato, quería probar de nuevo, pensé: oye tal vez haya algo interesante con esta longitud. Y encontré esta longitud de la novela corta que está muy bien, porque te da lo suficiente para ser serio, pero también lo suficientemente cortito para que sea bien leído, bien leíble, así que lo disfrute mucho. Espero volver ahora a las novelas.
¿Por qué le interesó explorar el tema de la mortalidad en este conjunto de relatos? ¿Cómo ha observado el avance de la política migratoria y expansionista de Donald Trump, si hay algo que le preocupe más de todo esto?
A ver, en lo último, pues todo el mundo está preocupado. Y habiendo dicho esto hay un momento muy oscuro en la vida pública estadounidense y como lo vemos con esta discusión de Groenlandia y Canadá, se está convirtiendo en un momento oscuro, no sólo para los Estados Unidos. Y en cuanto a por qué hable de la mortalidad, bueno, estoy a punto de cumplir 79 años y eso es ya una razón. Y cuando era más joven escribía sobre personas jóvenes, ahora que soy mayor escribo sobre personas mayores, lo cual es bastante común. Pero en lo que estaba interesado especialmente es en esa idea de cómo los artistas responden hacia el final, hablo de personas de distintas artes, por ejemplo, cuando tenemos al último o al final de Rembrandt, comparado con el Rembrandt joven, cómo el arte progresa y dónde termina ese arte. Picasso, el estilo final de Picasso, se consideró inferior a su estilo de los inicios, pero creo que ahora con el paso del tiempo vemos que este estilo final de Picasso es sumamente importante porque tiene una fluidez y tiene una dominancia del estilo que sale de toda una vida de práctica. Creo que la reputación de su trabajo final cada vez es mayor y más importante en los tiempos recientes. Entonces, en cuanto a esa pregunta, ¿cómo se responde a ese acto final? ¿Cómo lo abordas? Se dice que puedes responder o con serenidad o con ira, pero yo no creo que tenga que ser una u otra. Creo que pueden ser ambas. Creo que el martes puedes estar muy molesot y el jueves pues muy feliz. La complejidad, los seres humanos, cómo abordan este acto final de la vida, pues es interesante.
En Estados Unidos comenzaron a prohibir libros de algunos escritores como Cien años de soledad de García Márquez, entre otros. ¿Qué le dice esto de nuestro tiempo y la persecución a la imaginación?
Creo que el crecimiento de la censura en los Estados Unidos es un problema muy grande. En primer lugar es un crimen contra la primera enmienda lo cual va contra la libertad de expresión y después la manera en que esto se lleva a cabo en las bibliotecas, en las escuelas, es totalmente aleatorio. Hay escuelas en las que si un padre se queja de que un libro está en la biblioteca, pues de repente se quita y entra en un proceso de si se deberían permitir el retorno o no de ese libro y esto no solo pasa en algunos libros, son libros sumamente importantes. Has mencionado hace “Cien años de soledad” pero también pasa con “Huckleberry Finn” o “Matar a un ruiseñor”, son libros que las personas jóvenes deberían estar leyendo. El hacer que se retire del alcance de personas jóvenes es algo terrible. Ha habido una serie de juicios después de esto que ha hecho que se retire esa censura, pero aún así tenemos muchos casos y tenemos que luchar contra ello. Los resultados de momento han sido bastante positivos pero si tienes que luchar cien casos, tienes que abordar cien censuras distintas, pues creo que es muy importante el caso para los defensores de la libertad de expresión. La libertad de expresión a día de hoy se supone que es un derecho constitucional, está en la Constitución. Entonces estas prohibiciones sencillamente van contra lo constitucional.
¿Qué le hizo regresar al universo de Los hijos de la medianoche?
A veces, cuando empiezo a trabajar en una historia, es muy importante para mí saber dónde sucede. Esa pregunta del dónde siempre ha estado en el centro de mi curso literario hasta que sé exactamente dónde, exactamente cuándo se va a situar esta historia y puedo empezar a trabajar en ella. Y en este caso quería escribir sobre el poder del arte representado en esta historia a través de la música. El poder de la música para poder inspirar y cambiar el mundo. También quería hacer una sátira de los súper ricos de la India, lo cual es bastante fácil de satirizar. Sigue siendo divertido el hacerlo. Y hay distintas cosas en mi cabeza, pero la manera en que se conforma, pensé, bueno, tal vez me puedo situar en este lugar en el que soy, en el que más conozco, que es el vecindario en el que yo crecí. Y entonces es un poco volver al mundo de los hijos de la medianoche, pero en otra época, otro momento. O sea, es lo mismo, pero distinto. Y creo que esta combinación de lo familiar, pero también de lo nuevo, es lo que me hizo sentirme atraído hacia esta localización. Y pensé, bueno, pues es una historia más que me quedaba por contar, ¿no? A veces los escritores vuelven a los antiguos escenarios de su trabajo. Y empecé a trabajar con esta pregunta de la naturaleza milagrosa del arte y la naturaleza ridícula sobre los ricos y al final sigue siendo más o menos lo mismo, o sea, vuelvo a las mismas preguntas del principio y funciona para mí porque mucho de ello tiene lugar en este entorno sumamente familiar.

