Escribe Magnolia Vásquez Ortiz
Cuando uno lee o escucha que se aproxima una feria del libro o de la lectura, las primeras imágenes o pensamientos que asociamos al evento son las de una fila de stand con editoriales vendiendo un sin número de libros; escritores presentando su primera o última obra; y en ocasiones también nos llegan las reminiscencias de encuentros, lecturas de obras, actividades o talleres relacionados con otras artes. Rara vez nos llega la idea o la imagen de que la feria del libro, la que sea, es también, y sobre todo, un punto de encuentro: con una obra en particular; con un escritor o escritora hasta ese día desconocido; con un taller que puede cambiar un destino trazado; con un o una desconocida que en breves momentos pueden convertirse en tu amiga o amigo entrañable; con un lector o lectora que puede dar un giro a tu estilo o tema abordado: encuentro con las palabras del otro, de la otra, de los otros, de las otras a través de la escritura, de la comunicación oral, incluso, encuentros en silencio. Sí, las ferias del libro o de la lectura, además de ser en esencia promotoras de la lectura y la escritura, provocan el encuentro.

Yo he participado de varias maneras, principalmente como espectadora y lectora en diversas ferias del libro, pero en estos dos últimos años (2024-2025) he tenido la fortuna de coincidir con dos personas valiosas que además de ser promotoras permanentes de la lectura, uno de ellos escritor, se han convertido en amigos y cómplices del ejercicio de mi escritura. El primero de ellos, Gabriel Rimachi Sialer, escritor y periodista de Perú, autor de la novela La casa del viento y de libros de cuentos como El cazador de dinosaurios, Historias extraordinarias y el más reciente, Todos los muertos de mi felicidad; tuve el placer de conocerlo en la Feria Internacional del Libro de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco (FILUJAT, 2024) escuchándolo leer uno de sus cuentos que me atrapó desde el inicio: “Ciudad solitaria”, cuento por el cual me he convertido en uno más de sus lectores, no solo por su estilo sino por los temas abordados en ellos como la sexualidad y la discriminación social. Gabriel, además de ser un excelente narrador, es editor de la revista digital Círculo de Lectores de Perú, con gran presencia en Hispanoamérica, revista que a partir de mi encuentro con él se ha convertido en un espacio donde me siento en casa por su siempre generosa apertura hacia mi escritura.

A José Adrián Cantellano Castillo, más conocido como Pepe Cantellano, lo conocí a través de mi amiga Citlalli García Bernal, fan destacada de su programa Noche de Lectura con Pepe Cantellano, programa de alcance internacional en el que Pepe me brindó su tiempo y espacio para una entrevista a finales del 2024 y que generó un vínculo que se estrechó en este 2025 al participar como escritora invitada en la Segunda Edición de la Feria Internacional de la Lectura Misantla, Veracruz (FILEMI), llevada a cabo del 18 al 21 de diciembre del presente año. Esta grata participación me hizo partícipe de múltiples encuentros: con la belleza del paisaje de Misantla; con su riqueza gastronómica; con la hospitalidad de su gente, empezando con Pepe y su familia; con escritores y escritoras de temas y estilos diversos; con mi exalumna Alma Miranda Alamilla, quien impartió un taller de poesía al cuál asistí; con una mamá, Ana Valderrama -también activista y artesana- e hijo cuenta cuentos, Jonás Valderrama, que iluminaron el escenario en el tercer día de la FILEMI; con muchos otros y otras participantes que hicieron de la FILEMI toda una fiesta de la literatura, del arte; y un encuentro que me hermanó y tejió vínculos fraternos no solo con Pepe y su familia, incluyendo su madre y sus tíos; también con lectoras y promotoras de la lectura como Graciela Callejas y Silvia Martínez.
Estos dos encuentros en una feria de libro o de la lectura con Gabriel y Pepe, sin embargo, no solo trajeron consigo el valioso lazo de la amistad que hoy me une a ellos, pues además ambos son puente de mi escritura con nuevos lectores y ambos han fungido como una especie de padrinos literarios al impulsarme como escritora ante los otros. Por ello, no quiero despedir este año 2025 sin expresarles mi gratitud permanente. Soy afortunada por conocerles queridos Pepe Cantellano Castillo y Gabriel Rimachi Sialer: les abrazo y que tengan un venturoso 2026.
Magnolia Vázquez Ortiz, diciembre 2025
