Círculo de Lectores
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Cesarismo democrático

Necesidad del orden: vigencia y paradojas del «Cesarismo democrático»

"Cesarismo democrático o el gendarme necesario" constituye la obra más influyente y polémica del pensador venezolano Laureano Vallenilla Lanz.

Publicado

3 Ene, 2026

Escribe Paolo de Lima

Publicado originalmente en 1919, Cesarismo democrático o el gendarme necesario constituye la obra más influyente y polémica del pensador venezolano Laureano Vallenilla Lanz (Anzoátegui, 1870 – París, 1936). La reciente edición este 2025 de La Carraca Editorial, en Lima, devuelve al debate contemporáneo un texto clave para comprender las tensiones históricas entre autoritarismo, democracia y formación del Estado en América Latina. Más que un tratado político circunstancial, el libro propone una interpretación estructural de la historia venezolana –y, por extensión, latinoamericana– que sigue interpelando por su lucidez y sus zonas problemáticas.

Vallenilla parte de un diagnóstico contundente: las jóvenes repúblicas hispanoamericanas heredaron de la colonia una estructura social fragmentada, carente de cohesión institucional y de una ciudadanía políticamente madura. En ese contexto, la democracia liberal –importada como modelo abstracto– no solo resultaría inoperante sino incluso destructiva. Frente a la anarquía, el caudillismo disperso y la violencia recurrente, el autor postula la necesidad histórica de un “gendarme necesario”, una figura de autoridad fuerte capaz de imponer orden y garantizar la integración nacional. A este fenómeno lo denomina, siguiendo una tradición europea del siglo XIX, “cesarismo democrático”, en alusión a Julio César y, posteriormente, a Napoleón Bonaparte y Napoleón III, líderes que concentraron el poder político apoyándose en el respaldo popular y en mecanismos de legitimación plebiscitaria. El término remite así a una forma de gobierno en la que un liderazgo sólido emerge como respuesta al desorden social, combinando autoridad personal y apelación directa a las masas.

La originalidad –y la controversia– de la tesis reside en su intento de conciliar autoritarismo y voluntad popular. Para Vallenilla, el cesarismo no es una negación de la democracia sino su condición previa en sociedades donde aún no se han consolidado las bases sociales, económicas y culturales del orden republicano. El líder carismático, respaldado por el consenso tácito de las masas, aparece como un producto histórico antes que como una anomalía política. En este sentido, la figura del caudillo deja de ser leída como simple desviación personalista y se convierte en síntoma estructural de una sociedad en proceso de formación.

Elias Pino Iturrieta. Laureano V. Lanz. Creado hacia 1920 cesarismo
Laureano Vallenilla Lanz

El libro se apoya en un sólido andamiaje teórico de raíz positivista, nutrido por la sociología, la psicología social y la historia comparada. Vallenilla dialoga con autores franceses como Auguste Comte (filósofo y fundador del positivismo), Hippolyte Taine (historiador y crítico literario), Gustave Le Bon (médico y psicólogo social) y Émile Durkheim (uno de los fundadores de la sociología moderna), así como con la tradición del pensamiento político europeo sobre el cesarismo, particularmente aquella desarrollada en Francia durante el Segundo Imperio (1852–1870). Lejos de una aplicación mecánica de teorías importadas, su propuesta se caracteriza por una lectura situada de la realidad venezolana, donde el análisis histórico busca explicar –no justificar moralmente– los ciclos de violencia y centralización del poder.

Esta dimensión interpretativa no puede desligarse del contexto político e intelectual del autor. Vallenilla alcanzó un lugar prominente en las primeras décadas del siglo XX como ideólogo y apologista del régimen de Juan Vicente Gómez (1908–1935), al mismo tiempo que fue reconocido como uno de los pensadores e historiadores más originales y controversiales de su tiempo. Cesarismo democrático encarna así una tensión constitutiva: por un lado, ofrece un análisis agudo de las estructuras sociales latinoamericanas y de los límites de la democracia liberal; por otro, funciona como una elaboración teórica que contribuyó a legitimar el gomecismo, entendido como una dictadura prolongada basada en la concentración del poder político, la represión y el control autoritario del Estado.

Uno de los méritos centrales del libro es su crítica a la historiografía romántica y heroica. Vallenilla cuestiona la exaltación épica de la Independencia y de los próceres, señalando que esa narrativa ha ocultado las continuidades autoritarias y las fallas estructurales del orden republicano. La historia, para él, debe ser entendida como ciencia social, atenta a las fuerzas colectivas, a las mentalidades y a los condicionamientos materiales, antes que como relato edificante de grandes individuos.

No obstante, es precisamente en este punto donde el texto revela sus límites. La naturalización del autoritarismo como etapa “necesaria” ha sido leída, con razón, como una legitimación intelectual de regímenes fuertes y personalistas. Desde una perspectiva contemporánea, el riesgo del argumento radica en convertir una explicación histórica en una prescripción política, desplazando la pregunta por la democratización efectiva hacia un horizonte siempre postergado.

Leído hoy, Cesarismo democrático conserva una inquietante actualidad. En un continente donde resurgen liderazgos carismáticos, discursos antiparlamentarios y promesas de orden frente al caos, la obra de Vallenilla funciona como un espejo incómodo: obliga a pensar hasta qué punto las crisis institucionales siguen alimentando la expectativa de una autoridad capaz de reorganizar lo social desde una instancia centralizada. Bajo esta lógica subyace una concepción de la política como momento excepcional, en el que la suspensión de las mediaciones formales aparece justificada por la urgencia histórica. Más que ofrecer respuestas cerradas, el libro deja planteada una pregunta persistente: ¿cómo construir democracia en sociedades atravesadas por la desigualdad estructural, la fragmentación social y la desconfianza en las instituciones representativas?

En este sentido, esta nueva edición no solo recupera un clásico del pensamiento político latinoamericano, sino que invita a releerlo críticamente desde sus tensiones internas. En Cesarismo democrático conviven, de manera no siempre explícita, la sospecha frente al liberalismo formal y la idea de una conducción fuerte como fase transitoria de reorganización colectiva, lo que remite a una matriz política donde la historia avanza por rupturas, disciplinamientos y momentos de centralización del poder. En esa ambigüedad –entre orden necesario y promesa de emancipación futura– radica tanto su poder explicativo como su riesgo ideológico. Por ello, el libro sigue siendo imprescindible para comprender las raíces históricas de nuestras paradojas políticas y los dilemas no resueltos entre orden, poder y democracia.

Paolo De Lima
Paolo de Lima es doctor en Literatura por la Universidad de Ottawa (Canadá), editor de los volúmenes Lo real es horrenda fábula (2019) y Golpe, furia, Perú. Poesía y nación (2021). Es autor de los estudios La Última Cena: 25 años después. Materiales para la historia de la poesía peruana (2012) y Poesía y guerra interna en el Perú (1980-1992) (New York, 2003). Ha publicado también el dossier Perú: los poemas del hambre (Puebla, 2018). Es, a su vez, autor de los poemarios Cansancio (1995 y 1998), Mundo arcano (2002), Silenciosa algarabía (2009), reunidos en Al vaivén fluctuante del verso (2012), Soliloquios (2022) y Ottawa (2022).

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