Sus personajes parecen preguntarse constantemente cuándo resistir y cuándo soltar. ¿Cree que la literatura puede enseñar a despedirse mejor de los lugares, de las personas, incluso de uno mismo?
No lo sé… No sé. Tengo dudas sobre el uso de la literatura o la utilidad. Algunos lectores encuentran elementos de conexión… Lo que sucede a veces con el arte es que la gente que lo consume o que lo ve encuentra ciertos puntos de conexión con el material. Se ven a ellos mismos en las historias, ecos de sus propias experiencias en las historias que leen y cuanto más lo hace la literatura, mejor funciona. Entonces, eso es lo que deseas: construir pequeños mundos para que los lectores vivan ahí. Y, en primer lugar, bueno, tienen que disfrutar de estar en esos mundos. El disfrute es importante. Si disfrutas estar en un mundo ficticio, pues te puede inspirar, te puede desafiar, te puede hacer reír, te puede hacer llorar, puede aportar a tu experiencia como ser humano a través de la experiencia del artista y sus creaciones ficticias. Si la literatura tiene un uso y una utilidad puede ser eso: en la comprensión de la naturaleza humana.
Escritores como Philip Roth anunciaron que dejaban la escritura en ese acto final del que ha hablado. ¿Usted lo ha pensado alguna vez? Parece que está en racha publicando con frecuencia.
Los últimos libros publicados de Philip siempre eran como del final de los últimos años, y de repente decidió parar, lo cual a mí me sorprendió bastante, porque Philip Roth era un escritor súper disciplinado, trabajaba todos los días como si fuera un trabajo de oficina, y claro, yo recuerdo pensar, ¿y ahora qué va a hacer con tanto tiempo libre? Y ahora tiene un montón de tiempo extra, entre manos, pero se le vio sumamente feliz con esta jubilación. Yo no tengo ningún plan de retirarme, de jubilarme. Yo vi que mi amigo Julian Barnes anunció que esta nueva novela va a ser la última novela y me parece súper triste escuchar esto porque es un escritor maravilloso, sumamente bello y la verdad es que espero que cambie de opinión. Es el privilegio del artista, puedes anunciar que nunca más vas a hacer algo y de repente lo haces al día siguiente.
¿Al escribir el relato final pensaba en personas reales como Foster o Turing?
Sí. Estaba pensando en ambos. La razón sencilla es porque ambos fueron alumnos de la misma escuela a la que yo fui. Dos de las mayores figuras de ese King´s College de Cambridge. Y yo nunca conocí a Alan Turing, pero sí que conocí a Ian Foster un par de veces, porque cuando yo fui a esa escuela él estaba en residencia. Teníamos más o menos edades similares, pero tuvimos una serie de reuniones, excursiones, y fue sumamente amistoso, era súper abierto a hablar con los estudiantes. Cuando vio que yo tenía cierto trasfondo de la India, pues lo hizo mucho más interesante para él, porque la India era muy importante para él en su vida y en su trabajo. La historia empezó como una especie de tributo como homenaje a estos dos hombres increíbles. No esperaba que fuese una historia de fantasmas. Inicialmente yo pensaba que la historia era sobre la relación entre estos, digamos esta amistad no probable entre el muy mayor y el muy joven. Pero cuando empecé a escribir, de repente me encontré con que se morían en la primera frase. Y me pregunté a mí mismo, pero ¿qué acabo de hacer? O sea, ¿acabo de matar al protagonista en el primer párrafo? Y luego pensé, bueno, pues está muerto, nunca he escrito una historia de fantasmas, así que tal vez es mi momento de hacerlo. Así que acabo siendo una historia de fantasmas porque esa frase me sorprendió mientras la escribía.
En Oklahoma se plantea la pregunta de para quién escribe uno. ¿Para quién escribe Salman Rushdie, en quién piensa cuando escribe? De no ser escritor, ¿a qué se habría dedicado?
Si no hubiese sido un escritor, hubiese sido un actor. Supongo, maravilloso, que eso es lo que me hubiese encantado ser, pero creo que tomé la decisión correcta de no serlo. Me interesa mucho saber cómo lee la gente y a medida que he ido avanzando en la vida, cada vez me interesa más la manera en la que los lectores se acercan a un texto y cómo lo abordan, y cómo se hace ese trayecto a través del texto más alegre y que sea más fácil de disfrutar. Entonces pienso en los lectores, pero no sé quiénes son, porque si tienes suerte, la suerte suficiente de que tu libro sea leído en muchos idiomas, en muchos sitios, por muchas personas, no hay algo como pensar en el lector, porque hay muchos tipos de lectores distintos. Entonces, pienso en sobre cuál es la experiencia de lectura. Qué tenemos todos como lectores en común y cómo funciona el trabajo de un escritor de cierta manera para que esa escritura sea una experiencia placentera. Entonces, en ese sentido, sí, pienso en los lectores. Y en Oklahoma me interesa mucho la idea de la historia inacabada.
Bueno, más de una de las novelas de Kafka se quedaron sin terminar. Esta primera novela, que a día de hoy se ha titulado como América —que no es el título que él le dio—, y también una de sus mejores obras, El castillo, de hacia el final de su obra también la dejó sin acabar. Y esto me hace pensar que nosotros, de cierta manera, todos somos historias inacabadas. Toda nuestra historia en el mundo está inacabada porque seguimos, continuamos. Oklahoma es una historia inacabada porque empecé a pensar que eso es la metáfora perfecta para la vida humana. Todos estamos inacabados hasta que acabamos y entonces ya no sabemos.
Escribe estos relatos desde la conciencia de la vulnerabilidad o desde la convicción de que la imaginación es lo único verdaderamente inmortal.
Creo en la inmortalidad, creo que los escritores todos la buscan, todos esperan que su trabajo viva para siempre y en algunos casos lo hacen y en muchos no. Pero los escritores son muy buenos en desear que eso suceda. Creo que los escritores, como yo, escribimos para la posteridad, no solo para el lector inmediato, también para el futuro. Y esperas que la gente quiera leer tus libros muchos años después de que tú mismo ya no estés aquí y de que seguirán encontrando valor en estas historias. Cuando pienso en los lectores pienso en los que aún no han nacido, espero que lleguen y se acerquen a mi trabajo.
Usted ha vivido en tres lugares diferentes y ha asimilado tres culturas diferentes, ¿cómo termina esto transformando su identidad? y, así mismo, ¿cómo se transforma su posición de lo que significa “hogar”?
Bueno, la idea de ahogar es importante en mi trabajo. Creo que cualquiera que lo lea, lo verá. Si en tu vida has viajado por el mundo, la idea de hogar se convierte en algo complicado. No es singular, sino plural. Puedes tener raíces en más de un solo sitio. Creo que en esta época muchísima gente que viaja por todas partes. Muchas personas acaban en sitios en los cuales no empezaron. Y esto es ese sentido de la idea plural del hogar. No creo que sea algo muy complejo. La india es súper grande. Mi hogar es Bombay, pero ni siquiera la ciudad de Bombay entera, sino solo algunos vecindarios. Yo todavía siento ahí cierta idea de hogar. También viví mucho tiempo en Inglaterra, en Londres, y cuando voy ahí también tengo esta sensación de hogar, porque tengo amigos antiguos, tengo algunos miembros de mi familia, y ahora también en Estados Unidos, vivo más de un cuarto de siglo aquí. Tengo esa sensación de hogar en tres sitios distintos. Creo que no es tan poco corriente, porque estamos en la época del movimiento y de migración, nos da a muchas personas esa sensación de, bueno, perdemos un hogar, pero encontramos otro. El sentido de hogar cambia y esto se relaciona mucho con la identidad. La identidad está muy relacionada con la idea de las raíces y si estás enraizado en muchos sitios tienes una identidad múltiple y me gusta eso.
Una de las cosas que a mí me sorprende cuando voy a la India es que después de un par de días, el idioma en el que sueño cambia. Ya no sueño en inglés, y luego sueño en hindi y en urdu. Y siento que es como mi hogar entrando en mi subconsciente. Mi subconsciente se ha movido del mundo nuevo al mundo antiguo. Es algo muy bonito. Y creo que ese sentido de tener un yo plural es algo muy bonito. Me gusta.
Cómo fue la experiencia de escribir mientras Alex Gibney lo filmaba para su documental que ahora mismo está viendo la luz.
Se hizo más o menos en paralelo con mis memorias “Cuchillo”. Cuando empecé a hablar con Alex Gibney, no había terminado estas memorias, no había terminado el libro “Cuchillo”. Entonces, lo escribí mientras se planificaba el documental y ambas cosas como que se retroalimentaron. Hay ideas que entraron en discusión con Alex, que encontraron su caminito hacia el libro y hay cosas del libro que encontraron su vía de entrar en el documental. Entonces, ambos proyectos se relacionaron mucho, ¿no?, como si fueran hermanos.
Acaba de salir la premiere del documental y me ha encantado la manera en la que ha sido acogido en el Sundance Festival. Y ahora estamos avanzando en negociaciones con distribuidores. Bueno, va a pasar un tiempo hasta que se distribuya a gran escala, pero creo que algunas partes de estas memorias son algo chocantes, por ejemplo cuando se visionó el documental hubo momentos que ya veréis, donde tenemos al público emitiendo gritos ahogados, estaban sintiendo terror, o sea, es una especie de historia de terror que se convierte en una historia de amor —que también así son las memorias—, lo podemos describir de la misma manera.

¿Qué autores españoles lee?
Bueno, se sabe que me encantan los latinoamericanos. García Márquez, por supuesto. A ver, he tenido suerte en mi vida de encontrarme y conocer algunas de las figuras más maravillosas, como Carlos Fuentes, también fui amigo de Mario Vargas Llosa. Soy muy leído en la literatura de Latinoamérica, más que en la literatura española. Elena Poniatowska es una escritora que me gusta mucho. Y bueno, no sé. Tengo una lista enorme de escritores que podía mencionar.
Borges tenía una relación de los cuentos que a él le habían fascinado y, en ese sentido querría saber han sido sus cuentos favoritos.
Oh, sí, Funes el memorioso, El jardín de senderos que se bifurcan, hay muchos. Cuando era estudiante en la universidad encontré en Cambridge, en una librería, la primera traducción de Ficciones, y había un señor de aspecto muy raro en la portada. Recuerdo que estaba tan imbuido por las historias que había, que el dueño vino y me dijo ¿Lo vas a comprar o no? Y lo compré y lo leí muchísimas veces y creo que, de esta colección de cuentos míos, Oklahoma es la más borgesiana. Es la historia más extraña y esto me hizo pensar en Borges mientras escribía, es una historia sobre historias, es una historia sobre el arte, es una historia sobre muchas cosas que entran en el trabajo de Borges, entonces sí, tiene cierto aspecto borgesiano y me encanta que se me haga esta pregunta.
Gran parte de lo que ha dicho muestra cómo parte del mundo ataca los valores de la ilustración. ¿Por qué cree que se intensifica esto? Y retomando la última frase del libro, nuestras palabras nos fallan, ¿con qué palabra o concepto definiría o describiría este momento del siglo XXI?
Bueno, esta parte del siglo creo que diría oscuro. Pero cuando era más joven, en los sesenta, los setenta, había como más optimismo, parecía que había como más esperanza. Y es triste que la rueda esté girando hacia esta dirección. Una de las cosas, habiendo vivido muchas veces, es que ves que la sociedad atraviesa muchas cosas. Y te das cuenta de que nada es permanente. Si las cosas han cambiado a mal, también van a cambiar para mí. Y esto es cierto optimismo que creo que hace falta tener para poder lidiar con lo oscuro del momento presente.
Qué le parece el uso de la muerte a lo largo de la historia por parte de las diferentes culturas y religiones.
Bueno, después de haber visitado México y descubrir a los Aztecas, uno piensa en el uso maravilloso del sacrificio humano, no digamos que sea lo más maravilloso de la civilización azteca, pero llegó a la creación de una cultura y una escultura maravillosas. O sea, puedes amar la cultura pero odiar el motivo por el cual hacían las cosas que hacían. Pero creo que el tema de la muerte está relacionado con el tema del más allá o la vida de después. Hay muchas sociedades que han abordado mucho el qué hay después de la vida de distintas maneras. Yo realmente no creo que haya un más allá, pero creo que es una ficción sumamente útil y por eso he escrito una historia sobre fantasmas.
Esto es como una historia de fantasmas sobre un hombre que no cree en los fantasmas. Esta contradicción muchas veces es sumamente útil en el lado creativo. Por ejemplo, Walt Whitman decía que me contradigo súper bien, me contradigo siempre. Creo que eso es un poco la naturaleza del arte: no es sencillo, es difícil y muchas veces contradictorio.
